5/30/2020
5/19/2020
Jean-Luc Godard, "On s'est tous defilés" (1988), para Marithé & François Girbaud
Este encargo a Godard por parte de marca de ropa Marithé & François Girbaud comienza con la siguiente cita transformada de Mallarmé: "Un coup de dé filé abolit toujours le hasard", (un golpe de desfile anula siempre el azar). A continuación, en medio de un soliloquio, Godard yuxtapone imágenes de moda, con gente en la calle y con iconos de la historia del arte, incentivando la interpretación en el espectador de esa yuxtaposición.
Se trata de una incursión personal en la moda, él que siempre se fijó en ella y la introdujo en sus películas de un modo significativo.
Es el Godard del estilo, siempre hurgando en los aspectos invisibles debajo de la superficie donde se aloja la ideología.
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4/26/2020
Nota sobre "El topo", (2011) Tomas Alfredson
Nota: En su texto sobre la adaptación al cine de la novela de John le Carré, Tinker, Tailor, Soldier, Spy por Tomas Alfredson en 2011, Mark Fisher la compara con la serie de televisión de la BBC de 1979. Fisher encuentra la nueva adaptación carente de profundidad, mientras que el nuevo Smiley, Gary Oldman, no es Alec Guinness. Al margen de la comparativa y el trabajo de la melancolía, El topo (título en español) es un ejemplo de cine comercial que no renuncia a la complejidad. La escena central del filme, la que concentra la esencia de la trama y se erige en un condensador de energía, la fiesta de fin de año en The Circus, está troceada en tres partes. Merece la pena contemplarla ahora seguido, y disfrutarla una vez más, como una de las mejores secuencias del cine de la última década.
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4/11/2020
Chris Marker, "Junkopia" (1981)
En este cortometraje bastante inédito de Marker aparecen algunos de sus rasgos como el extrañamiento y la contracultura. Filmado en San Francisco en el tiempo que rodó en los lugares de Vertigo de Hitchcock para Sans Soleil, este breve film se detiene en formas de creatividad a partir de desechos, troncos de árbol y otros detritus arrastrados por el mar, en composiciones de civilización contracultural y hippie que recuerda a algún intento fallido de sociedad salido de una novela de J.G. Ballard. Especial atención a la banda sonora.
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4/08/2020
Iniciar el movimiento. Sobre la exposición de Steve Paxton, gurú improvisado de la danza
La documentación visual de lo inmaterial, típico del arte experimental de los años sesenta y setenta, se presenta de ese modo sin la fetichización de “obra”. Lo que encontramos aquí son grabaciones, documentos. Así como muchos sistemas corporales, técnicas y terapias de conexión mente-cuerpo, fueron acuñados desde los setenta, Paxton rechazó mercantilizar la “improvisación de contacto”, su contribución principal a la danza y al movimiento del cuerpo, dejándola como una praxis que crece ingobernable y en comunidad por el mundo. Fue a partir de piezas como Magnesium y Contact Improvisation (1972), que se dio a conocer esta forma de improvisación inspirada en artes marciales como el Aikido, y en la que dos personas permanecen unidas moviéndose al unísono en una dialéctica de pesos y contrapesos, cuerpos entrelazados que se sostienen y se levantan. En el ejercicio, se abandona el uno, el yo, lo individual, para unirse a un otro, convirtiéndose en un dos. Piel con piel, lo que importa es el “entre” dos cuerpos. Mientras su figura sigue inspirando a miles de practicantes, su legado es decisivo para el arte contemporáneo. Paxton comenzó temprano en la compañía de Merce Cunningham, en 1958, para a continuación comenzar lo que poco después llegaría a ser la Judson Dance Theather junto con Lucinda Childs, Trisha Brown e Yvonne Rainer, quien dijo de él que “parecía como un saltimbanqui que acaba de saltar fuera de una pintura de Picasso”. Colaboró tempranamente con Cage y Rauschenberg, y su obra ha de leerse en paralelo a la de Vito Acconci, Bruce Nauman y Richard Serra.
Paxton
habla desde una atalaya zen, fascinante y seductor. Ejercita una filosofía de
la vida cuya radicalidad le convierte en emblema e inspiración. Una forma de vida
y un cuerpo que camina. Gestos cotidianos como sentarse, permanecer de pie,
sonreír y andar, sirven a la pregunta: “¿Qué hace mi cuerpo cuando no soy
consciente de él?” La gravedad, la desorientación, la inercia, lo táctil. Hay
en la filosofía de Paxton una licencia para diferir, distinguirse, improvisar.
Una anarquía y un espíritu libertario en la desinstitucionalización de la danza
y el cuestionamiento de la autoridad; un planteamiento de la cultura muscular
del deporte; una crítica a la militarización de las compañías de danza y el
ballet; una normalización de la indumentaria del bailarín y más.
Si
bien los museos y las instituciones del arte hace tiempo se convirtieron en
espacios interactivos donde tumbarse, jugar e incluso echar la siesta, en esta
ocasión la exposición funciona no solo como espacio para sesiones Jam de improvisación, sino como divulgación
de un estilo de vida y una ética corporal.
Lo que artistas como Steve Paxton realizan es principalmente conceder permisos:
permisos para inventar de nuevo, para reestructurar el sentido de la danza por
completo. Como él lo hacía en su improvisación con música de Bach
(grabación de Glenn Gould al piano de Las
Variaciones Goldberg). Y todo esto sin hablar del Giro coreográfico en el arte contemporáneo actual.
* Steve
Paxton, Drafting Interior Techniques,
Azkuna Zentroa, Bilbao, hasta el 10 de mayo
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4/02/2020
"R de radio", Xabier Salaberria en galería Carreras Múgica, Bilbao
Las curvas de las carreteras comenzaban a diseñarse cuando en al arte el lenguaje de la abstracción hacía suyo lo curvilíneo. Las aparentemente aleatorias curvas en el arte neoconcreto brasileño, por ejemplo en Lygia Pape, indican modulaciones y fluctuaciones, compensaciones, ritmos orgánicos entre lo abierto y lo cerrado que surgen del alargamiento melódico de la línea.
Antes de la programación numérica, al artesano se le planteaba un reto técnico cuando a la curva se le añadía un material como el cristal. Material moderno por antonomasia, el cristal delimita siempre; los cristales en el interior de los buses públicos adoptan formas que lejos de ser casuales informan de los usos y separaciones de los cuerpos en el espacio; barreras físicas, fronteras visuales, tramas, que delimitan la mirada y los bordes entre dentro y afuera. Otras pantallas de cristal, estas táctiles, conectan el mundo físico con lo “virtual”. Paradójicamente, cuando se craquelan en forma de tela de araña corporizan su propia función de red.
Esta exposición de Xabier Salaberria habla de todo esto sin hacerlo explícito, sin referenciarlo. Convergen aquí las cualidades de su hacer por las que se le conoce: la escultura, el diseño, el display, las técnicas artesanas… amalgamado todo ello en formas y siluetas silentes que expresan un contenido alojado en las formas mismas. Difuminando la separación que en la obra de arte divide el contenido (lo que está dentro del marco) del contenedor (el enmarcado mismo, el marco y la protección transparente con la que protegemos el arte), estas obras hacen de la transparencia del cristal tema y materia a la vez. Se plantea aquí un juego, una relación, una resistencia entre el material y su herramienta. La mano (la herramienta) quiere someter el material y su caprichosa fragilidad. Docilidad y resistencia son dos atributos de todo trabajo manual.
Pero además, las piezas aquí presentes nos reenvían a un paisaje aun
presente en la periferia urbana: el de la decadencia industrial que anuncia el
actual orden posindustrial en esos edificios abandonados con sus “láminas” (por
su endeble delgadez) de cristal hechas añicos que dejan entrever formas
arbitrarias a la imaginación. Esas fábricas que se resisten a dejar de existir
porque su desaparición testifica el final de un periodo mítico, la modernidad.
Más que una reverencia a las virtudes del transparente muro cortina
pregonada por la Bauhaus y sus acólitos, el cristal es en esta exposición de
Salaberria sinónimo de disrupción, protesta. Un material sensible, difícil. El
objetivo de un acto vandálico o, la simple y llana canalización libidinal de la
rabia. Más allá de asociaciones trágicas a los “cristales rotos”, estos son
también material para el arte. Pensemos en Window Blow Up (1976)
de Gordon Matta-Clark, disparando a las ventanas del Instituto de Arquitectura
y Urbanismo de Nueva York como protesta hacia la institucionalidad de la
arquitectura para, acto seguido, después de que su director, Peter Eisenman,
los reparara de inmediato, colocar fotografías de ventanas rotas en el Bronx en
los vanos de la oficialidad del urbanismo. O también el guiño crítico del
artista mexicano Jorge Satorre —compañero de Salaberria en esta misma galería—
a la obra de Matta-Clark a partir de un reenactment realizado
en una casa abandonada en Cork, en 2005.
Hay en esta exposición Gestalts, siluetas de ventanas rotas
sacadas, por ejemplo, de una fotografía de Matta-Clark; otra es el cristal roto
de una fotografía de Brassaï; otras son inventadas por Salaberria, trazadas
todas ellas a partir del logiciel que Bézier inventara. Hay
cristales reposando y superpuestos, como restos de protecciones de obras de
arte que después de un accidente hubieran decidido emanciparse de aquello que
protegían para encaramarse de nuevo a sus marcos. Hay, para terminar, una trama
de relaciones conscientes e inconscientes, límites y provocaciones amables que
estimulan la mirada y el contacto con el observador.
2/26/2020
1/20/2020
1/18/2020
Diseño invisible. Sobre la Escuela de Ulm
Actualmente en San Sebastián la arquitectura ha adquirido una
consideración cultural e institucional relevante. Existe cada vez una mayor
conciencia del papel social de la arquitectura y de los espacios que habitamos.
Por su parte, el diseño gráfico e industrial permanece o se visibiliza muchas
veces de manera colateral o a la vera de la arquitectura. Es un poco aquí el
caso, pues en el marco de Mugak (Fronteras), segunda Bienal Internacional de
Arquitectura de Euskadi, se presente esta muestra sobre la Escuela de Ulm.
Menos conocida que su predecesora Bauhaus, la Hochschule für
Gestaltung fue fundada en Ulm en 1953
por Max Bill, Inge Scholl y Otl Aicher entre otros, y puede verse como una de
las mayores influencias en el diseño que siguió a la Segunda Guerra Mundial. La
visión de Ulm estaba en usar los principios modernos —la racionalidad, la
economía y la técnica— en la construcción de un nuevo mundo en el que el
diseñador estuviera socialmente concernido con los valores de la democracia más
que con los del comercio. Sin embargo este compromiso pronto, e
inevitablemente, se asoció a las marcas de corporaciones en la sociedad de
consumo y globalización emergentes y, hacia 1956, grupos de estudiantes estaban
trabajando con compañías como Braun primero, y Lufthansa después.
Esta democratización del diseño a través de dos reglas
básicas, la estética moderna funcional y la producción en masa, fue una de las
predicciones que se han revelado certeras. No es difícil ver la conexión con la
filosofía de línea blanca del flat pack de Ikea y otras marcas, en la que todos
los elementos —aún de bajo coste— circundan sobre un mismo principio. También
viene a la cabeza la actualización del concepto de Gute Form (buena forma) que
diseñadores como Jasper Morrison han reivindicado desde lo “Supernormal”.
Asimismo, la Escuela de Ulm fue pionera en cultivar un ideal
de vida a través de los muebles y los electrodomésticos que constituyen la casa
y el hogar. La integración del diseñador en la industria sirvió para renovar el
consumo, proyectando la idea misma del lifestyle
como algo que puede comprarse o, cuando menos, como un horizonte de proyección
y autoconstrucción del sujeto y su entorno. Dieter Rahms y Hans G. Conrad para
Braun, por ejemplo, reinventaron el producto minimalista y al mismo tiempo el branding o identidad corporativa; la
línea, la arquitectura invisible que conecta los objetos entre sí, estos con el
entorno y, en última instancia, con la marca que los aúna y recorre casi
simbióticamente por dentro. Una vez “corporeizada” la identidad de marca, ésta
alcanza una dimensión asociada a una gama de valores y clase social. Hay en
esta exposición paralelismos un tanto obvios aunque estimulantes, como cuando
se comparan objetos de Braun con el primer iPhone e iPod de “Jony” Ive para Apple.
En el Museo San Telmo, el espacio diáfano contrasta con la
antigüedad del claustro y la iglesia y, en términos de contexto, refuerza la
presentación de objetos y el ánimo detectivesco a la caza del detalle
decodificador. Lo que no se ve es lo que importa. Sin embargo, hoy en día la
neutralidad y la transparencia son igualmente ideológicas. Una vez asimilado el
“menos es más” miesiano, el purismo de Ulm no es la única receta, pues las
exitosas identidades de marca se caracterizan hoy por su ubicuidad no
manifiesta, y por hacerlas inolvidables a través de una diseminación en el
subconsciente de sus logotipos y cualidades imperceptibles. En perspectiva, Ulm
cumplió a la perfección —en vísperas del posmodernismo— la tarea inacabada de
la modernidad, pues sus logros funcionales y estéticos se hicieron efectivos,
por fin, en la expansión del capitalismo multinacional y corporativo. Puro,
aquí sí, modernismo tardío.
Diseño de
sistemas: La escuela de Ulm y la compañía Braun / Departamento de construcción, Museo San Telmo
/ Instituto de Arquitectura de Euskadi, San Sebastián, hasta el 12 de enero
2010
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Escuela de Ulm
1/12/2020
"Tomorrow calling", 1993, by Tim Leandro
Esta adaptación cinematográfica del
cuento de William Gibson “El continuo de Gernsback”, un clásico de la ciencia
ficción, nos introduce a Bill, un fotógrafo a quien se le asigna el trabajo de
fotografiar la visión futurista del modernismo norteamericano de los años 30 y
40. Obsesionado por esta mirada pulp y retro del futuro en el Art Deco,
comienzan a aparecérsele “fantasmas semióticos”, fragmentos de imaginaria
popular y clichés sci-fi como gigantes zepelines aerodinámicos. El antídoto
prescito para superar estas visiones pasa por horas de visionado de televisión,
soap operas, porno y demás basura.
Todo menos sci-fi.
Con este cuento, de arraigada
influencia, Gibson introdujo como nadie antes una reflexión crítica e irónica
sobre el modo de representación del futuro en la ciencia ficción de posguerra.
Se pueden encontrar otras
referencias a este cuento en este mismo blog. Desconocía sin embargo esta
realización cinematográfica, que ahora cuelgo.
12/16/2019
RESEÑA: Pintura y ciencia ficción en Rosalind Nashashibi. (CAAC, Sevilla)
![]() |
| Rosalind Nashashibi, Part one: Where there is a joyous mood, there a comrade will appear to share a glass of wine (2018), 16 mm transferido a video |
La obra de Rosalind Nashashibi (Croydon, Londres, 1973) se divide en dos partes que conforman una unidad: pintura y audiovisual. Ambas configuran un universo afectuoso y cálido donde cada medio completa al otro. Esta completitud hay que entenderla en tanto constitución de sujeto; como artista, mujer, enunciadora, fabuladora. La exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, titulada Green Hearts, es una magnífica entrada a este mundo donde imagen fija y en movimiento entablan un fructífero diálogo. Esta voluntaria (y paralela) escisión entre medios da como resultado dos líneas separadas, o mejor, bifurcadas, en estilo y contenido.
La pintura es aquí un género inmediato, una superficie material de proyección de lo insatisfecho, el deseo, los estados de ánimo. Desde una figuración evanescente y nada evidente, sin temor al bad painting, esta pintura es levemente narrativa desde la forma y el color; animales, plantas, frutas y siluetas abstractas. El sentimiento ha de expresarse, manifestarse, como dicta el corazón. Esta pintura es una forma de no trabajo, actividad a deshoras, en pequeños formatos, pintura de cocina, de sala de estar o por la noche. Impresiones en las que conviven artificio y naturaleza. Sorprende en Sevilla un conjunto de pinturas que Nashashibi ha realizado espontáneamente sobre papel de estraza: afectada por la visita a la Casa de Pilatos, y recordando su conexión con Andalucía a través de su abuela, judía sefardí cuya primera lengua era el castellano, la artista decidió acometer, primero en la habitación del hotel y después en las salas expositivas, un conjunto de pinturas donde impera el color áureo, dorado. Pilatos’ Bedsheets [Sábanas de Pilatos], o Pilatos’ Hand Towels [Toallas de mano de Pilatos] son los títulos de estas pinturas de una sencillez radical.
Importa más la naturalidad con la que la artista decide realizarlos que el resultado final. O cuando el sentimiento genera una forma. Es difícil juzgar estos papeles colgados en términos de “calidad”, sin percatarnos de la espontaneidad del propio gesto de querer pintarlos; un encuentro súbito, una revelación, un impulso o deseo gozoso. Ahora que gran parte del arte contemporáneo participa de la “producción”, esto es, la planificación, usufructo de recursos y energías de colaboradores y proveedores, Nashashibi concibe su arte con muy poco. Le acompaña un sentido del disfrute, de la celebración de la vida. La alegría de la tarea no alienada y genuinamente subjetiva.
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Rosalind Nashashibi
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