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3/17/2012

VINTAGE

Escena "vintage", Carey Mulligan y Michael Fassbende, Shame (2011) Steve McQueen

En Shame, de Steve McQueen, hay un guiño que no pasa desapercibido. El director plantea un juego de palabras casi subliminal alrededor de lo “vintage”; primero en la escena del metro, cuando Brandon bromea con Sissy sobre su sombrero rojo, y más tarde durante el encuentro en el hotel con Marianne, al preguntarle Brandon si su ropa interior es “vintage”. McQueen parece decir que todo lo que huela a posible íntima familiaridad le produce a Brandon un sarpullido emocional. Lo “vintage”, el estilo de moda del pasado retornando en el presente, contrasta con el dress code de Brandon; ropa ejecutiva neutra o su reverso sport-casual compuesto de semibomber, chandal y NB. La vestimenta que lleva Michael Fassbender es tan elegante como anodina, un degree zero de blancos, grises y azules pálidos. Sin embargo, el estilo escogido por McQueen no es inocente, pues esa aparente falta de estilo remarcado (que podría denotar la discreción del personaje o el vacío interior que lo consume) está operando como opuesto a las elecciones cargadas de subjetividad y afirmación de la individualidad (en Sissy y Marianne). Pero es más, el estilo neutro de McQueen para Brandon también se enrraiza en una tradición corporal concreta; la actuación física de Fassbender, cercana en ocasiones a la peformance, puede leerse en la historia de la llamada nueva danza o, más concretamente, en la Judson Dance Theater de la que Steve Paxton, Yvonne Rainer y Trisha Brown fueron figuras destacadas. La imagen de Brandon sentado recogido en una silla post-Mies con T-shirt blanco, pantalón oscuro y pies desnudos remite directamente a un imaginario del cuerpo en movimiento directamente salido de la unión del minimalismo con los preceptos de la danza posmoderna en la década de 1960 (donde el cuestionamiento de la virtuosidad y la técnica se entrecruzaba con las políticas de la representación del arte minimal y el conceptual, además de una mayor atención a todo lo que sonase a la vida cotidiana o de todos los días). En cuanto al “vintage”, éste no solo ha devenido en un estilo en sí mismo (reuniones colectivas y bailes de salón al estilo de 1950, por no mencionar el fenómeno Lana del Rey), sino que además parece organizar hoy en día toda la moda de nuestro posmodernismo tardío, en donde la forma fetichizada del pasado ya se ha instalado sin objeción alguna por parte de nadie. “Vintage” no solo significa eBay (y todo el aparataje de consumo que arrastra) sino un lifestyle que ha erotizado todos los mundos de vida, haciendo de la obsolescencia de los objetos una nueva necesidad; lo nuevo-viejo. “Vintage” no es simplemente lo ya usado, gastado o viejo, sino su comercialización simbólica en tanto novedad o, mejor dicho, la última novedad después de la nuevo, es decir, lo viejo.