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4/26/2020
Nota sobre "El topo", (2011) Tomas Alfredson
Nota: En su texto sobre la adaptación al cine de la novela de John le Carré, Tinker, Tailor, Soldier, Spy por Tomas Alfredson en 2011, Mark Fisher la compara con la serie de televisión de la BBC de 1979. Fisher encuentra la nueva adaptación carente de profundidad, mientras que el nuevo Smiley, Gary Oldman, no es Alec Guinness. Al margen de la comparativa y el trabajo de la melancolía, El topo (título en español) es un ejemplo de cine comercial que no renuncia a la complejidad. La escena central del filme, la que concentra la esencia de la trama y se erige en un condensador de energía, la fiesta de fin de año en The Circus, está troceada en tres partes. Merece la pena contemplarla ahora seguido, y disfrutarla una vez más, como una de las mejores secuencias del cine de la última década.
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5/08/2018
Los ensayos espectrales de Mark Fisher
La publicación casi simultánea de Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (Caja Negra Editora), y Lo raro y lo espeluznante (Alpha Decay), del desaparecido crítico y autor británico Mark Fisher, da lugar a ese acercamiento a su obra.
La reciente publicación de dos libros del británico Mark Fisher (1968-2017), crítico musical y cultural, viene marcada por su prematura muerte. Aquejado por esa enfermedad contemporánea que es la depresión, Fisher decidió marcharse a comienzos del año pasado. Se publican ahora, prácticamente a la vez, el segundo y tercer libro de este autor: Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos (Caja Negra Editora, Buenos Aires), y Lo raro y lo espeluznante (Alpha Decay, Barcelona). Mark Fisher se dio a conocer en ambientes musicales y, progresivamente, en el ámbito de la crítica cultural en la pasada década gracias a su blog –y alias– K-punk. La salida en 2009 de su primer libro, Capitalist Realism. Is there no alternative? (Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?, Caja Negra Editora, 2016), consiguió una importante resonancia en círculos artísticos –dentro y fuera de la academia– deseosos de religar la cultura popular y el arte experimental con una clara posición de izquierdas. La descripción de ese capitalismo realista estaba en sintonía con algunos de los síntomas descritos por autores como Fredric Jameson y Slavoj Žižek acerca del capitalismo tardío y el estado de la cultura, si bien Fisher se esforzó por llevarlos a su fase terminal a través de un exorcismo de sus propias ansiedades personales agudizadas por la educación, la burocratización y la salud mental.
Sus extraordinarias membranas para captar le permitieron hacer un diagnóstico totalizador del sistema económico global sobre el que no acaba de haber un consenso definitivo acerca de su nombre (posmodernismo, capitalismo tardío, neoliberalismo o tal vez realismo capitalista). Éste era un libro marcado por el término capitalismo en su portada, lo que hizo que muchas librerías lo etiquetaran dentro de la sección de economía. Desde luego, el libro de Fisher puede compartir estante con lo último de Yanis Varoufakis, pero estaría mucho mejor al lado de cualquier edición de Theodor W. Adorno o Walter Benjamin. La diferencia de Fisher con estos autores del Marxismo Occidental es que el británico hablaba de música, de las series de TV y del cine de la época en que le tocó vivir, esto es, de un nuevo comienzo de siglo impregnado por toda la cultura acumulada del “largo siglo xx”). El ansia de entendimiento de esa abstracción llamada “capitalismo” se traduce en él en una subjetivación recóndita de las referencias a nivel cutáneo y del sistema nervioso. Una sensibilidad reservada, íntima, aflora en la construcción de las oraciones. Su escritura demostró que la crítica no tiene por qué ser aburrida, sino que puede ser una intensidad llena de un lenguaje vibrante y ágil. Incluso puede llegar a ser pop sin ser banal; esto es, una escritura no académica que todavía ausculta el pulso a la producción cultural del presente, ya sea un disco de Dubstep o un blockbuster de un director de cine como Christopher Nolan.
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Mark Fisher
2/01/2017
Berger, Fisher, y los afectos de la crítica

La reciente muerte de John Berger ha
generado toda una corriente de elogio alrededor de su vida y obra: escribir
obituarios en tiempos digitales se está convirtiendo en un género por derecho propio.
El alcance de esta corriente no debe ser desestimado: el impacto de la
desaparición de un crítico de arte en tiempos en los que la crítica agoniza.
Berger era además de crítico, escritor, poeta, autor de una serie de
televisión, pintor, campesino y muchas más cosas. Pero principalmente era un crítico
de arte, alguien de quien se podía decir, en vida y ahora también, que era sobre
todo eso, un crítico de arte. Uno de los últimos de una especie en
desaparición. Un crítico de arte es ante todo un escritor, o al menos debe
aspirar siempre a esa condición. La unanimidad en la apreciación de Berger hay
que tenerla en cuenta, y preguntarnos su por qué.
Conviene destacar dos facetas de su
biografía para valorar el alcance de la escritura. Berger era un artista que en
un momento dado pasa al otro lado, esto es, a escribir sobre arte. Este hecho
le hacía sentirse cercano a la materia de la que está hecho el arte. Comprender
el acontecimiento artístico supone entender la psicología de los artistas, cómo
viven, cómo piensan y trabajan y también comprender la técnica y la
materialidad de las cosas. Berger era además marxista, y así se reconoció en
muchas ocasiones. También era spinozista, pues para él Spinoza era el filósofo
favorito de Marx. Quizás por ello de este último recogió su solidaridad con los
oprimidos y, del primero, el afecto como elemento movilizador de las pasiones,
el arte, nunca mejor dicho, como ars
affectandi.
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Mark Fisher
1/15/2017
Entrevista con Mark Fisher, "Realismo Capitalista", agosto 2016
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| Mark Fisher (1968-2017) |
ENTREVISTA CON MARK FISHER
“La única manera de tomar el control consiste en una
democratización de la política y el trabajo”.
Peio Aguirre
La
reciente publicación del libro de Mark Fisher, Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? (Caja Negra Editora,
2016), supone una sacudida teórica que nos informa de algunos de los males
agudizados a partir de la crisis bancaria de 2008 y la reorganización de los
poderes neoliberales para entrar en una fase de capitalismo más agresiva si
cabe. Fisher, crítico musical y escritor británico, recurre a un conjunto de
ejemplos culturales salidos de la televisión, el cine, la literatura y la
política para trazar los principales rasgos y mecanismos del realismo
capitalista; el desmantelamiento de los servicios públicos, la cultura del
consumo, la expansión de la burocracia al sistema educativo, y los desordenes
de atención, el estrés y la depresión que incapacitan al sujeto individual para
cualquier capacidad de agencia colectiva. El famoso eslogan de Margaret
Thatcher, “No hay alternativa”, al neoliberalismo económico y el libre mercado,
sirve a Mark Fisher para trazar el recorrido del realismo capitalista. En esta
entrevista le hemos preguntado por su libro de amplio recorrido que ahora se
presenta en una cuidada edición.
Peio Aguirre: Esta traducción de Realismo
capitalista. ¿No hay alternativa? (libro publicado originalmente en 2009)
se produce en un clima político global de extrema confusión. ¿Cómo ha cambiado
el mundo en este lapso de tiempo? O mejor todavía, ¿cómo definir sintéticamente
al lector en lengua española que es el realismo capitalista?
Mark Fisher: Siempre digo que el realismo
capitalista es más fácil de identificar que de definir. La manera más sencilla
de definirlo es la creencia de que no hay alternativa al capitalismo. Pero el
problema de definirlo de ese modo está en que no es –no al menos en lo principal–
una creencia que los individuos sostienen conscientemente. Es más como un campo
ideológico transpersonal, quizás más claramente manifiesto en la forma de un
tipo de aceptación fatalista en el dominio capitalista, una aceptación de que
las demandas del capitalismo neoliberal son “realistas” y, a la inversa, una
idea de que cualquier alternativa a esta forma de capitalismo es inviable o
impensable. Otro modo de pensarlo tiene que ver con un tipo de deflación de la
conciencia. El realismo capitalista es solo posible una vez varios grupos de
conciencia (la conciencia de clase; la conciencia socialista-feminista y
también la conciencia psicodélica de la provisional y plástica naturaleza de
cualquier cosa experimentada como “realista”) han sido suprimidos.
Escribí el libro cuando una forma de realismo capitalista
–el modo Clinton-Blair, establecido en los noventa y consolidado en los dos mil–
entraba en una crisis masiva. Desde entonces, hemos visto un modo más agresivo
de realismo capitalista, manifestado en los programas de austeridad impuestos
en el despertar de la crisis del crédito. Ahora hay signos de que esta segunda
fase de realismo capitalista se está ejecutando con problemas. Estas dos fases del
realismo capitalista dependían del posicionamiento de una “zona central”, un
sentido común alineado con los instintos de la élite corporativa y los
“expertos” financieros. La anterior zona central ya no se sostiene, se está
agrietando bajo la presión de la izquierda y la derecha. Los experimentos de izquierda
en Europa –de Syriza a Podemos a Jeremy Corbyn en el Reino Unido– están
soportando una presión extrema, y esto ha servido para subrayar el enorme poder
institucional que ha sostenido al realismo capitalista.
Peio: Recientemente
ha habido una serie de intentos teóricos por nombrar el sistema actual, como si
la propia categoría de posmodernismo o posmodernidad, como la lógica cultural
del capitalismo tardío tal como la definiera Fredric Jameson, ya no sirviera o
estuviera obsoleta. Se han acuñado los términos metamodernismo,
altermodernismo, etc. ¿Hay en tu obra una intención de definición sistémica o se
trata más bien de un trabajo ensayístico de corte subjetivo?
Mark: Bueno, veo el realismo capitalista
como la próxima fase del posmodernismo que Jameson analizó tan bien. El
realismo capitalista es una clase de posmodernismo naturalizado. Lo que todavía
era algo reseñable cuando Jameson avanzó por primera vez sus tesis sobre el
posmodernismo –la ubicuidad de los media capitalistas, la dominación de todas
las áreas de la vida y la conciencia por las categorías del marketing– es ahora
algo que se da por sentado.
Peio: La
educación y la burocracia son dos de los temas que abordas en tu libro, ambos
amparados en tu experiencia como profesor de instituto. Lo que en el fondo se
trasluce es una completa conquista de la salud mental por el capitalismo, de
los cuales la ansiedad y la depresión parecen sus síntomas más visibles... ¿Hay
alguna alternativa a sus efectos más inmediatos?
Mark: La
primera cosa a destacar aquí es que la ansiedad y la depresión no son efectos
accidentales o laterales del actual sistema. Un cierto nivel de ansiedad, un
cierto nivel de depresión; estos son altamente funcionales para la forma
dominante de capitalismo. La ansiedad es la inevitable respuesta a una
precariedad generalizada. Es tanto un arma del realismo capitalista y un fin en
sí mismo. La ansiedad es en sí misma incapacitante: individualiza y responsabiliza,
precisamente tal y como el neoliberalismo en general lo hace. A fin de
contemplar una alternativa a esto, creo que necesitaríamos cuatro
transformaciones fundamentales. La primera es un cambio de la precariedad a la
seguridad –una renta básica podría jugar un papel al generar este nuevo sentido
de seguridad, pero requeriría de cambios existenciales, un rechazo a la ética
del trabajo y un diferente ritmo de vida de aquella impuesta por el
ciberespacio capitalista.
El segundo cambio es un rechazo de los valores
neoliberales predeterminados. Como argumento en mi libro, el realismo
capitalista se impuso a través de lenguajes y comportamientos que se
convirtieron en una segunda naturaleza, prácticas y discursos aparentemente
vacíos y lleno de lugares comunes que sirvieron para normalizar los valores de
la empresa capitalista, y para hacer que cualquier alternativa a ellos –por
ejemplo los servicios públicos– parezcan pintorescos y anticuados. Desafiar y
desarraigar estos valores dados será fundamental si queremos salir de realismo
capitalista. La tercera cosa es la producción de un nuevo sentido de la
pertenencia. La izquierda habla de solidaridad pero la derecha ha sido mejor en
la producción de un sentido de pertenencia para sus seguidores, porque hace un
llamamiento a las formas confeccionadas de pertenencia (por lo general
nacionalismos reaccionarios) que se mantienen unidos por el odio hacia un otro
racializado. Tenemos que articular un sentido diferente, no identitario de
pertenencia, un sentido de pertenencia que tiene que ver con estar en un
movimiento. La cuarta cosa, y de ninguna manera la más insignificante, es un
movimiento hacia la democracia en el trabajo.
Uno de los tropos que ganaron el reciente referéndum
sobre la adhesión del Reino Unido a la Unión Europea para la campaña del
“Leave” fue “recuperar el control”. Por supuesto, esto se expresó en términos
nacionalistas, pero el lema resonó debido a la profunda sensación de privación
y la impotencia que muchas personas sienten en el Reino Unido neoliberal. Es
crucial que sigamos apuntando a las fuentes reales de esta impotencia: no los
extranjeros, sino el capital global. Es igualmente crucial que articulemos la
manera de poner las cosas bien, a través del desarrollo de la conciencia grupal
y la agencia colectiva.
Peio: He
visto tu libro colocado en la sección de “economía” en librerías
“especializadas” en pensamiento y cultura. Tu bagaje es principalmente cultural, en concreto, eres crítico musical. ¿Piensas
que se está produciendo una “culturización” de la política a la par que una
politización de la cultura?
Mark: Espero que no. No hace falta decir que la cultura es importante. Pero
gran parte de la izquierda organizada todavía pasa por alto el poder de la
cultura, la forma en que las luchas hegemónicas no solo pueden ser combatidas
en una arena política estrecha, sino en términos de lo que la gente consume, lo
que escucha, las identificaciones que forman y demás. Pero también hace falta
decir que una lucha que se lleve a cabo solo en el ámbito cultural no obtendrá
mucha tracción. Al mismo tiempo, sin embargo, la misma oposición entre la
cultura y la política no es especialmente útil. Es mejor decir que la
cultura empapa la política: ¿qué política podría decirse que tiene lugar
fuera de la cultura? Es mejor decir que la cultura
empapa la política: ¿qué política podría decirse que tiene lugar fuera de la
cultura?
Peio: Durante
la década pasada, tu blog k-punk fue la punta de lanza para una comunidad
crítica que discutía sobre música, teoría y también política. Hace poco escuchaba a alguien decir que
los blogs han sido un fracaso tan grande como los zepelines. ¿En qué lugares se
produce ahora mismo el disenso y la crítica, y cuales son las posibilidades de
los llamados nuevos medios?
Mark: ¿Han
sido los blogs un fracaso tan grande como los zepelines? Eso parece un poco
hiperbólico para mí sobre todo porque, como dices, gran parte de mi influencia
y reputación se construyó en la blogosfera. Solo podría decirse que los blogs
fueron un fracaso tan grande como los zepelines teniendo en primer lugar unas
expectativas exageradas de los blogs. Hay que reconocer que muchas de las
novedades más interesantes en la teoría y la filosofía de la última década –desde el
realismo especulativo al aceleracionismo– no habrían ocurrido sin
los blogs. En un momento determinado, los blogs proporcionan una velocidad de
discurso que no puede ser igualada por ninguna otra red de discurso. Al mismo
tiempo, las solicitudes de nuevos medios de comunicación se han vuelto desproporcionadas.
A menudo comparo la relación entre los nuevos y los viejos medios de
comunicación con la edad de un bebé que se aferra a un anciano artrítico, pues
no puede sostenerse sobre sus propios pies. En su mayor parte, sin embargo, si
las ideas desean tener mucha más tracción hegemónica, deben pasar a través de
los medios de comunicación “viejos”. Es obvio que sin duda ahora la hegemonía
implica claramente un mosaico de medios impresos, difusión-transmisión y medios
online, con las diferentes velocidades y capacidades con las que cada una
opera.
Peio: Tu
siguiente libro, Ghosts of My Life.Writings on Depresion, Melancholia and Lost Futures (Zero Books, 2014)
indaga en lo que denominas, siguiendo a Franco Berardi “Bifo”, la “lenta
cancelación del futuro”, o lo que viene a significar una dificultad para la
invención y la creatividad genuinas. ¿Cuál es la diferencia con el eterno
retorno y la nostalgia ya diseccionados por el posmodernismo?
Mark: Ninguna
en esencia. Mi argumento es simplemente que las características tales como el
pastiche y la apropiación eran remarcables y dignas de mención en la primera
fase extravagante del posmodernismo y que ahora se dan por sentado. Cuando
Jameson teorizó el posmodernismo todavía era posible sentir la comparación con
la modernidad, quizá sobre todo con lo que he llamado modernismo popular. Pero
ahora el problema es que lo retro se ha convertido en estándar, no hay
prácticamente nada que no sea retro. Por lo que el fenómeno se ha vuelto
invisible, de un modo en que el posmodernismo “clásico” nunca lo fue.
Peio: Me
gustaría preguntarte por Zero Books, una editorial que casi nace a la par de tu
primer libro y que ha evolucionado de una manera pasmosa. ¿Estamos viviendo un
tiempo para la revitalización de la teoría crítica en los márgenes o
intersticios de la academia?
Mark: Creo que sí. Eso ha continuado con
Repeater Books, la editorial con la que trabajo ahora y que está dirigido por
la mayoría de las personas clave que configuraron Zero. Sin duda, la aparición
de para-espacios de pensamiento fuera de la academia tiene mucho que ver con
las asfixiante y altamente burocráticos condiciones en la educación que he
descrito en Realismo Capitalista.
Estos para-espacios son un producto de la frustración con esas condiciones.
Peio: Resulta
inevitable preguntarte por la actual situación política en el Reino Unido y los
efectos inmediatos del “Brexit”. Resulta pertinente aquí aquel otro eslogan de
Thatcher de 1979, “I want my money back!”, reclamando el dinero que el Reino
Unido había invertido en la primera Comunidad Económica Europea. ¿Qué horizonte
se vislumbra?
Mark: Es muy
difícil de decir. Lo único que está claro es que un mes después de la votación
los que hicieron campaña por abandonar la Unión Europea no tenían ningún plan
en absoluto para lo que ocurriría en caso de ganar. Parece que el voto fue una
especie de voto de protesta que salió mal. Como he dicho anteriormente, la
campaña del “Leave” atrajo el sentimiento de impotencia de la gente, una
sensación de impotencia que se llevaron con ellos a la cabina de votación, con
el resultado de que muchos votantes se quedaron perplejos cuando en realidad
ganaron. En cierto modo, el voto del “Brexit” fue un voto contra el realismo
capitalista. Los puntos de vista de los “expertos” y los tecnócratas de la
élite capitalista corporativa, interminablemente citadas por la campaña de
permanecer en la UE fueron visiblemente rechazados. Pero esto fue una sacudida
del realismo capitalista a la política de la fantasía, una fantasía cargada de
lo que Paul Gilroy llama la melancolía post-colonial, una especie de melancolía
que nunca se ha enfrentado o aceptado al fin del imperio. La retirada del
realismo capitalista a la fantasía regresiva sugiere un futuro muy desgraciado.
Pero si la derecha abandona la modernidad en favor de este tipo de nostalgia
política, ello despeja un espacio para la izquierda para recuperar lo moderno.
La modernidad que la izquierda debe defender es cosmopolita, internacionalista,
tecnológico y democrática. La izquierda debe decir que ofrece las únicas
soluciones reales (en contraposición a las fantasmáticas) al sentimiento de
privación de derechos que la campaña del “Leave” utilizó de manera tan
oportunista. La única manera de “tomar el control” consiste, no en un flácido
recalentado nacionalismo, sino en una democratización de la política y el
trabajo. Tenemos que ser visto para alinearnos con estos objetivos, con esta
visión.
*
Publicado originalmente en El Estado Mental, 7-08-2016
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capitalist realism,
Mark Fisher
1/14/2017
8/08/2016
Entrevista con Mark Fisher
La
reciente publicación del libro de Mark Fisher, Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? (Caja Negra Editora,
2016), supone una sacudida teórica que nos informa de algunos de los males
agudizados a partir de la crisis bancaria de 2008 y la reorganización de los
poderes neoliberales para entrar en una fase de capitalismo más agresiva si
cabe. Fisher, crítico musical y escritor británico, recurre a un conjunto de
ejemplos culturales salidos de la televisión, el cine, la literatura y la
política para trazar los principales rasgos y mecanismos del realismo
capitalista; el desmantelamiento de los servicios públicos, la cultura del
consumo, la expansión de la burocracia al sistema educativo, y los desordenes
de atención, el estrés y la depresión que incapacitan al sujeto individual para
cualquier capacidad de agencia colectiva. El famoso eslogan de Margaret
Thatcher, “No hay alternativa”, al neoliberalismo económico y el libre mercado,
sirve a Mark Fisher para trazar el recorrido del realismo capitalista. En esta
entrevista le hemos preguntado por su libro de amplio recorrido que ahora se
presenta en una cuidada edición.
Peio
Aguirre: Esta traducción de Realismo
capitalista. ¿No hay alternativa? (libro publicado originalmente en 2009)
se produce en un clima político global de extrema confusión. ¿Cómo ha cambiado
el mundo en este lapso de tiempo? O mejor todavía, ¿cómo definir sintéticamente
al lector en lengua española que es el realismo capitalista?
Mark
Fisher: Siempre digo que el realismo
capitalista es más fácil de identificar que de definir. La manera más sencilla
de definirlo es la creencia de que no hay alternativa al capitalismo. Seguir leyendo Aquí:
Publicado en El Estado Mental, 7-08-2016
Publicado en El Estado Mental, 7-08-2016
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capitalist realism,
Mark Fisher,
realismo
6/10/2016
Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?, Mark Fisher (Caja Negra, Buenos Aires, 2016)
Tengo el gusto de haber prologado el
libro de Mark Fisher Realismocapitalista. ¿No hay alternativa (La Caja Negra, 2016). Este primer libro
publicado por el autor en 2009 le colocó en una posición crítica seminal en el
contexto británico, al mismo tiempo que lanzaba a su editorial Zero Books, que
desde entonces no ha hecho más que crecer convirtiéndose en un sello
imprescindible para aquellos que desean sumergirse en una teoría crítica no
académica que todavía ausculta el pulso a la producción cultural. En este blog también hice una reseña en su día del segundo libro de Fisher, Ghosts of my Life: Writings on Depression,
Hauntology and Lost Futures (también con Zero Books, 2014). Un libro éste
mucho más centrado en contenido cultural, pues no en vano, Fisher se forjó
blogueando con el alias de k-punk en la pasada década. Fisher es, por encima de
todo, un crítico musical que ha mutado en crítico cultural y cuyo ojo crítico
le ha permitido hacer diagnóstico totalizador del sistema económico en el que
estamos inmersos, a.k.a. capitalismo tardío.
Se dice que todo primer libro esconde el
estilo de la escritura que todo autor anhela cultivar. Podría decirse que Realismo capitalista es un libro
iniciático para el autor, toda una descarga de energía. Ghosts of my Life, si bien tiene el mismo nervio escritural, es un
trabajo más sofisticado, pues la subjetivación de las referencias (música,
televisión, películas) es más grande y detallada.
He visto en alguna librería especializada que etiquetan Realismo capitalista dentro de la
sección de economía. Esto es, desde mi punto de vista, incorrecto. Que algunos
libros de teoría crítica, pensamiento o ensayo sean etiquetados como “economía”
dice mucho del mercado del libro y la dependencia de la actualidad. Desde
luego, el libro de Fisher puede compartir estante con lo último de Varoufakis,
pero estaría mejor situado al lado de una edición menos cool de cualquier libro de Adorno. Repitamos, la teoría crítica no
ha de ser aburrida sino todo lo contrario, llena de ejemplos actuales y
lenguaje vibrante como este trabajo de Fisher que es, no lo olvidemos, una de
las figuras principales del movimiento hauntologico
(Burial, Ariel Pink, etc.) Una tarea histórica de la teoría crítica es la comprensión de eso que llamamos capitalismo. No es este blog el lugar para reproducir lo que
escribo en el libro (corran a comprarlo, no se arrepentirán), pero sí recordar a dos personas que me introdujeron a Fisher. A Asier
Mendizabal, posiblemente la primera persona que mencionó públicamente por estos
lares a Fisher en una columna del Mugalari y a comienzos de esta década. Y a mi
colega en Burdeos Jean-Philippe Halgand, siempre muy bien informado de lo que
se cuece por ahí afuera, quien me pasó la copia de este libro que leí en su día. Ah, y a la Caja Negra Editora por poder escribirlo y publicarlo.
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