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2/12/2011

El precio del café / The Coffee Price

El "debate del café" en Kuhle Wampe (1932)


La escena final del filme Kuhle Wampe, or Who Owns the World? (1932) dirigida por Slatan Dudow y Bertolt Brecht puede ser vista como una pieza de agitprop. Brecht escribe un texto en el que en un atestado vagón de tren se reproduce una discusión acerca del precio del café. Un pasajero lee en voz alta un titular donde se dice que Brasil ha quemado una cantidad de toneladas de café excedente. Se produce entonces una conversación entre personas desconocidas que representan arquetipos de clases sociales e identidades políticas (burgués, proto-fascista, etc.) Un adulto joven comenta que nadie del tren va a cambiar el mundo, refiriéndose a las personas de mediana edad y pasajeros de edad. Otro pasajero pregunta quién entonces cambiará el mundo. Gerda, una de personajes, replica que la gente que no está satisfecha. La “discusión del café” es un símbolo de la economía del mundo, del microcosmos del capitalismo global. En 1932, una noticia sobre el café de Brasil impacta en Europa. Las historias del periódico indican el crecimiento de una conciencia de la economía del mundo y una conciencia en la gente acerca de los niveles de desempleo mundiales. Ya en la segunda década del Siglo XXI el café sigue desvelándose como metáfora del capitalismo global. “Oro negro” lo llaman. Se dice ahora que después del petróleo es el café el líquido que mayor volumen de transacción mueve en el globo. No tiene nada de extraño, pues sirve tanto como excusa para cortar el ritmo de la fábrica en una pausa ganada históricamente a, como está ocurriendo ahora, servir como nuevo objeto de lujo y de clase (Nespresso, by Nestlé). En los actuales tiempos de crisis el café es el baremo: a pesar del desempleo creciente, el café, un simple café, es aquel permiso que uno al menos se concede por muy mala que la situación económica de uno sea. El café, no el producto líquido sino su sociabilidad, tiene algo de reconstituyente psicológico, posee una cualidad terapéutica. Por eso las cafeterías están llenas aún en tiempos de crisis. El “no tengo ni para un café” revelaría una posición delicada, más bien crítica. Y todo esto a pesar del constante incremento de los cafés, 5, 10, 20 céntimos. Un precio, lo que cuesta un café, que es también el cálculo en el que se mide la economía.

Pero como digo, el café es ahora objeto de una nueva especulación dentro del capitalismo. El asentamiento en nuestras ciudades de boutiques Nespresso es lento pero progresivo. Se instalan en zonas céntricas y peatonales, haciendo de los centros de las ciudades centros comerciales para lo que hay que agujerear los subsuelos para dar cabida a los coches de los consumidores. El café deviene en el objeto de consumo supremo. Comienza con la cafetera, luego vienen las cápsulas de colores, amplia selección de aromas, más tarde viene el ritual Nespresso. Acudir a estos lugares donde el café se empaqueta como si fueran bombones impregnando en el subconsciente del consumidor asociaciones más elevadas, ¿acaso joyas?
La pastilla, encapsulada en un mar de estuches, papeles cebolla y una bolsa de cartulina, sostenida por una cuerdita. Boutique coffe. Nespresso ha desbancado a Starbucks, diríase más bien que cada uno va dirigido a un sector del consumo distinto. Ambos son cafés concepto, cada cual revelando una posición de clase; desde un modo de vida pudiente o simplemente de deseo de ascender dentro de la clase a la democratización de la comida y del café como costumbre alimenticia, dirigido a la clase turista o a los jóvenes.
El documental Black Gold (2006) dirigido por los hermanos Marc yNick Francis hablaba de esta internacionalización del café y de sus orígenes en el modos de producción, concretamente en Etiopía. Obviamente el argumento del documental es predecible, describiendo la explotación y el business global que rodea al producto. Pretendía despertar conciencias al olor del aroma humeante de una taza de líquido.


Pero Nespresso sólo podía llegar hasta donde está por medio de una cadena significante más amplia: George (Clooney) y John (Malkovich) cumplen su cometido a la perfección. Incluso esa misma cadena significante se amplia al afuera de la propia marca. Quiero decir que el establecimiento de una de estas tiendas fomenta el consumo en los locales adyacentes y que, para variar, son cadenas comerciales muchas veces franquicias internacionales como FNAC, Etam, Camper y así Ad infinitum.
Pero no lo ha tenido fácil Nespresso en su asentamiento mundial. Ha ganado algunas batallas en honor del capitalismo. En un país como Francia donde el pensamiento ecologista está sólidamente instalado, Nestlé vio peligrar su brillante idea. Las críticas a las primeras tiendas así como a la democratización de las cápsulas no se hizo esperar. Los golpes fueron duros. No hay nada que hoy en día haga más daño a una multinacional que la acusación de maltratar al planeta tierra. Esto es lo que representa Nespresso, la explotación de la naturaleza, el empleo gratuito de minerales, bosques y recursos de todo tipo – a los que hay que sumar el gasto humano pues no hay explotación de los recursos sin explotación de la labor humana. La multinacional reaccionó, invirtiendo en cantidades ingentes de publicidad y métodos que hicieran más sostenible el producto. (¡Sostenibilidad! hermosa palabra en boca de un neoliberal, ahora también traducida como “adaptación” adaptational Cambio Global del Clima). Ya sabemos la consecuencia de todo aquello: “George, we recycle!” Y la gente acaba por creérselo. Una práctica anti-ecológica acaba pasando por ecológica. Ecología es la reducción al máximo de los desechos, una economización de los medios empleados en la producción, no el dispendio inútil para su posterior reciclaje. El café se convierte entonces en otra metáfora, aquella que acaba representando la actual posición hipócrita acerca del calentamiento global y la naturaleza. 
"George, we recycle!" es el lema sobre el que se asienta la marca















El capitalismo genera el problema para a continuación inventar el modo de solucionar el problema y en esa rueda cíclica se reinicia el proceso económico. ¿No fue acaso Marx quien describió al capitalismo como una serpiente que está constantemente mordiendo cola?
Como decía, Francia fue el país de la resistencia (no podía ser menos, historia obliga), hasta que finalmente la marca atravesó el umbral de la crítica, asentándose definitivamente. En España vamos con retraso, una vez más. Paraísos para la globalización y el capital. De algo de todo esto hablábamos no hace mucho en una clase de diseño en la École de Beaux Arts de Burdeos. Es casi un imperativo que en una clase de diseño, dirigido a futuros diseñadores, se hable de Nespresso tanto como de la Bauhaus. Cualquier economía política del signo (Baudrillard dixit) lo requiere. El lema "environment by design" va sobre todo esto. 
George y John hablando de los problemas éticos del diseño