Mostrando entradas con la etiqueta forma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta forma. Mostrar todas las entradas

6/08/2016

La forma como hecho social (Taller)

Logo de Chillida como estética social




















Museo Tamayo, Ciudad de México
Junio 2016
22, 23, 24 de Junio
17 h-20 horas

El taller “La forma como hecho social” plantea una aproximación a la noción de “forma” desde el cruce disciplinar de los campos del arte, la arquitectura, el diseño y también la teoría crítica. Concebido en paralelo y como un desvío a la exposición The Playscapes of Noguchi, este taller aborda las implicaciones del concepto de forma, y por extensión de su derivado el “formalismo”, en la evolución desde la modernidad a la posmodernidad a lo largo del Siglo XX. El leitmotiv “la forma existe como un hecho social” es una invitación a leer los códigos secretos que se ocultan en nuestro entorno semiótico construido. Códigos donde conviven la ideología y el poder, pero también actitudes y comportamientos sociales, la creatividad, el juego, además de múltiples restos de la utopía moderna. El taller propondrá algunos casos de estudio y se establecerá como un espacio de encuentro que fomenta la participación activa.

La dinámica del taller incluirá la presentación por parte del tutor de distintos casos de estudio, textos, discusión en grupo, una visita a la exposición The Playscapes of Noguchi así como la elaboración colectiva de una pequeña guía de esculturas públicas y arquitecturas de la ciudad de México susceptibles de ser englobadas dentro de la definición “la forma como hecho social”.

El taller está abierto a artistas, arquitectos, diseñadores, teóricos e investigadores en estos ámbitos.





8/02/2014

Formas de afecto o, acerca de la afectividad de las formas*


In form there is no more longing and no more loneliness
Georg Lukács


La discusión sobre el arte como una forma de afecto atraviesa la historia de la filosofía al menos desde los griegos. Algunos términos como “sensibilidad”, “emoción”, “afectuosidad”, “conmoción”, “añoranza” y “anhelo” describen sentimientos positivos que la disciplina de la estética ha cultivado durante siglos, a pesar de haber acuñado también expresiones peyorativas como “sensiblero”, “afectado”, “ñoño”, “compasivo” y “cursi”. ¿Acaso estas acepciones fueron creadas desde algún afuera académico, oficial e institucional? No es desde ninguna posición filosófica ni disciplinar desde donde deseo hablar de los afectos, el arte y la cultura.

De entrada, ¡qué pereza! Camino de París, sentado en un TGV, medito a partir de abstracciones de ideas. Una línea reflexiva puede trazarse entre la historia del pensamiento y el actual estado neoliberal donde las tecnologías emocionales conquistan de manera imperceptible pero sin descanso cada resquicio de nuestra mente. Mientras la mirada se pierde en el horizonte, nos adentramos en el interior de las formas y los afectos.
Un paso decisivo en este debate lo dio el filósofo y crítico literario Georg Lukács cuando en 191o publicó una selección de textos de juventud con el título El alma y las formas. Se trata de una compilación de ensayos de marcado tono idealista previos a su entrada en el marxismo, y que expresan el existencialismo burgués y los problemas de la soledad, la alienación y las cualidades curativas de la forma estética. No se sabe el porqué de este orden en lugar de su contrario, las formas y el alma. El peso del significado varía sensiblemente dependiendo de si leemos “forma” o “alma” en primer lugar. En ambos casos hay un matiz diferente, y algo similar sucede cuando nos referimos a las formas de afecto o al afecto de las formas. ¿Cómo distinguirlas? ¿De qué modo desgajar su insondable diferencia?


El alma y las forma, diseño apropiado para Lukács


El propio Lukács no se complicó demasiado, y tituló su libro El alma y las formas, regalando al lector toda una guía reflexiva y sensorial con la que pensar el afecto como inseparable de la forma. Pensemos en esto mediante un ejemplo sacado del propio autor. El primer ensayo del libro lleva por título “Sobre la esencia y forma del ensayo”. Se trata de un texto sobre la naturaleza híbrida del género ensayístico o, más bien, sobre si Lukács puede llegar a escribir un ensayo, o si tiene alguna contribución que hacer a esta forma. El texto en cuestión es además una carta, como indica su subtítulo “Carta a Leo Popper”. Pero entonces, ¿qué clase de escritura es, ensayo o carta? Esta ansiedad interpela al lector, quien encuentra la calma en la certeza de que la forma no es únicamente el tema del libro sino también la forma misma de la investigación en sí.

Judith Butler, en la introducción a una nueva edición en inglés de Soul & Form, nos recuerda que las formas se dan cuando un cierto requerimiento para expresar la realidad de alguna manera ejerce una demanda, y las formas quedan obsoletas cuando esta exigencia pierde su razón de ser o su componente de necesidad. Para que una expresión sea comunicada, y por lo tanto para mediar entre el auténtico impulso de un creador y las condiciones sociales dentro de las cuales el creador trabaja, una forma tiene que ser encontrada o creada. La forma no se añade sobre la expresión sino que deviene su condición, el signo y la posibilidad de su verdad subjetiva. Por ello para Lukács, si vamos a escribir sobre un tema, debemos no sólo hallar una forma para ese escrito sino también determinar qué clase de forma permite la articulación del tema y qué tipo de forma ese tema exigirá. Su creencia en la forma como destino último en el que se resuelven las aporías internas del sujeto (autor) llevan a Lukács a escribir apasionadas líneas no exentas de idealismo: “La nostalgia es siempre sentimental, pero ¿hay formas sentimentales? La forma es una superación del sentimentalismo; en ella deja de haber nostalgia y soledad: devenir forma es la gran consumación de todo”.




Mientras estas palabras resuenan, pienso en la forma del ensayo y en la posibilidad de una escritura ensayística que sea por propio derecho una declaración de amor. Tengo en mente la forma de la carta, la carta de amor. La lengua francesa, que según dicen es el idioma del amor, parece incapacitada para pensar algunas de estas sutilezas lukácsianas. “Longing and Form” es otro de los ensayos pero, para mi sorpresa, en la versión castellana (antigua y encontrada en la usura de Internet) longing se traduce como nostalgia. Durante años había traducido en mi cabeza longing como anhelo. ¿Acaso el anhelo describiría una nostalgia por un futuro que todavía no ha sido mientras que ese otro longing define una nostalgia por lo ya pasado? A pesar de que el autor escribiera en húngaro y también en alemán, los matices entre idiomas no dejan de proporcionarnos diferencias infinitesimales. Los franceses no tienen una palabra para longing que no sea nostalgie, y para anhelo tienen désir y envie. Pero no es lo mismo. Los ingleses, que al parecer son menos sensuales que los franceses, tienen también yearning. En cualquier caso, todas estas palabras definen estados emocionales. ¿Afectos y emociones significan acaso lo mismo?

Afecto y emoción (en el realismo literario)

Si la historia del arte puede leerse como activación de esta dialéctica entre forma y afecto, ¿qué decir de la literatura? En su reciente The Antinomies of Realism, Fredric Jameson elabora toda un teoría del afecto como uno de los rasgos de la novela realista que nace en el siglo XIX con Zola, Tolstoi y Pérez Galdós entre otros. La percepción de los afectos burgueses a mitad del XIX y su consiguiente registro literario es precisamente una de las novedades formales del realismo moderno (Flaubert) frente a la anterior generación (Balzac). No es que los afectos no existieran antes, sino que éstos encontraron un registro lingüístico/formal propio y de este modo pudieron cobrar existencia literaria a través de la nueva novela realista. Una vez más, las formas (y también la técnica). Jameson pone como ejemplo extractos de la novela de Zola El vientre de París donde se describen minuciosamente los mercados parisinos, sus productos y olores (pescados, quesos y demás). Las percepciones se convierten en sensaciones, y las palabras capturan una experiencia indecible de un modo corpóreo, de manera que “el reino de lo visual comienza a separarse de lo verbal y conceptual para flotar en una nueva clase de autonomía. Precisamente esta autonomía creará el espacio para el afecto: justo porque el gradual debilitamiento de las llamadas emociones y de las palabras abiertas para ellas abren un nuevo espacio en el que lo irrepresentable y los innombrables afectos pueden colonizar y hacer suyos”.


The Antinonies of Realism, Fredric Jameson, Verso, 2013


Jameson establece entonces una peculiar (y discutible) diferenciación entre afecto y emoción. Básicamente, el afecto o estado afectivo sería una sensación predominantemente corporal mientras que las emociones, las pasiones, son más estados de conciencia. “Cualquier proposición sobre el afecto lo es también sobre el cuerpo” escribe. De este modo, el enamoramiento sería una emoción mientras que la depresión es un estado afectivo con obvias consecuencias físicas. Pienso aquí en el personaje de Justine (Kirsten Dunst) en Melancolía (2012) de Lars von Trier, para quien la entrada del planeta en la órbita de la vida acaba reduciendo el cuerpo a un estado inerte, apagado, incapaz de responder a los estímulos exteriores, como si toda la energía vital del sujeto estuviera siendo absorbida por ese objeto y acontecimiento exterior.

Otra diferencia fundamental entre afecto y emoción se daría en el orden lingüístico, pues mientras el primero elude el lenguaje y la nominación de los estados, la emoción es algo que tiene nombre: amor, odio, rabia, miedo, disgusto, placer, etc. Estos sentimientos se cosifican en virtud de su nombre. El afecto, por su parte, deviene como una paleta cromática que calibra la escala corporal arriba y abajo desde la melancolía a la euforia. Al margen de una discusión teórica acerca de lo que separa los afectos y las emociones, ambas están en la agenda de la actual cibernalización del alma y la subjetividad.




Tecnologías y relatos de la emoción

Esta diferencia entre el afecto y la emoción no es únicamente el trasunto de un debate ontológico en el arte y la literatura a través de la siempre sugerente óptica de la teoría crítica. La gestión y optimización de los afectos (aún como innombrables o irrepresentables efectos), y la propagación y distribución de las emociones corresponde ahora al mercado y la publicidad en la sociedad de consumo. Pensemos en Guy Debord, quien en sus derivas situacionistas concibió la ciudad como una guía psico-geográfica que actuaba sobre el comportamiento de los individuos. El sistema posmoderno, en nuestro tiempo, hace tiempo que se apropió de la abstracción del afecto en el espacio urbano a través de la nueva ciudad urbana gentrificada que es ahora experienciable para las multitudes en tanto individuación del comportamiento y modo de sentir. Por ejemplo, en la espacialización de la música a través de iPods y el modo en que el aislamiento del sonido absorbe el entorno en una nueva realidad conectada al órgano del oído. El viejo “hombre andante” o Walkman, es ahora el hilo sonoro que nos aísla y conecta simultáneamente con el entorno urbano y el interior del yo y la conciencia.

El cine ha captado recientemente algo de este mundo sensorial conectado al oído de manera inquietante en Her, de Spike Jonze, que en ningún caso es una película sobre el amor ni tampoco gira sobre la relación entre un humano (un usuario) y su sistema operativo. Más bien, trata del final de la lectura y la escritura y con ellas la consiguiente pérdida de la capacidad para imaginar y desear. Esto es, los afectos. Su protagonista Theodore (Joaquin Phoenix) trabaja para una empresa llamada Beautiful Handwritten Letters desde donde escribe cartas de amor para clientes que hace tiempo dejaron de usar la escritura como vehículo para comunicar afecto. La sombra del joven e idealista Lukács se cierne sobre este pasaje argumental. Theodore dicta el texto con su voz y el ordenador ejecuta la escritura en diferentes y significativas caligrafías.


El oído como canal sensorial. Sentimiento en Her, de Spike Jonze

Pero quizás es mejor destripar Her a partir de algunos rasgos de lo posmoderno tal y como fueran definidos hace unas cuantas décadas por el propio Jameson, pues uno de las características del posmodernismo estaría en la disminución del afecto (waning of affect). Esto es, afecto en el sentido coloquial de la palabra, como empatía o como sensibilidad hacia algo. El posmodernismo describiría este ocaso del afecto a través del proceso en el que el sujeto ha perdido su capacidad activa para crear un sentido de continuidad entre pasado y futuro, a la vez que tiene dificultades para organizar su existencia temporal en una experiencia coherente. Esto reduce su capacidad para la producción cultural a “montones de fragmentos”, azarosos y eclécticos. La siguiente definición en Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío puede ahora leerse en paralelo a este filme: “El propio concepto de expresión presupone una escisión en el sujeto, y junto a ella toda una metafísica de interior y exterior, del dolor sin palabras que encierra la mónada y del momento en que, a menudo de modo catártico, esa ‘emoción’ se proyecta fuera y se exterioriza como gesto o como grito, como comunicación desesperada y dramatización externa del sentimiento interno”. Lo que Theodore necesita es este grito, esta explosión corporal que permanece secuestrada por reblandecidas capas de estética colorista y tecnología amiga.

Hay otra película reciente que me hace pensar en esta relación entre el afecto y las emociones: Drive (2011) de Nicolas Winding Refn. En mi opinión su culto se debe a que apunta directamente a una esfera senso-emocional con la que el espectador llega a identificarse. Esta identificación tiene mucho de adolescente. Drive es cine adolescente para adultos, un producto que combina acertadamente dosis de estética sublime con momentos de brutalidad. Por brutalidad no me refiero sólo a la ultraviolencia perfectamente colocada como contrapunto al ritmo pausado del filme, sino a la mezcla de estilismo y ritmo combinados en diferentes niveles narrativos en los que la banda sonora juega un papel primordial. La escena del paseo en coche entre Ryan Gosling, Carey Mulligan y su hijo reproduce esta brutalidad; una forma de poesía manierista y sensiblera dirigida directamente al aparato senso-emocional. Las imágenes ralentizadas o slow motion con música tecno-pop retro de fondo describen toda esta emoción, así como la escena del ascensor que superpone este contraste entre romanticismo y descarga de virulencia. Brutalidad y emoción. Esta e-moción no responde exactamente al mismo principio que lo sentimental. El consumidor adolescente necesita emoción, no sentimentalidad. El adolescente es una estructura abierta, un sujeto de deseo constante, y la forma del pop es la que mejor satisface esta demanda. El alma (el afecto) y la forma (del pop).




Un caso reciente de una estética de la emoción en la cultura popular tiene de nuevo a Spike Jonze y a la banda indie-mainstream Arcade Fire sus protagonistas. Spike Jonze grabó un videoclip para la canción “Afterlife” de la banda canadiense en los premios MTV con la actriz Greta Gerwig (actual musa indie desde esa otra película que es Frances Ha). Lo que comienza como un videoclip melodramático da paso a una coreografía mientras el espectador descubre que la performance se realiza “en riguroso directo” mientras Arcade Fire ejecuta la canción. El artificio melodrámatico y la coreografía de Greta es todo un compendió de retórica y gestualidad pop. Gestos y movimientos hipercodificados que en sí mismos comunican como formas pop. La performance contemporánea no puede dejar de lado ejemplos como éste donde la emoción invade cada poro. La cultura comercial ha canalizado la emoción y sofisticado sus formas regalándonos de paso placeres culturales contingentes que no están destinados a perdurar en el tiempo. Disfrutémoslos en su brevedad antes de que pasen a ingresar en el basto archivo olvidado de la cultura visual.





* Las ideas de este breve ensayo fueron preparadas con motivo de mi participación en la conferencia inaugural de la exposición Disparité et Demande, comisariada por Pedro de Llano en La Galerie, Noisy-Le-Sec, París, mayo 2014. La exposición se enmarcaba en un ciclo bianual con el título de Les Formes des affects / Forms of Affects.
** Publicado en input magazine, nº 2, Madrid, septiembre 2014

11/21/2012

Migración de la forma


Representaciones del capital los podemos encontrar en los "buques insignia" de las ciudades. Aquí Oslo.

Una visita a la ciudad noruega de Oslo iba a concederme un momento para una sorpresa, un instante de desconcierto y una reflexión. Recientemente he estado en este país que parece situarse al otro lado de la balanza económica del sur de Europa. Después de un recorrido por la ciudad, y previa visita a la icónica arquitectura de la opera, la cual se erige en un simbólico souvenir para el turista, una reunión me llevó al Henie Onstad Kunstsenter. Construido en 1968 como una donación por un matrimonio formado por los coleccionistas Sonja Henie y Niels Onstad (ella campeona olímpica de patinaje y estrella del cine en Hollywood, él, empresario) este centro artístico puede considerarse como uno de los más armoniosos en la combinación de arquitectura, escala, paisaje, colección y programa. Una delicia para el visitante que recorre sus salas entre paredes de piedra acementada (cortesía del mortero brutalista) y detalles de arquitectura de época. Es en el despacho de la directora, Tone Hansen, donde mi mirada va a fijarse a una publicación excesivamente familiar. Mientras lo cojo, pierdo la noción del tiempo y el espacio. ¿Dónde estoy? No tardo nada en darme cuenta de que el ejemplar que se presenta a mi mirada, y ya entre mis manos, no es otro que el catálogo del Grupo Gaur, publicado en 1966 con motivo de la exposición en la Galería Barandiarán de San Sebastián, y que sirviera como fundación del grupo y la denominada Escuela Vasca. Mientras lo inspecciono, compruebo que todo está ahí: las páginas a modo de ficha cuadrada, la primera hoja con el manifiesto, las sucesivas secciones… no falta nada. 

Catálogo del grupo Gaur en Oslo. Ref. arriba a la derecha: "Blandede Int. Utstillinger -1966". El amarillo es de la foto...

El aspecto físico de la publicación es sorprendentemente nuevo, parece que no tuviera más de una década. En el lado superior derecho, una marca bibliográfica señala la publicación como perteneciente a un fondo de los archivos del centro de arte (también conocido como HOK). Entonces no solo el archivo como método cobra sentido, sino aquel concepto articulado en la documenta 12 (2007) y que releía la historia de la modernidad como la de la migración de la forma. No solo las formas volaban y atravesaban continentes, en la “era del espacio”, aunque la movilidad fuera infinitamente menor a la actual, sino que el tránsito acarreaba experiencia, legado, donación.

En ese momento, en la situación y sobre la portada del catálogo, le señalo a Tone las figuras de Néstor Basterretxea y Jorge Oteiza, los cuales ya aparecían fotográficamente en otra publicación de HOK (en concreto en un ensayo que escribí sobre la historia de las instituciones artísticas en el País Vasco y que mostraba a los dos escultores posando con la maqueta para la fundación Sabino Arana, 1979). Pero antes y después del hallazgo, un par de imágenes vendrían a puntuar mi interpretación. Llegando al museo una escultura llama mi atención. Situada en un pasillo, la figura antropomórfica, blanca, podría tratarse de un ejemplo de modernismo europeo de post-guerra, algo entre Henry Moore y el “modulor” de Le Corbusier, y posiblemente no llamaría mi atención si no me recordara (tipológicamente) a una escultura de Oteiza, Figura para el regreso de la muerte (1950). 


La otra imagen que capta mi atención después de toparme con el catálogo del Grupo Gaur está situada en la pared de mortero, justo a un lado de la entrada del restaurante y es ésta que reproduzco a continuación: un relieve de Chillida de mediados de los sesenta en donde la plaqueta pone simplemente “relief”. Pero en lugar de hacer conjeturas sobre cómo el catálogo llegó allí y cuándo, prefiero quedarme con la impresión de que nuestro quehacer, el quehacer de cualquier artista, traspasa fronteras físicas e imaginarias mucho más lejos de lo que somos conscientes. En la sociedad de la información esto parece un hecho, y aún así nos sorprendemos cuando inesperadamente nos llega un feedback del espacio exterior. Hacer el ejercicio de pensar la migración de la forma en décadas anteriores supone entonces un desafío apasionante, un recorrido lleno de narraciones, una morada para el storytelling. Como esa historia que me narraba Néstor recientemente, acerca sobre un visitante irlandés que le visitaba hace escasas fechas diciéndole que era un honor estar en Idurmendieta, pues durante mucho tiempo había especulado sobre la identidad de ese artista de apellido extraño que había aprendido en casa de Henry Moore, quien se deleitaba (al final de sus días) contemplando las imágenes de aquel artista vasco a través del formato XXL de la publicación de Ediciones Vascas (1977). 

Eduardo Chillida, "Relief", 1965

4/25/2012

POP POLÍTICO: formcontent Depeche Mode



El sonido metálico del martillo al golpear un yunque. Una aguda vibración dirigida al oído. Este particular sonido fue utilizado por Depeche Mode en álbumes como Construction Time Again (1983). Si “Pipeline” orquestaba toda una sinfonía de ruidos industriales compasados y ribeteados por una melodía de estilo japonés que manifestaba el trabajo obrero en la construcción, el descubrimiento del “efecto yunque” devenía en una de las marcas de los chicos de Basildon. “Blasfemous Rumours” por ejemplo, comenzaba con ese sonido peculiar mientras se hablaba de adolescencia, religión y suicidio en, tengo que confesar, uno de mis temas preferidos de DM. O también “People are people”, todo un himno de resonancias foucaultianas cuyo repetitivo machaque metal no podía sino introducir contenido a través de la forma (en el caso de la música el propio sonido). El revestimiento de toda una iconografía industrial (fábricas, cadenas y cañerías) no era exclusivamente una decisión estética aislada, sino que venía unida a la exploración del sonido industrial que por aquella época comenzaba a fusionarse con la electrónica y el ruidismo. Pero además, el sonido del martillo en el yunque introducía la cuestión de la clase social (de la que, por lo general, los ingleses han sido históricamente más auto-conscientes que nadie) de modo que no solo DM conseguía hablar de sus orígenes y de Basildon, sino que a su vez conectaban con todo un público deseoso de trascender y evadirse de las constricciones de clase y género. 

6/30/2009

Cuestiones técnicas (New Order Technique)



Se cumple este año el vigésimo aniversario de la salida del album Technique (1989) de New Order. Grabado en parte en Ibiza, en medio del delirio del acid y los "smiles", Technique puede ser considerado como la obra más completa de New Order. Atención especial merece el trabajo gráfico de Peter Saville, como si ese mismo espíritu ácido hubiera contaminado la idea inicial, en un alarde de las posibilidades (técnicas) de Photoshop. 
Es fácil imaginar cómo este recurso "ácido" ha tenido una influencia extrema en gran parte de soluciones en los ámbitos de la comunicación y la publicidad. Merece la pena observar el tratamiento tipográfico, de una gran sutileza. Hay que reseñar que Lawrence Weiner fue el artista encargado de hacer un diseño para un cartel que anunciaba esta salida del disco Technique. A falta de una imagen del póster original he encontrado sin embargo el diseño de arriba.
A vueltas con la técnica, o con las cuestiones técnicas, he aquí dos fragmentos rescatados de un boceto de texto a realizar.

“Por tanto, antes de preguntar: ¿en qué relación está una obra literaria para con las condiciones de producción de la época?, preguntaría: ¿cómo está en ellas? Pregunta que apunta inmediatamente a la función que tiene la obra dentro de las condiciones literarias de producción de un tiempo. Con otras palabras, apunta inmediatamente a la técnica literaria de las obras. Con el concepto de la técnica he nombrado ese concepto que hace que los productos literarios resulten accesibles a un análisis social inmediato, por tanto materialista. A la par que dicho concepto de técnica depara el punto de arranque dialéctico desde el que superar la estéril contraposición de forma y contenido”. Walter Benjamin en El Autor como Productor.

 Godard: Por primera vez podemos responder a la pregunta de cual es nuestra relación con los trabajadores. Si estuviéramos haciendo una película en la época de los sucesos de Mayo y Junio, nuestra forma de relacionarnos con la gente corriente, con las llamadas masas, sería volver a un punto cero de la realización cinematográfica… Se acabaron las panorámicas, los travelling y el zoom, que por otra parte he utilizado cientos de veces. Esas técnicas no me hacían feliz porque descubrí que no mostraban ninguna relación con la realidad. Entonces me sentí obligado a volver a la cámara fija, al plano medio fijo, porque es así cómo la gente corriente rueda a su familia en las vacaciones con la Instamatic. Ahora descubrimos que esa gente corriente, esa gente real se mueve, inventa nuevas formas de lucha contra la opresión que sufre, sea el jefe si son trabajadores, el marido si son mujeres o el americano si son vietnamitas. Así que ya no podemos seguir utilizando el plano fijo. Tenemos que inventar una nueva forma de hacer un travelling, aunque técnicamente parezca igual. Pero como somos marxistas o maoístas, lo que importa es el uso social de la técnica, no la técnica per se.”

 En “Comentarios mediáticos a Tout va bien”. Una entrevista con Jean-Luc Godard y Jean Pierre Gorin

 NeworderTechnique