![]() |
| The Great Method. Casco Issues X. Casco, Utrecht, 2007 |
La pasada semana participé en unas
jornadas en el Centro Huarte alrededor de la exposición Autoedit. Aunque hice
un repaso rápido de al menos 10 publicaciones editadas, se me quedaron algunas
cuestiones en el tintero.
¿Qué es un editor de arte? ¿Cuándo emerge
esta figura del editor de arte? ¿Cuáles son los requisitos o habilidades de un
editor de arte?
Aunque en el ámbito literario podemos más
o menos identificar la figura del “editor/a”: ¿Y en el arte? Sin duda hay un
trasvase y un paralelismo desde los 90 del comisariado hacia la edición, aunque
cada uno de ellos tiene sus especificidades: Del espacio físico de exposición en
3D al espacio físico del papel en 2D. La suma de páginas en 2D produce un
objeto 3D, un objeto que es el resultado de la interacción de numerosos agentes
y que suma detalle tras detalle en la consecución de un objeto-horizonte.
Una
práctica contextual supone realizar el salto desde el contexto de la exposición
y el display a la superficie
editorial extendiendo los roles: artista, comisario, crítico de arte/escritor y
también editor. Esta idea de “CONTEXTO” es prioritaria. En lugar de hablar de
“proyectos” editoriales y de “auto-edición” resulta más productivo referirnos a
actividades paralelas instigando una teoría del paralelismo contextual. co-op
no es un proyecto per se, sino una
actividad sumada a otras actividades paralelas que coinciden, colisionan, se
superponen a la hora de trabajar con arte y con artistas. Una línea a
interseccionar con otras líneas de actividad.
El siguiente fragmento de Bruno Munari
sacado de ¿Cómo nacen los objetos?
define algunos de los requisitos exigibles a un editor en arte:
Actividad editorial
No sólo la
proyectación gráfica de la portada de un libro o de una serie de libros, sino
también la proyectación del mismo libro como objeto y, por tanto, el formato,
el tipo de papel, el color de la tinta en relación con el color del papel, la
encuadernación, la elección del carácter tipográfico según el argumento del
libro, la definición de la extensión del texto respecto a la página, la
colocación de numeración de las páginas, los márgenes, el carácter visual de
las ilustraciones o fotografías que acompañan al texto, etcétera.[1]
Los lectores podrían pensar que estos
requisitos son más propios del diseñador que del editor, pero no. El diseñador
está para colaborar con el editor y con el autor/artista en una triangulación a
ritmos e intensidades variables que nunca son las mismas. Cada publicación es site-specific y exige su propio modo de
realización. coop, más tarde co-op, se entiende por cooperación, cooperativa
pero también por co-optación, co-óptico.
De nuevo Munari:
Estética
Modo coherente
con el que las partes forman un todo
La coherencia formal, la interrelación
entre forma y contenido es la tarea del editor en arte.
La auto-edición es para mí una medida
para satisfacer las necesidades de la auto-creación. En la medida que esa
necesidad se alimenta en otros lugares y esferas, la auto-edición deja paso a
las actividades paralelas. La clave para entender estas “actividades paralelas”
se encuentra en la búsqueda de libertades individuales y colectivas y la
redefinición de los roles en el arte propias de los 90.
Se trata de crear espacio de actividad
autónomos y propios. En mi caso puede ser co-op y también este mismo blog, Crítica y metacomentario.
Nota final: abordar los peligros del
fetichismo del papel y el riesgo de un nuevo hipsterismo en ello.
