Resulta recurrente la capacidad metafórica de unas nubes negras. En Take Shelter éstas traen los peores presagios para el protagonista. Esta película de corte indie da una vuelta de tuerca al cine catastrofista al aliarse con el drama psicológico y hasta con el thriller de terror, consiguiendo convertirse en un termómetro de los miedos que anidan en el corazón no pocas personas en el mundo occidental. La película de Jeff Nichols es muy americana, sí, y retrata a una familia media típicamente norteamericana. Lo interesante surge cuando esa misma condición preconcebida de clase (por los estereotipos del lifestyle americano de vivienda unifamiliar con terreno y grandes coches) no esconde sino a una clase obrera que sobrevive con grandes dificultades y con gran preocupación por el futuro. Las pesadillas que comienza a padecer Curtis LaForche (Michael Shannon) son la premonición de una inseguridad asentada en la psique y que comienza a pasar factura. El stress del trabajo, la rutina y la protección familiar hacía su hija descapacitada hacen que Curtis comience a sufrir una mutación; a menudo en nuestra sociedad, la búsqueda de protección en un mundo hostil es la causa de refugios que van desde la religión hasta las comunidades de toda clase. Curtis comienza a buscar cobijo en un refugio contra tornados que acabará por poner en jaque a su propia mujer (Jessica Chastain) y la pequeña. Las amenazas pesadillescas consiguen retratar la miseria de la vida estadounidense, desde las deficiencias en la salud pública, la hipocresía de las comunidades vecinales, el fanatismo religioso y el mundo del trabajo, donde el despido llega precedido de una desprotección ruin por parte de la seguridad social. En este sentido, Take Shelter se convierte en toda una película sobre una clase obrera norteamericana que generalmente no encuentra en el cine de Hollywood un espacio de representación fidedigno. El cruce de géneros de Nichols es en este sentido una plataforma excelente, aunque el director lo fía todo a un barniz indie que ha hecho que el filme tenga una muy buena acogida de crítica (en Sundance por ejemplo).
Pero si la crisis económica actual y la catástrofe medioambiental sobresalen como metáforas más o menos obvias en Take Shelter, conviene fijarse en algunos detalles de esa misma clase obrera que retrata. Por ejemplo, no es casual que LaForche se dedique a perforar el suelo. La definición del humilde obrero norteamericano como un perforador (ya sea buscando petróleo u otras sustancias) responde a una intención de tipicidad que denota una cualidad quasi-heroica. Ataviado con su look Caterpiller, la clase obrera norteamericana aspira a redimirse en esa imagen mítica del polvoriento forjador del país (que tanto enorgullecía a intelectuales pragmatistas como Richard Rorty, autor de títulos como Achieving Our Country – Forjar nuestro país) y que en el imaginario popular no está muy alejado del cowboy sino del buscador de oro. Otro detalle interesante se encuentra en el propio apellido del protagonista, LaForche, en la que “forche” (en francés) remite literalmente a los antiguos rastrillos utilizados por el campesinado, y “forche” en el lenguaje universal del trabajo ahora significa las palas típicas de las elevadoras tipo Fenwick, por lo que el gran apellido inventado por Nichols es un guiño autoparódico a la propia condición de clase del personaje. Incluso la elección del container como motivo desencadenante del drama tiene su componente metafórico: LaForche, ante el temor del advenimiento del Apocalipsis en forma de tormenta, desea acondicionar el refugio para tornados al lado de su vivienda (que parece ha estado bastante tiempo en desuso). Para ello, se concentra en la compra de un container, el cual lo instalará en el hueco para el refugio anti-tornados (haciendo así del container un refugio único provisto de todo lo necesario para la supervivencia). Pero se encuentra con un problema; la compra del container y el resto de materiales necesarios requiere de una inversión económica que pone en jaque la propia economía familiar. LaForche pide un préstamo al banco a espaldas de su mujer para dicho nuevo refugio anti-tornados ante el escepticismo del propio banco sobre su conveniencia. Pero hay más, LaForche cree que coger material de la empresa (una excavadora) durante un sábado, y con la complicidad de un amigo-trabajador, es factible para su necesidad doméstica extra-laboral. Gran error, cuando el jefe se entera LaForche es despedido de facto. No es solamente la división entre trabajo y no-trabajo lo que subyace en ese tipo de relaciones, sino la identificación del trabajador con la propia maquinaria con la que trabaja como parte de su propio universo. En cuanto al containner: la progresiva containnerización del trabajo ya ha sido objeto de distintas interpretaciones (pienso en David Harvey) en tanto sustitución del antiguo intercambio manual de mercancías a la burocratización y tecnocratización de dicho intercambio y que conlleva la pérdida de los valores de solidaridad y comunidad del obrero debido al aislamiento e individualización del trabajo así como su dependencia de los programas monitorizados. En los grandes muelles y puertos, la containnerización ha supuesto una criba en los propios sindicatos de trabajadores (algo que la serie televisiva The Wire logró capturar a la perfección en su Temporada 2 a través de la trama de Sobotka y “el Griego” en la zona portuaria de Baltimore). El container supone el fin del trabajo. Asimismo, supone una pertinaz imagen alegórica del urbanismo y la arquitectura en el capitalismo tardío. Y es en un container donde LaForche desea proteger a su familia de los miedos y ansiedades del mundo.
Pero al lado del trabajo, el otro gran espacio para la reflexión es la familia. Pienso en otras películas en las que el orden institucional de la familia sirve como sensor de angustias epocales. Por ejemplo, Cabeza borradora (1977) de David Lynch, donde el espíritu “no future” del punk queda magistralmente destilado en la claustrofobia de un sórdido paisaje post-industrial. ¿No estaríamos en Take Shelter ante una película que adelanta un tipo de angustia contemporánea que podría considerársela como de capitalismo de ansiedad? Pero sin solución de continuidad, la angustia o el temor ante el futuro no se manifiesta sin sus consecuencias psíquicas, y la esquizofrenia paranoica diagnosticados a LaForche no es únicamente una herencia psicótica de su madre (recluida en un sanatorio mental), tal y como esa institución que es la Psiquiatría quiere siempre hacernos creer, apelando a causas biológicas y de la naturaleza, sino quizás los síntomas de una enfermedad que bajo el stress y la ansiedad se va instalando en lo más profundo de nuestros subconsciente hasta finalmente hacer acto de aparición.

