La documentación visual de lo inmaterial, típico del arte experimental de los años sesenta y setenta, se presenta de ese modo sin la fetichización de “obra”. Lo que encontramos aquí son grabaciones, documentos. Así como muchos sistemas corporales, técnicas y terapias de conexión mente-cuerpo, fueron acuñados desde los setenta, Paxton rechazó mercantilizar la “improvisación de contacto”, su contribución principal a la danza y al movimiento del cuerpo, dejándola como una praxis que crece ingobernable y en comunidad por el mundo. Fue a partir de piezas como Magnesium y Contact Improvisation (1972), que se dio a conocer esta forma de improvisación inspirada en artes marciales como el Aikido, y en la que dos personas permanecen unidas moviéndose al unísono en una dialéctica de pesos y contrapesos, cuerpos entrelazados que se sostienen y se levantan. En el ejercicio, se abandona el uno, el yo, lo individual, para unirse a un otro, convirtiéndose en un dos. Piel con piel, lo que importa es el “entre” dos cuerpos. Mientras su figura sigue inspirando a miles de practicantes, su legado es decisivo para el arte contemporáneo. Paxton comenzó temprano en la compañía de Merce Cunningham, en 1958, para a continuación comenzar lo que poco después llegaría a ser la Judson Dance Theather junto con Lucinda Childs, Trisha Brown e Yvonne Rainer, quien dijo de él que “parecía como un saltimbanqui que acaba de saltar fuera de una pintura de Picasso”. Colaboró tempranamente con Cage y Rauschenberg, y su obra ha de leerse en paralelo a la de Vito Acconci, Bruce Nauman y Richard Serra.
Paxton
habla desde una atalaya zen, fascinante y seductor. Ejercita una filosofía de
la vida cuya radicalidad le convierte en emblema e inspiración. Una forma de vida
y un cuerpo que camina. Gestos cotidianos como sentarse, permanecer de pie,
sonreír y andar, sirven a la pregunta: “¿Qué hace mi cuerpo cuando no soy
consciente de él?” La gravedad, la desorientación, la inercia, lo táctil. Hay
en la filosofía de Paxton una licencia para diferir, distinguirse, improvisar.
Una anarquía y un espíritu libertario en la desinstitucionalización de la danza
y el cuestionamiento de la autoridad; un planteamiento de la cultura muscular
del deporte; una crítica a la militarización de las compañías de danza y el
ballet; una normalización de la indumentaria del bailarín y más.
Si
bien los museos y las instituciones del arte hace tiempo se convirtieron en
espacios interactivos donde tumbarse, jugar e incluso echar la siesta, en esta
ocasión la exposición funciona no solo como espacio para sesiones Jam de improvisación, sino como divulgación
de un estilo de vida y una ética corporal.
Lo que artistas como Steve Paxton realizan es principalmente conceder permisos:
permisos para inventar de nuevo, para reestructurar el sentido de la danza por
completo. Como él lo hacía en su improvisación con música de Bach
(grabación de Glenn Gould al piano de Las
Variaciones Goldberg). Y todo esto sin hablar del Giro coreográfico en el arte contemporáneo actual.
* Steve
Paxton, Drafting Interior Techniques,
Azkuna Zentroa, Bilbao, hasta el 10 de mayo
