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9/12/2017

Fortunas de la llamada estética relacional



Pocas categorías artísticas han alcanzado tanto éxito y han sido a su vez tan denostadas en estos último veinte años como la Estética Relacional. En España, la Estética Relacional (en adelante ER) tiene mala prensa o, por el contrario, se la ha considerado como una llave en el desarrollo y modernización de algunos museos de arte contemporáneo. El énfasis en esta “llamada” ER pone el acento en su denominación como una marca o sello en la época en la que los grandes estilos y movimientos son cosa del pasado. Habría que retroceder a los setenta y ochenta para encontrar tendencias que en su transición de la modernidad a la posmodernidad ingresan en la historia del arte canónica. En plena posmodernidad, toda novedad a perdurar encuentra el límite de su propia temporalidad y duración. Parte del éxito, y a su vez del fracaso, de la ER se encuentra en esta nostalgia de la historia del arte como un continuo cartografiable en medio del caos en que se ha convertido el arte contemporáneo globalizado (desde los noventa hasta el presente). A esto habría que sumar la restitución del comisariado y el curating de la anterior historia del arte.

Desde comienzos del 2000, la ER ha sido objeto de distorsiones, contradicciones y malos entendidos. El significado que la acepción tiene para mí es, antes que una “estética” o un estilo artístico o modo “relacional” de relaciones humanas que sean intersticios o se pretendan alternativas, una categoría periodizadora de un momento histórico concreto: los años noventa. No deseo revisar aquí el famoso libro del crítico de arte y comisario Nicolas Bourriaud, Esthétique relationnelle (publicado en 1998 por Les Presses du réel, una casa de ediciones vinculada al centro de arte Le Consortium de Dijon), sino contribuir a tejer una intrahistoria.

Seguir leyendo en campoderelámpagos.org 




12/22/2013

Metacomentario: Pierre Huyghe y Philippe Parreno

Pierre Huyghe en el Centre Pompidou de París

Philippe Parreno Anywhere, Anywhere Out of the World, en el Palais de Tokyo, Paris





Hace algunas semanas escribí una reseña en A-Desk que republiqué más tarde aquí sobre la exposición de Philippe Parreno Anywhere, Anywhere Out of The World en el Palais de Tokyo.
En ella realizaba un sucinto comentario de la paralela exposición de Pierre Huyghe en el Centre Pompidou de París. Ambas merecen ser consideradas como grandes ejemplos de la exposición como media. Al mismo tiempo, la cuestión de la Estética Relacional circula alrededor como una misteriosa e ineludible sombra. Sin embargo, ha llegado el momento de hablar de una post-estética relacional. Parreno, Huyghe, desbordan las estrecheces de la teoría. Comienzan a aparecer diferentes artículos que hablan de estas dos muestras, mientras que las redes sociales se convierten lugares donde la gente airea su preferencia: Huyghe y/0 Parreno. O Parreno versus Huyghe. Como si se tratara de un referéndum estéril, esa misma gente tiende a realizar un ejercicio comparativo. Huyghe gana a Parreno por lo que parece. No coincido con esta apreciación, como no concibo la necesidad de oponer el uno al otro. En cualquier caso, he aquí una pequeña reflexión sobre dicha percepción que estaba ausente en mi reseña anterior. Huyghe “y” Parreno, que no “versus”.

Reconozco que Philippe Parreno me dejo frío al principio, disperso en la inmensidad de los 22.000 metros cuadrados del Palais de Tokyo. No obstante, su calculado dispositivo temporal y espacial, como si de un reloj o un péndulo se tratara, deja sensaciones a largo plazo. Lo que se hace difícil es incorporar las transiciones de un espacio a otro como parte de una totalidad. Es ahí donde la exposición de Parreno parece que falla y es también en ese punto donde “simula” decepcionar. La difícil relación con la arquitectura hace que la generosidad de los espacios se incorpore a las obras. No es la de Parreno la exposición más visual, como sí lo es la de Huyghe.
En mi opinión, el espectador que esperaba más de Parreno consciente o inconscientemente tiende “compararle” con la exposición de Huyghe, donde efectivamente todo se presenta más orgánicamente, como un caos organizado. Hay en Parreno una serie de innovaciones desde el punto de vista de la concepción de la exposición que a mi modo de ver debería marcar un momento reflexivo para el futuro inmediato comisarial.

Una consideración de la exposición como media saliente de una potencial maquinal que supera la simple distribución de obras e instalaciones en las salas. A diferencia de Huyghe, Philippe Parreno ha hecho cómplice a la arquitectura de la institución pero no solo a ella, también al “aparato” institucional per se, esto es, el conjunto de las reglas y normas que regulan el dispositivo (en el sentido de Foucault) institucional. Esto incluye cosas concretas, actitudes e innovaciones de arte aplicado. Desde señalar el paso transicional de la realidad a la institución (la primera Marquee); el rediseño del hall de recepción y el desk: la iluminación y señalización; las cartelas electrónicas oscilantes como lugares de diseminación de información; el increíble y novedoso medio de la pantalla de Leds que modifica la percepción del vídeo si te acercas o te alejas; el tránsito de la biblioteca móvil de Dominique Gonzalez-Foerster a la sala de John Cage y Merce Cunningham, etc. Estamos ante un dispositivo gobernado por una pieza musical Petroushka (1911) de Igor Stravinsky a través de cuatro pianos sincronizados que la ejecutan a lo largo de la muestra: La exposición como caja de música. Tendría que añadir también la pared curva moviéndose circularmente en la “Rotunda” y el igualmente móvil suelo de baile para la Merce Cunningham Dance Company.

He señalado todas estas novedades y todavía no he empezado a hablar del contenido. No puedo pasar por alto que Parreno está detrás de la escenografía o montaje de una de las mejores exposiciones del año que ahora acaba y que tuvo lugar en el Barbican de Londres: “The Bride and the Bachelors; Duchamp with Cage, Cunningham, Rauschenberg and Johns”. Parreno se ha revelado como un artista para quien el display es coreografía. Pero no sólo es montaje, se trata de una subjetivación de las obras de arte pasadas por el filtro de una sensibilidad de artista muy concreta y determinada en donde el ensamblaje de obras, banda sonora y luz convierten a la exposición en algo parecido a una película de cine en 3D. (De la exposición de París echo en falta El sueño de una cosa – The Dream of a Thing, 2001, sobre la que escribí un ensayo en el año 2002 para el catálogo del Moderna Museet Projekt de Estocolmo, y que Parreno la proyectaba sobre el White Painting, 1951, de Robert Rauschenberg).

Pierre Huyghe, por su parte, también hace un gesto con la arquitectura que lo honra. Pero en lugar de remitir al espacio institucional que lo acoge y a la arquitectura de la sala lo que hace sabiamente es reutilizar las pareces de la exposición anterior, la de Mike Kelley. (No hay que olvidar que Philippe tuvo una exposición en ese mismo lugar en 2009). Ahora el espacio aparece completamente irreconocible. Un amigo que vive en París me dijo que en la exposición del americano apenas pasaba gente, mientras que el éxito de público de Huyghe era aplastante. Pero además no cualquier público, no turistas, sino gente joven o moderna. Huyghe ha hecho una expo que aún estando muy bien para mí peca de exceso cool. Sobre Huyghe ya hice una nota en su día en relación a su participación en la última Documenta de Kassel y que titulé “¿Dónde están las obras maestras de nuestro tiempo?” El compost como metáfora de la descomposición de lo valores de la sociedad. Sin duda, el perro de la pata rosa fue todo una sorpresa en Kassel, y aquí también se pasea junto con otros animales. A lo largo de la historia el “cubo blanco” ha sido objeto de distintas “colonizaciones” y supresiones de prohibiciones de todo tipo. Una de ellas es la que negaba el derecho a la presencia de animales en el museo. Ahora abejas, un perro y distintas arañas marinas lo animan.

Algunos de estos elementos congregados sobre las marcas dejadas por la exposición de Mike Kelley producen una impresión de informalidad estudiada. La frescura como estrategia. La definición dada por David G. Torres sobre lo frenchy me parece más que apropiada para definir este radical chic francés. Dice así: “Esta podría ser una buena definición de lo ‘frenchy’: más que la ironía, el sarcasmo; o también una mueca socarrona que no puede evitar marcar una distancia intelectual frente a un fenómeno real; o, también más literalmente, el rotulador en la pared, esa cosa décontracté, despeinada, pelín guarrilla, sin que se note la intención, pero con toda la intención; y, por supuesto, el humo, la aglomeración y el gesto”. Esta descripción, además de para definir el palabro frenchy bien podría servir para hablar de lo hipster. (ver AQUÍ mi nota en A-desk sobre el fenómeno transatlántico de lo hipster).

No cabe la menor duda de que la exposición de Huyghe tiene momentos muy elevados, sobre todo cuando se tiene la oportunidad de disfrutar de una obra envolvente como L’Expédition Scintillante, Acte 2, Untitled (Light Box), 2002. (A la patinadora en la pista de hielo negro no la ví). Otro momento vibrante que conecta las dos exposiciones es la presentación de los papeles que sellan la creación junto con Dominique Gonzalez-Foerster de L’Association des Temps Liberés, cuyo libro de registro y anuncio en un periódico se presenta con un ficus a lo Marcel Broodthaers. Otro de los grandes momentos es posible observarla en una de mis obras favoritas The Timekeeper, 1998, (aunque aquí las paredes del museo no deje ver demasiadas capas temporales).

Las dos exposiciones de Parreno y Huyghe son completamente distintas y por ello complementarias. Del cruce de ambas emerge la figura de Dominique Gonzalez-Foerster. Una exposición tuvo lugar en el ARC Musée d’art Modern de la Ville de Paris entre el 30 de octubre de 1998 y el 10 de enero de 1999 que mostraba la obra de estos tres artistas franceses emergentes a comienzos de aquella década. Liam Gillick firmaba un texto titulado Should the Future Help the Past? Comenzaba así: “What’s the scenario? A constantly mutating sequence of possibilities. Add a morsel of difference and the results slip out of control, shift the location for action and everything is different. There is a fundamental gap between societies that base their development on scenarios and those that base their development on planning”. La centralidad para el arte contemporáneo de Huyghe, Parreno y Gonzalez-Foerster no podía ser prevista todavía. Aquella exposición operaba bajo la lógica del What if? del Scenario. Ahora podemos trazar el recorrido retrospectivo de lo que ha sucedido desde entonces.


Algunos textos para una comparativa: