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2/09/2019

Patterns




Pattern de Anni Albers


No es por casualidad que los estilos hayan encontrado su mejor acomodo en las técnicas de estampado, impresión, troquel y plantilla. Baudelaire fue más lejos, al identificar el requisito de un patrón en la moda sartorial, oponiéndolo al estilo sin sustancia de lo chic en la moda superficial —esto es, sin ninguna consciencia del pasado. En “Del chic y del tópico” (1846) implícitamente analizaba “el chic, palabra horrorosa y extraña y de moderna invención (…), el chic es el abuso de la memoria; aún más, el chic es más memoria de la mano que memoria del cerebro”. A lo chic contraponía el tópico, el poncif, que si bien en francés significa algo tópico, ya visto o trillado, también denota un patrón, una guía o plantilla, esto es, la marca del artista como un hierro incandescente sobre la obra de arte: “el significado de la palabra tópico tiene mucho en común con el de la palabra chic. Sin embargo, se aplica más especialmente a las expresiones de la cabeza y las actitudes”. La moda es lo chic, por ello obviamente no puede crear un poncif, que es lo estructural, lo implícitamente sustancial en un modelo o forma cultural destinada a perdurar en el tiempo.

Fue con el Art Nouveau que el pattern adquirió una nueva dimensión, ensanchando las cenefas y bandas de las artes decorativas que desde la Antigüedad eran el emblema del estilo, a un cambio de escala generado por la reproducción mecánica y de distribución masiva una vez asumida los medios de producción que la Revolución industrial había incorporado. No por ello se daba una “pérdida de aura” de lo hecho a mano; la mano estaba contenida en la máquina. La eficacia de todo pattern salta a la vista en los papeles pintados en los que la repetición genera una totalidad visual semifractal que no socava el interés y la autonomía del propio pattern como “fragmento”. Un pattern agudiza, conceptualmente, toda relación dialéctica entre las partes y el todo, lo singular y lo genérico, local y universal, identidad y diferencia. Pero, ¿qué puede entenderse como un pattern en la sofisticada cultura visual del presente? La visión ideal de una actualización del pattern en nuestra cultura digital esta lejos de parecerse a cualquiera de las imaginadas por William Morris y sus delicados motivos florales: más bien, uno puede recrear en la mente formas espejadas al infinito, caleidoscopios a partir de imágenes de síntesis, realidad virtual y hasta motivos con aroma “sixties” en paredes de clubs nocturnos. 


11/24/2017

Técnica e inteligencia. Anni Albers




Anni Albers, Red and Blue, 1954. Imagen cortesía Museo Guggnheim Bilbao



Los textiles de Anni Albers como claves interpretativas de la modernidad en las artes.

El textil y la tejeduría están cada vez más presentes en el arte contemporáneo. La combinación de arte aplicado y popular, artesanía y bella arte, hacer y pensar en telares y tapices ha puesto de relevancia los sentidos de la vista y el tacto. Una tela incorpora la memoria de su fabricación. También una emoción táctil en una materialidad principalmente migrante. El tejido, la textura, pueden verse como un microcosmo ampliado de lo social: a una línea vertical (la urdimbre) le atraviesa otra horizontal (la trama).

Un precedente fundamental, y moderno, a esta actualidad es Anni Albers, nacida Annelise Fleischmann (Berlín, 1899 – Orange, Connecticut, 1994). Su obra contribuye ahora a una reconstrucción moderna inacabable que recupera historias consideradas no-canónicas o al margen. Esta muestra corrobora la relevancia de Anni Albers en la comprensión de la forma como principio básico de la modernidad estética. Esta aventura que aúna vida y obra comienza cuando ella abandona en 1922 la comodidad de su pudiente entorno familiar. La respuesta la encontraría en la Bauhaus, donde la artista siente la atracción emocional por la nueva sencillez y sobriedad de la vida moderna. Annie entra en el departamento textil, uno de los talleres más exitosos. Es allí donde encuentra a la persona con la que compartirá su vida, el pintor Josef Albers. Sus años en la Bauhaus (entre 1922-1932) se caracterizan por el influjo de Walter Gropius y, especialmente, Paul Klee, quien mantuvo una estrecha relación con el taller textil. Su biografía señala que un día oyó decir a Klee que dibujar era sacar una línea a pasear y, entonces, pensó: “pues yo llevaré el hilo a donde pueda”.

La aventura de la línea sobre el plano auguraba una dialéctica que afortunadamente, y para goce del espectador, permanece irresuelta: esto es, el dualismo de la tejeduría entre arte aplicado y arte independiente, o autónomo. El término Gestaltung, que en su polisemia significa diseño, composición, delineación o figuración, compendia esta dialéctica. La lógica de Gropius era que la artesanía y el trabajo manual debían centrarse en el desarrollo de prototipos para la industria. Esto significaba que la tarea de la Bauhaus era la producción y distribución igualitaria de forma, no de objetos. Ello reunía al artista con el diseñador, el arte y el diseño como un solo campo enfangado en el juego de la forma. 

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