Dice el refrán que veinte años no son
nada. Pero veinte años pueden servir para evidenciar cambios sistémicos
profundos en las esferas de lo económico y lo cultural. Hace ahora dos décadas
que se publicó el álbum In Sides (1996)
de los hermanos Phil y Paul Hartnoll, más conocidos como Orbital. Considerada
una de las cimas de la música electrónica del periodo, su evaluación en el
tiempo presente presenta algunas dificultades. Una primera escucha revela la
distancia con la que este sonido se presenta en nuestro presente. ¿Era esto lo
que nos emocionaba tanto? Lo sigue haciendo. La secuencia orquestada de beats y melodías encadenadas in crescendo, los cambios bruscos, los
cortes afilados, etc. In Sides puede
considerarse como la banda sonora para una generación de artistas, al menos en
mi entorno más cercano. (Recuerdo la instalación que el artista Jon Mikel Euba
realizó en la solicitada casa de Asier Pérez González en Bilbao, circa 1996-1997,
con PETROL como obra destacada, título sacado del track # 2 de In Sides).
El comienzo de The Girl with the Sun in the Head, grabado en un estudio de energía
solar, nos introduce en lo que será un viaje atmosférico e introspectivo,
oscuro por momentos y donde el escuchador podrá ahondar en su estado de
consciencia. Es la capacidad de esta música: reforzar la subjetividad a la vez
que proyecta sueños diurnos y deseos libidinales inconscientes. Una música para
ser escuchada con cascos o auriculares (en los CD Player de la época o en los
actuales Ipods), capturando cada matiz, o en el ambiente orgiástico de sus
conciertos o cualquier rave o sesión DJ. Después de Petrol, el doble tema The Box
(parte 1 y 2) propone casi quince minutos de maniobra conceptual,
secuencias ralentizadas, atonalidades varias y retornos aéreos. Una música
donde la sorpresa se aloja a la vuelta de la esquina. Los siguientes temas nos
guían hacia toda una declaración de principios, en armonía o comunión con el
llamado Zeitgeist. Es lo que hace a
Orbital y al resto de bandas electrónicas del periodo, únicos: estandartes de
un tiempo ahora extinto. La actual ansiedad en el escuchador de música
contrasta con la repetición y modulación progresiva de diez, quince, minutos de
electrónica.
El agotamiento de los hermanos Hartnoll
según pasaban los años y los discos, hasta el cierre definitivo hace ahora un
par de años, puede ser visto como síntoma de un cambio sistémico completo en la
música. Un agotamiento que va a la par con el adelgazamiento de la sección “disco”
o “electrónica” en las áreas musicales de las grandes cadenas tipo Fnac. No
deja de ser irónico que sean los pioneros de la digitalización de la música
popular de masas los primeros damnificados por la digitalización y distribución
online de la música. Uno de los motivos de este “pinzamiento” está en la
imposibilidad de sonar retro. Paradójicamente, la originalidad de la
electrónica basada en el sampler, es decir, en la repetición de una secuencia,
propia o ajena, escapa a la lógica de la retromanía, mientras que el rock o el
pop de guitarra se basta para encaramarse a la actualidad sonando ochentas o
noventas. Hay algo en los grandes grupos electrónicos o solistas de los noventa
en la música electrónica, el Trip-hop
y el Jungle, Orbital, Underworld, The Orb, Autechre, The
Chemical Brothers, Massive Attack, Tricky, Goldie que es modernista en el
sentido de su completa originalidad inventiva. Mientras que el modernismo
estético de la New Wave se presta,
está sobradamente demostrado, al reciclaje posmoderno y al eterno retorno, la
radicalidad en la propuesta musical de la música electrónica puede ser vista en
perspectiva como la irrupción de lo nuevo en el sentido moderno del término y
no meramente en una cuestión estética (como lo era la anterior New Wave).
Si Orbital suena out of sync hoy en día quizás lo sea porque ya no es cool o hipster. Sin embargo, poca música popular actual rivaliza con su
sonido a nivel de composición, melodía y ritmo. Por no hablar de la
configuración de un álbum como una totalidad, más allá de la suma de una serie
de canciones o temas. Snivilisation (1994)
y The Middle of Nowhere (1999) son
ejemplos de esta concepción del álbum como unidad. La música electrónica de los
noventa, como consecuencia directa del modo de producción capitalista del
periodo, y no olvidemos que esa fue la década de la excitación por la “nueva
economía”, el asentamiento de eso que ahora todos llamamos neoliberalismo,
consecuencia digo de la obsolescencia analógica y su suplantación digital, nos
informa ahora de la retirada y el ocaso de la creatividad y el riesgo en la
aventura. Ah, también existía el baile y el ritual de los cuerpos más allá de
bailar canciones…