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11/08/2016

POP POLÍTICO: Orbital, In Sides (1996)


Dice el refrán que veinte años no son nada. Pero veinte años pueden servir para evidenciar cambios sistémicos profundos en las esferas de lo económico y lo cultural. Hace ahora dos décadas que se publicó el álbum In Sides (1996) de los hermanos Phil y Paul Hartnoll, más conocidos como Orbital. Considerada una de las cimas de la música electrónica del periodo, su evaluación en el tiempo presente presenta algunas dificultades. Una primera escucha revela la distancia con la que este sonido se presenta en nuestro presente. ¿Era esto lo que nos emocionaba tanto? Lo sigue haciendo. La secuencia orquestada de beats y melodías encadenadas in crescendo, los cambios bruscos, los cortes afilados, etc. In Sides puede considerarse como la banda sonora para una generación de artistas, al menos en mi entorno más cercano. (Recuerdo la instalación que el artista Jon Mikel Euba realizó en la solicitada casa de Asier Pérez González en Bilbao, circa 1996-1997, con PETROL como obra destacada, título sacado del track # 2 de In Sides).

El comienzo de The Girl with the Sun in the Head, grabado en un estudio de energía solar, nos introduce en lo que será un viaje atmosférico e introspectivo, oscuro por momentos y donde el escuchador podrá ahondar en su estado de consciencia. Es la capacidad de esta música: reforzar la subjetividad a la vez que proyecta sueños diurnos y deseos libidinales inconscientes. Una música para ser escuchada con cascos o auriculares (en los CD Player de la época o en los actuales Ipods), capturando cada matiz, o en el ambiente orgiástico de sus conciertos o cualquier rave o sesión DJ. Después de Petrol, el doble tema The Box (parte 1 y 2) propone casi quince minutos de maniobra conceptual, secuencias ralentizadas, atonalidades varias y retornos aéreos. Una música donde la sorpresa se aloja a la vuelta de la esquina. Los siguientes temas nos guían hacia toda una declaración de principios, en armonía o comunión con el llamado Zeitgeist. Es lo que hace a Orbital y al resto de bandas electrónicas del periodo, únicos: estandartes de un tiempo ahora extinto. La actual ansiedad en el escuchador de música contrasta con la repetición y modulación progresiva de diez, quince, minutos de electrónica.

El agotamiento de los hermanos Hartnoll según pasaban los años y los discos, hasta el cierre definitivo hace ahora un par de años, puede ser visto como síntoma de un cambio sistémico completo en la música. Un agotamiento que va a la par con el adelgazamiento de la sección “disco” o “electrónica” en las áreas musicales de las grandes cadenas tipo Fnac. No deja de ser irónico que sean los pioneros de la digitalización de la música popular de masas los primeros damnificados por la digitalización y distribución online de la música. Uno de los motivos de este “pinzamiento” está en la imposibilidad de sonar retro. Paradójicamente, la originalidad de la electrónica basada en el sampler, es decir, en la repetición de una secuencia, propia o ajena, escapa a la lógica de la retromanía, mientras que el rock o el pop de guitarra se basta para encaramarse a la actualidad sonando ochentas o noventas. Hay algo en los grandes grupos electrónicos o solistas de los noventa en la música electrónica, el Trip-hop y el Jungle,  Orbital, Underworld, The Orb, Autechre, The Chemical Brothers, Massive Attack, Tricky, Goldie que es modernista en el sentido de su completa originalidad inventiva. Mientras que el modernismo estético de la New Wave se presta, está sobradamente demostrado, al reciclaje posmoderno y al eterno retorno, la radicalidad en la propuesta musical de la música electrónica puede ser vista en perspectiva como la irrupción de lo nuevo en el sentido moderno del término y no meramente en una cuestión estética (como lo era la anterior New Wave).

Si Orbital suena out of sync hoy en día quizás lo sea porque ya no es cool o hipster. Sin embargo, poca música popular actual rivaliza con su sonido a nivel de composición, melodía y ritmo. Por no hablar de la configuración de un álbum como una totalidad, más allá de la suma de una serie de canciones o temas. Snivilisation (1994) y The Middle of Nowhere (1999) son ejemplos de esta concepción del álbum como unidad. La música electrónica de los noventa, como consecuencia directa del modo de producción capitalista del periodo, y no olvidemos que esa fue la década de la excitación por la “nueva economía”, el asentamiento de eso que ahora todos llamamos neoliberalismo, consecuencia digo de la obsolescencia analógica y su suplantación digital, nos informa ahora de la retirada y el ocaso de la creatividad y el riesgo en la aventura. Ah, también existía el baile y el ritual de los cuerpos más allá de bailar canciones…