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3/15/2017

Helvética y dialéctica



La tipografía ofrece igualmente un caso de estudio excepcional sobre la dialéctica entre forma y contenido. Cada letra del alfabeto es, ante todo, signo, y la forma característica de cada letra es un vector comunicador. La tipografía es, en este sentido, el canal transmisor de cualquier mensaje que pretendamos transmitir o comunicar. En un universo ideal, las letras serían signos únicamente concebidos para la expresión del contenido (texto o mensaje). Sucede que la forma de cada letra incorpora un contenido adquirido y sedimentado históricamente que se añade a aquello que intenta transmitir. La dificultad para comprender la dialéctica se asemeja en ocasiones a la unidimensionalidad con la que percibimos e interpretamos cosas y hechos. Nos quedamos absortos, por ejemplo, en la silueta de una grafía aislándola de su contexto o fondo. Sin embargo la relación figura-fondo que está en la base de toda concepción del diseño trae al primer plano la interrelación de la forma negativa. Esto es las formas entre caracteres (y dentro de las mismas) como puro espacio negativo. En el diseño moderno, el fondo es integrado o incorporado en la figura, hecho visible, tanto como forma interdependiente y como una base que es industrialmente fabricada –papel, cartón o tejido. Este fondo absorbe la tipografía, todavía un signo humano-artístico creado (lo que en la terminología del modernismo tardío de los sesenta vino a llamarse un man-made-object para explicar la interacción entre seres humanos, naturaleza y tecnología).

No hay otra tipografía donde esta lógica del fondo y figura se ejecuta tan correctamente como en la Helvética, en sí misma una tipografía profundamente ideológica que puede servir como un caso de dialéctica, o para poder comprender de una manera gráfica la potencialidad de ésta. Una idea, objeto, forma o cosa que se preste a ser afectada por la dialéctica ha de estar abierta al cambio continuo. Para decirlo de otro modo, ella ha de estar predispuesta a mutar sus valencias y al mismo tiempo permanecer inalterable. He aquí la contradicción. En primer lugar, tenemos una tipografía donde en una primera instancia se da una reducción del contenido de la forma a su nivel cero, un “grado cero” tipográfico barthesiano. Por otra parte, existe desde al menos Adorno la tentación, un tanto fácil pero útil, de aprehender la dialéctica como una raíz cargada de negatividad: huecos, silencios, vacíos, cosas no dichas y demás. La ambivalencia (que no la ambigüedad) de todo procedimiento dialéctico se expresa en la coexistencia, al mismo tiempo y de una sola vez, de lo positivo y lo negativo. En tipografía ello implica la relación entre la figura (las letras) y el fondo (la superficie del papel o pantalla). El ejercicio o gimnasia consistiría aquí en estimular el chip cerebral o entornar los ojos para poder ver su opuesto: blanco o negro, luz y sombra, positivo y negativo y demás. Activar el zoom visual adelante y atrás como un modo de observar la historia desde una lógica de distancia y perspectiva. Pero además, la Helvética parece esa tipografía atemporal o impersonal, aérea y etérea, que habita el espacio público sin que nos demos cuenta, tal que el aire que respiramos. Esta sobrepresencia y al mismo tiempo imperceptibilidad, es algo que comparte con el capitalismo mismo. Estos son algunos de los rasgos que Zizek ha señalado en numerosas ocasiones como propios de la ideología.

La Helvética muestra esa idea según la cual lo moderno no es lo más nuevo, el último grito, sino aquello que permanece invariable en un estado perpetuo de atemporalidad y, de este modo, parece siempre vigente o afín al presente. Lo moderno siempre lo es. No pasa de moda. En este sentido, y a vueltas con la dialéctica, el neutralismo formal de la Helvética es tal que puede servir a cualquier causa o rellenar cualquier vacío de contenido que podamos imaginar. Una tipografía cuyo éxito demostrado está tanto en la efectividad de su forma y sus múltiples funciones: sirve para casi todo. Pero principalmente son dos sus modos de aparición en la esfera pública y la geografía urbana: señalar o conducirnos de manera segura a través de ella (señales, indicaciones y toda clase de señalética) y, por otro otro, ser embajadora de la sociedad de consumo en las marcas y la publicidad que saturan los grandes centros urbanos. En ambos casos la Helvética pasa desapercibido de modo similar al aire que respiramos o al espacio que ocupa nuestro cuerpo.

A diferencia de los ejercicios tipográficos de las vanguardias modernas, las soluciones salientes durante el llamado modernismo tardío son mucho más útiles aquí. En efecto, el origen de la Helvética se sitúa en Suiza en la década de 1950 – ella ejemplifica todo lo que el diseño suizo aportó al diseño y la arquitectura del periodo así como un modo de hacer típicamente nacional– en plena reconstrucción del sentido de la modernidad después de la Segunda Guerra Mundial. La búsqueda de formas abiertas, más humanas y flexibles se encuentra entre los objetivos del diseño y la arquitectura del periodo. Que ese vacío existente fuera ocupado por las grandes corporaciones y con ellas, por el consumo, es uno de los asuntos decisivos a la hora de examinar las producciones del modernismo tardío de los cincuenta y sesenta. La conversión, co-optación o simbiosis entre una cultura crítica con la ortodoxia estrictamente moderna, y su integración acomodada en la cultura corporativa y empresarial naciente puede verse como una plasmación gráfica de la reificación. Una tipografía nacida del espíritu de reconstrucción y sanación, pronto devino en la imagen del capitalismo multinacional y sus grandes marcas. Se decía entonces que el secreto estaba en el contenido del texto (publicitario), no en la tipografía. Sin embargo la universalidad de la forma al amparo de su supuesta neutralidad era la mejor llave para la expansión del capital a través del globo.

La Helvética funciona como catalizadora del contenido: su forma depura y alivia cualquier disonancia del significado. Esta ambivalente funcionalidad de la Helvética tiene en Massimo Vignelli a un posible impugnador. Famoso y elegante creador de las marcas Knoll, American Airlines y otras muchas en Helvética, fue responsable de introducir un punto de vista modernista europeo en el diseño gráfico americano. Suya fue la tarea de ordenar el caos del metro de Nueva York en 1972, posiblemente su contribución más urbana y pública. Para un modernistas como él, la cuestión parecería no residir en el modo de producción en el que se colocan las producciones culturales (en un marco de capitalismo generalizado aceptado), sino en la responsabilidad social del diseñador de ofrecer salida al caos y la fealdad mediante el diseño. El adversario que entonces emerge, tanto estético como moral, está en toda esa reacción contra el modernismo que llegó a ser el posmodernismo. El principal problema de los posmodernistas estaba en que se sabía contra qué estaban en contra (el modernismo, la Helvética y demás), pero no qué es lo que defendían. Muchos de aquellos experimentos tipográficos posmodernos (David Carson en la revista Ray Gun o la agencia Tomato abanderando a la banda Underworld en los noventa) son ahora vistos como fechados, passé, casi material de olvido.

Pero incluso si aceptamos los usos mayoritarios de la Helvética (desde un punto de vista político), la tipografía contiene intacta todavía sus facultades para un modernismo militante. La dialéctica puede no solo reconciliarla con su contexto de origen social-demócrata, sino incluso presentarla como la tipografía embajadora de un modo socialista de organización, la cual realiza de manera inequívoca el ideal comunista de la democratización extendida de los medios de producción. De nuevo, la dialéctica de la forma y el contenido en disputa. Identidad y diferencia. La Helvética es un ejemplo de ideología de la forma cuyo significado y valencias mutan (desde su nacimiento a su posterior aplicación) sin que haya ninguna alteración de la forma. La forma está entonces sujeta a distintos ejercicios semánticos como deslizamiento, contexto, aplicación, apropiación, détournement, etc. Asimismo, toda tipografía encuentra en las restricciones y las normas un lugar para la creación más radical. La Helvética no es ajena a este principio de contención. Viene aquí al caso la visualización según la cual a menudo el contenido no se obtiene desde la nada, sino que parecería estar alojado en un bloque granítico como material en crudo (raw material), siendo tarea de la imaginación (del diseñador gráfico en este caso) escarbar y operar a partir de la sustracción más que de la adición, de la misma manera que el escritor no aplica contenido sobre una superficie sino que lo araña a duras penas. Fondo y figura, materia y forma, lo posible y lo necesario.





5/22/2014

OPEN: Arquitectura, dialéctica y ciudad


Città aperta. Open city. La denominación es heredera del título de la película de Roberto Rosellini (1945) y permanece desde entonces en el manual de uso para toda arquitectura y urbanismo que se pretenda renovador. La mencionada fecha, 1945, era también una barrera a franquear para los pensadores del espacio. Una frontera entre la barbarie y la promesa de un futuro mejorado. La revisión crítica del legado moderno que comenzó en el periodo de post-guerra introdujo no pocas novedades del legado funcionalista e industrial. Sin embargo, conviene recordar que la Unidad de habitación en Marsella de Le Corbusier comenzó a planificarse justo al finalizar la Guerra Mundial, hasta su conclusión en 1951-1952. Las condiciones del alojamiento y la vivienda, su salubridad y calidad, eran entonces algunas de las preocupaciones principales para aquellos pensadores del espacio.

La representación del espacio abierto de la arquitectura puede servirnos aquí para una conceptualización del concepto de lo abierto en nuestra sociedad, en donde el cartel OPEN, como en cualquier restaurante de carretera americano, permanece colocado 24/7 en nuestros entornos laborales y domésticos. Todo nos parece aparentemente abierto, libre, desde los códigos numéricos de la cultura digital al Open source de las licencias y el software. Vivimos en un mundo abierto donde las fronteras entre el interior y lo exterior, lo público y lo privado, el trabajo y el no trabajo permanecen difuminarse. Resulta interesante el modo en el que los arquitectos del llamado Movimiento Moderno (Mies, Le Corbusier y demás) reaccionaron ante este concepto de apertura y cómo lo abierto, en oposición a lo cerrado, evolucionó a lo largo del siglo XX. En un principio fue la ruptura con el espacio burgués claustrofóbico y clasista para la que la transparencia funcionaba como pantalla del adentro y el afuera. La misma idea de pabellón, como una arquitectura funcional y temporal, llevó este principio de la apertura hacia su límite. Los ejemplos son numerosos en este sentido, siendo el pabellón Barcelona de 1928 de Mies Van der Rohe una de las cimas.


Aldo Van Eick, plano-esquema del pabellón de Sonsbeek, 1966.

Resulta esclarecedor pasar de la arquitectura de la pre-guerra (incluyendo la estructura Dom-ino de Le Corbusier, 1914-1915) a algunos ejemplos realizados después de la Segunda Guerra Mundial. Fijémonos en un pabellón holandés, diseñado por Aldo Van Eick para la exposición de escultura en Sonsbeek en 1966. Este pabellón fue derruido y solo se conservan algunas fotos, dibujos y sketches. El pabellón fue reconstruido en 2006 y es hoy en día perfectamente visitable. La validez de esta arquitectura está en que ella misma se sitúa como forma escultórica a la vez que como un signo-forma. Durante décadas el pabellón de Sonsbeek ha sido un ejemplo de la llamada “arquitectura en papel”, es decir, un tipo de arquitectura que destaca más por su cualidad teórica y conceptual que por ser un espacio real experimentable. Aquellos que la visiten podrán juzgar al respecto. En cualquier caso, es difícil encontrar una forma que ejemplifique mejor una concepción de lo abierto diferenciada de sus predecesores modernos, incluido el pabellón de Gerrit Rietveld para la exposición de Sonsbeek de 1954.


Muros paralelos de ladrillos acementados y zonas curvas. Armonía entre opuestos.


Lo verdaderamente atractivo en Van Eick es la búsqueda de la complejidad laberíntica en una forma de gran claridad casi orgánica, completamente distinta del estructuralismo formal derivado del racionalismo moderno; un utopismo en la voluntad creadora y una orientación conciliadora entre opuestos. Aquí, la oposición entre muros paralelos y las formas curvas o redondas alcanza un grado de armonía que estimula zonas dormidas del cerebro. Todo ello enmarcado en un círculo, un “Mandala” visionario en el que querríamos vivir y dormir. Unión de opuestos: a menudo se ha simplificado el instante de la dialéctica en Hegel como si la “síntesis” fuera un simple resultado salido de la fusión (o el término medio) de dos antagonismos irreconciliables. Pero una representación de la contradicción es superior cuando la tensión se mantiene intacta aún en perfecta convivencia y armonía. Pensar esta arquitectura en términos dialécticos me parece una posible contribución a la propia historia de la arquitectura como a la propia dialéctica, necesitada ésta de imágenes y representaciones mentales y cognitivas (siempre locales, nunca universales) que ayuden a vislumbrar los misterios y dificultades de su conceptualización.


Una de las pocas imágenes que quedan de la maqueta original. "Paper arquitecture".


Pero además de ser una imagen del pensamiento, este signo-forma es también algo muy funcional que realiza lo que se supone debe hacer: ofrecer espacio y cobijo a una serie de esculturas de las vanguardias artísticas del siglo XX. La claridad es la marca, y el interior laberíntico no tiene pérdida ni angustia. Se ha mencionado este pabellón como definidor de algunos rasgos de Van Eick, entre ellos la correspondencia que se da entre la arquitectura en sí y su ampliación “modélica”: me refiero al edificio como ciudad y la ciudad como edificio. Esta relación entre las partes y un todo es aquí otro rasgo dialéctico de gran calado. De este modo, las paralelas equivaldrían a avenidas y calles (callejones si queremos), y los círculos a plazas de ciudades o parques, etc. Existe entonces un cambio de lo micro a lo macro, un pensamiento de la ciudad y la urbanidad a partir de algo aparentemente tan simple como un pabellón para alojar un conjunto de esculturas.


Imagen del pabellón en 1966.



Uno de los numerosos Playgrounds diseñados por Van Eick.


Existe en este sentido una forma más o menos fractal, que relaciona las partes con el todo y que puede funciona a escalas variables. La reciprocidad es entonces otro concepto a destacar; allí donde la simultánea reconciliación de opuestos, entre paralelas y círculos o entre la constricción y la expansión alcanza una dimensión social y humana. Conviene recordar en este sentido los innumerables parques infantiles que Van Eick diseño por todo Holanda en los años sesenta (por centenares) y que ahora mismo están representados en la exposición Playgrounds que tiene lugar en el Museo Reina Sofía de Madrid. El espacio público pensado a partir del mundo infantil o, la educación como liberación de lo reprimido.

El niño como modelo de sociabilidad emancipadora: algo de esto ya estaba presente en el pensamiento de Oteiza. También la ciudad como horizonte y destino final del proyecto del arte. Niño y ciudad no solo forman uno de los ejes de la obra del arquitecto y urbanista holandés, sino que permanece en el centro de un modelo para el habitar que el desastre de la Segunda Guerra Mundial orientaba hacia un nuevo humanismo necesitado de nuevos valores de sociabilidad. En 1953, justo un par de años de que concluyera la Unidad de habitación de Le Corbusier en Marsella, no muy lejos, en Aix-en-Provence, tuvo lugar el IX Congreso del CIAM (Congrès International d’Arquitecture Moderne), momento éste historizado en numerosas ocasiones. En ese marco, los ingleses Alison y Peter Smithson presentaron su retícula Urban Re-identification Grid. La cuestión del hábitat era problematizada. El hábitat, así como la vivienda y el alojamiento, era el centro de interes de las discusiones de la época, es decir, la ampliación del hábitat al concepto de environment o entorno construido (ver aquí el nº 5 de la revista online Rosa b Environment and Design), noción capaz de conjugar las necesidades físicas propias a los habitantes así como sus dimensiones espirituales. La intervención de Alison y Peter Smithson consistía en reemplazar la jerarquía funcionalista de alojamiento, trabajo, circulación y ocio por categorías más fenoménicas tales como casa, calle, distrito, relación y ciudad. Una parte de su retícula recogía las ideas de los arquitectos de su proyecto de una superestructura de viviendas en la Golden Lane Estate en Londres.


La reticula de A + P Smithson y Nigel Henderson para IX CIAM 1953

La vida cotidiana, lo cotidiano, alcanzan un estatus de urgencia nunca antes visto. (Las grandes contribuciones a la conceptualización espacio por Henri Lefebvre vienen marcadas por algunos de sus títulos, desde conceptos clave como el “derecho a la ciudad” y sus estudios a lo cotidiano, everyday). La parte derecha de A + P Smithson incluía fotografías de Nigel Henderson, un artista del Independent Group. Mostraban imágenes de niños jugando en las calles de Bethnal Green, entonces una de las zonas más pobres de Londres. Niños andando en bicicleta, patín, jugando a la cuerda, la rayuela… Estos juegos de infancia condensan e ilustran un conjunto de valores que inspiraran a los jóvenes arquitectos presentes en el CIAM y que nos reenvían a lo cotidiano. El llamado Team X nació en aquel congreso del CIAM, con Aldo Van Eick, o el catalán Josep Coderch entre ellos. La improvisación y la espontaneidad, la invención, la coreografía urbana, la sociabilidad y la flexibilidad territorial fueron algunos de los rasgos de una escisión en el seno de la arquitectura moderna marcada por el utopismo y la visión de izquierdas.


Artistas y arquitectos en armonia. Independent Group.
Alison y Peter Smithson con Nigel Henderson y Eduardo Paolozzi.

Regresamos al concepto de OPEN. APERTO. ABIERTO. OUVERT. Y pensamos en el concepto de escuela. No en la educación en sí sino en la escuela como forma-concepto. ¿Pues qué sería una escuela abierta de noche y de día pero que no participa de la economía capitalista del 24/7? Ciudad abierta, escuela abierta. Edificio como ciudad y ciudad como edificio. Ideas-nodo para un pensamiento dialéctico.

3/04/2014

"Burn! / Walker", co-op ediciones # 5



Burn!   / Walker
Peio Aguirre / Asier Mendizabal

co-op ediciones # 5, Donostia-San Sebastián, 2013
Layout: Maite Zabaleta
600 ejemplares
60 x 84 cm (abierto)


El mercenario y aventurero William Walker organizó varias expediciones militares privadas en América Latina con la intención de establecer colonias de habla inglesa bajo su control personal, dando origen a una empresa conocida como “filibusterismo” y a la doctrina del “destino manifiesto”, que servirá desde entonces como coartada ideológica del expansionismo norteamericano. Walker se convirtió en presidente de la República de Nicaragua en 1856 y gobernó hasta 1857, cuando fue derrotado por una coalición de ejércitos centroamericanos. Fue ejecutado por el gobierno de Honduras en 1860.


En esta publicación, en forma de póster desplegable, el personaje histórico de Walker sirve a modo de pretexto para el análisis de dos películas que lo han introducido de manera distinta e idiosincrática. Por un lado Queimada (Burn!) (1969) de Gillo Pontecorvo, y por otro Walker (1987) de Alex Cox. A través de la articulación entre la imagen y el texto, así como mediante las posibilidades de estructura del soporte en papel, esta edición propone un conjunto de consideraciones de contenido que abarca la dialéctica de la historia, las formas de cine político o “tercer cine”, la narración y el realismo, la guerra en el desarrollo del capitalismo, el expansionismo colonial, el internacionalismo, las subculturas musicales y mucho más.

co-op ediciones

# 1, Smaller than a Mass, Asier Mendizabal
# 2, Sin título, Xabier Salaberria
# 3, Escanografías 1, June Crespo
# 4, Escanografías 2, June Crespo

# 5, Burn! / Walker, Peio Aguirre / Asier Mendizabal



2/01/2014

POP POLITICO: "Confusion", (1983) NEW ORDER




“Confusion” de New Order, sacada en 1983 con el identificativo de Fact 93 es una de las mejores sus canciones. Un tema aparentemente alejado de la lista de grandes hits de la banda (“Bizarre Love Triangle”, “Blue Monday”, “True Faith”, “Ceremony”, “Temptation” o “Regret”) pero que ocupa un lugar destacado en el repertorio, como así lo certifica su inclusión en Substance (1987) de manera doble, la versión original y una instrumental. Lo que de forma inevitable añade un PLUS a este tema es sin duda su videoclip, un ejemplo de la emergencia de este género visual-musical a comienzos de los 80. Pero más que por su artisticidad el videoclip se caracteriza por su sencillez casi-documental. El videoclip documento; he aquí una nueva categoría. Si existe en la historia del videoclip algo que remotamente pudiera adscribirse a la categoría de realismo he aquí un ejemplo. “Confusion” es también uno de los pocos temas grabados en New York gracias a la producción de Arthur Baker, músico, Dj e influyente productor musical durante los 80 y 90 en los ámbitos del hip hop y la música pop. La salida de “Confusion” fue posterior al éxito “machacapistas” de “Blue Monday” y no hay duda que Baker hizo su labor en una producción completamente disco y dirigida a la pista de baile.

El argumento del videoclip es muy sencillo: mezcla entrecortadamente momentos behind the scenes de la banda en NY con otros instantes de la noche neoyorquina. Hay un hilo narrativo fácil de seguir, pues mientras vemos al propio Arthur Baker editando el material musical vemos la microhistoria de una chica que trabaja en una pizzería, acude a su casa, se ducha y se prepara para salir. Lo siguiente es la chica en la discoteca bailando. El boom de la música disco y los pinchadiscos de los 80 no podría estar mejor reflejado que en este videoclip que captura de manera magistral el zeitgeist de la época y también no arroja una imagen ¿realista? de la ciudad de New York. Hay una gran cantidad de información alojada en tan poca duración, desde consideraciones raciales a una perspectiva de clase social super intencionada. 

En cualquier caso, lo que llama la atención es el montaje visual, del que estoy tentado de decir que es completamente intuitivo y a la ver profundamente dialéctico. El micropasaje en el que el propio Baker está montando, editando el material audio analógico ¿o es cine, celuloide analógico? se entremezcla con la masa y la pizza en su proceso de hacer. Pizza en ebullición o, ¿instante dialéctico sublime entrenado en las lecciones del mismísimo Einsenstein? Dos formas de trabajo, de labor, distintas pero que quedan unidas por el montaje a la espera de la comunión final en la pista de baile. Trabajo y ocio en la producción. Si esta analogía no bastaba, tampoco conviene pasar por alto esta otra que establece un paralelismo entre el modo de realización o producción, esto es, el montaje, entre el propio videoclip y la propia canción (una de las más remezcladas del repertorio de New Order). Del Dj como productor al Dj como editor/montador.

Hasta aquí hemos llegado. “Confusion” es un gran tema cuyo videoclip puede verse una y otra vez como un ejemplo de la forma perfecta adecuada a una canción. En el aspecto del baile, los cuerpos en movimiento y el estilo bastantes cosas podrían decirse también. Pero esto lo dejo para otra ocasión: for heavy rotation. 

* Después de escribir este post, semanas después, he encontrado el siguiente fragmento en la recopilación de vídeos de New Order. Michael H. Shamberg, quien está detrás de la mayoría de los vídeos de NO describe en el folleto que acompaña el volumen NEW order A COLLECTION la realización de "Confusion":

"In 1983 I was asked to introduce the band to music producer Arthur Baker. Arthur went on to make the CONFUSION single with New Order. Then I was asked to produce the music video for the song. I had recently read an article in The Village Voice that followed a young girl in Queens from her day job at a pizzeria to her nights out as part of a self-titled dance group The Juice Crew. They would go to the Funhouse, a club where Arthur's friend Jellybend Benitez was the DJ. Baker would take mixes of songs to Jellybean in order to hear the music in  the club and watch the dancers' reactions. Then Arthur would return to the studio to fine-tune the mix.

New Order was coming to New York to play another infamous dance club, The Garage, where legendary DJ Larry Levan spun. So all the elements for the video were in place to make what I Imagined as a social-realist documentary on the making of the song". (...)

"The CONFUSION video is a document of a special time in New York. You see the band onstage at The Garage, then arriving to the Funhouse at dawn. Arthur is finishing a mix in his studio and travels down a 42nd Street that is no longer there. The young girl has made her last pizza, rushes home to dress, and joins her friend on the subway. They all meet at The Funhouse, were the band and Arthur play the music and watch while The Juice Crew and many others dance".

LYRICS

“Confusion”, (1983) NEW ORDER, Fact. 93 / For heavy rotation

You just can't believe me
When I show you what you mean to me
You just can't believe me
When I show you what you cannot see

You're hiding from feelings, searching for more
Sharing and hoping, untouched for so long
Our lives still change from the way that we were
And now I'll tell you something I think you should know
You just can't believe me
When I show you what you mean to me
You just can't believe me
When I show you what you cannot see

You cause me confusion, you told me you cared
He's calling these changes that last to the end
Ask me no questions, I'll tell you no lies
The past is your present, the future is mine
You just can't believe me
When I show you what you mean to me
You just can't believe me
When I show you what you cannot see

You tell me you need me, I'll make it this time
The thread won't divide us, the sensation survives
I was sure that I told you it was good from the face
You've caused me some problems, you've taken my place

Why can't you see what you mean to me?