El texto “El amor como producción: una pequeña teoría de
la economía del arte” ha aparecido recientemente en castellano en el fanzine
PIPA 01, un proyecto joven que aspira a aunar de manera renovada la crítica de
arte, el feminismo y la teoría crítica. PIPA es un
proyecto editorial de Maite Garbayo Maeztu, ferranElOtro y Francesc Ruiz, que,
con una periodicidad indeterminada, agrupa principalmente prácticas de
escritura crítica e intervenciones de artistas.
Pensado y proyectado hace cuatro años, y finalmente
escrito durante el último invierno, este ensayo apunta hacia una politización
de los afectos y una canalización de las energías libidinales. No solo se trata
de pensar intelectualmente el significado de los afectos sino, más bien,
ponerlos a trabajar al unísono conjuntamente con el intelecto. El amor, la
fuerza del amor, es abordado aquí desde un punto de vista que no coincide con
la llamada “inteligencia emocional” (concepto importado desde la psicología y
aplicado al ámbito de la creatividad, si no directamente al territorio de lo
empresarial). Se trata de pensar en el amor desde una perspectiva materialista
sin en ningún momento perder de vista la cuestión de la producción: cuánto produce
el amor, cómo se da esta producción, cuales son sus desvíos, sus líneas
indirectas y por encima de todo qué es lo que produce. El amor como producción
es, del mismo modo, una llamada, un impulso, un eslogan que descansa en una
economía del inconsciente y que se remonta hasta la figura de Bertolt Brecht.
Fue este autor quien diera origen al conocido ensayo de Walter Benjamin “El
autor como productor”, hasta llegar recientemente al “autor como receptor” que
la teórica Kaja Silverman identifica en el último Jean-Luc Godard (escuchar aquí el texto leído por el artista Paul Chan). La cuestión
de la producción atraviesa la pregunta de qué es un autor, cómo y cuando esta
figura aparece y cual es su relación con la producción de afectos. Al final de JLG/JLG
Autoportrait de decembre (1995) Godard dice, casi a modo de conclusión: “He dicho que amo, he
aquí la promesa. Actualmente, me tengo que sacrificar para que la palabra amor
tenga sentido. Para que haya amor sobre la tierra”. Este aserto, a modo de motto, nos lleva a la pregunta: ¿cómo
puede darse una forma creativa que signifique el amor como producción? En su
ensayo, Silverman señala una serie de transferencias entre dar y recibir, entre
devenir emisor o optar por ser receptáculo, reflejo y al mismo tiempo
propagador de estímulos externos. Todo esto nos alerta de nuestra posición en
tanto emisores como receptores. Pero cualquier teoría del amor que se elabore
no puede prescindir de su contraparte, esto es, el poder. Una teoría del amor
como motor de la relaciones en el arte puede convertirse en un proyecto
político, y hacer visibles el modo en el que las relaciones institucionales
están movidas por energía libidinales es poner en práctica una teoría del amor,
pero también del poder.
Próximamente, la publicación del ensayo en lengua inglesa
en el contexto de Mugatxoan aspira a completar el texto, dotándolo a la vez de
un distanciamiento con el original y una autonomía propia e irreductible. Se
trata de aprender a estar en la falta, en la incompletitud, y calmar de este
modo el ansia.
