Un debate reciente en el número de verano
de la revista Artforum ha girado
alrededor del “retorno” de la identidad como un “tema” en el arte. El número
monográfico se inscribía en una suerte de revisionismo de los ochenta y las
luchas por las políticas de la identidad que en entonces se libraron en el
terreno cultural y que tenían en las diversas minorías –raciales o étnicas, de género,
de orientación sexual– su principal destinatario. Una de las personas
preguntadas fue la artista Barbara Kruger, quien en lugar de responder
textualmente decidió enviar una deconstrucción semántica y conceptual de la
jerga crítico-curatorial con la que la identidad regresa. ¿Cuándo dejó de ser
la identidad un asunto principal? ¿En qué lugares, eventos y discursos ha
estado la identidad desaparecida o simplemente equivocada?, se interrogaba
Kruger, crítica con una encuesta cuyo borrador deconstruido –gráfico y textual–
ha servido como portada para este número de Artforum.
Merece la pena reproducir aquí las premisas de una encuesta para la cual en un
mundo post- (identidad, raza, género y hasta post-humano) la identidad vuelve a
ser motivo de conflicto y batalla. Un mundo el actual donde el fundamentalismo,
el racismo, la discriminación y la violencia son alimentadas por las ideologías
extremas. Solo le falta al briefing
de Artforum la categoría de
post-ideología, un olvido nada casual si se tiene en cuenta que es precisamente
la noción de ideología la que hasta hace poco ha permanecido enterrada en el
espesor de las distintas retóricas sobre la identidad. También podría añadirse
la post-política, o el debilitamiento del antagonismo en la arena política como
un simulacro del consenso que certifica el
fin de toda ideología y la aceptación del sistema económico neoliberal como
única alternativa.
Cualquier
definición de lo post- principalmente manifiesta la acuciante urgencia de
aquello que se pretende superado. Como dice Kruger, las categorías son
herramientas útiles que de un modo forénsico pueden ayudarnos a (mal)percibir
la totalidad. El lenguaje es la dificultad de nombrar y acotar. En una sociedad
cada vez más fragmentada y tensionada, la recuperación del discurso de la identidad
también está en la agenda política de los neoconservadores y defensores del
“espíritu nacional”. Parece difícil vislumbrar un futuro sin que la identidad
se convierta en el asunto central de un conflicto (que se remonta al periodo de
la posmodernidad) que parecía superado.
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