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1/06/2014

Alternativas al presente


Finalizamos el año en caída libre, ¿qué esperar del futuro?



En lo social. ¿Qué va a ser lo mejor del 2014? Una posible respuesta eludiría cualquier optimismo utópico sobre lo bueno a venir. Ha sido tanto lo malo en este 2013 que la simple voluntad del cumplimiento del deseo no bastaría para cambiar nada. Existe una intersección entre la ciencia de la prospectiva y la escritura de guiones para películas. El momento de corte entre ambas es el “escenario”, la descripción de una posible situación del futuro próximo. En su ensayo de 1998 “Should the Future Help the Past?” el artista Liam Gillick comenzaba así: “¿Qué es un escenario? Una constante secuencia mutante de posibilidades. Añade un pedazo de diferencia y los resultados se salen de control, cambia la ubicación de acción y todo es diferente”. Es la lógica del What if? La dinámica del ¿qué pasaría si?

La ciencia de la prospectiva no es, sin embargo, tan popular como lo son las películas de Hollywood. Los gobiernos, por su parte, tratan de mitigar los efectos del futuro. Se nos habla del futuro constantemente, sobre la crisis económica y se nos dice: 2014 será mejor. ¿Tenemos que hacer un acto de fe? Por otra parte, Mitos del futuro próximo es un libro de J.G. Ballard y un gran título para los tiempos actuales donde lo que prevalece es el presente, el llamado “presentismo” y con ello la completa dificultad para imaginar el día de mañana. A este presente en tiempos de bonanza lo llamaban “vivir al día”. Ante este “presentismo”, resulta de vital importancia el trabajo de gente como Ballard, autores de ciencia-ficción softcore ambientada no en un galáctico futuro sino en uno próximo, cercano y extraño a la vez. Otro artefacto a considerar aquí es Minority Report, la película de Steven Spielberg de 2002 basada en un cuento de Philip K. Dick: mentes llenas de percepciones extrasensoriales capaces de tener presentimientos, precogniciones y visiones de futuro. Artistas de la anticipación. Anticipación. Hermosa y misteriosa palabra.

En lo artístico. Sin Documenta en Kassel y sin la Bienal de Venecia todo apunta hacia la Bienal de Sao Paulo en Brasil. Aquí, sin embargo, nos cuesta identificar lo mejor del año más allá del medio expositivo. Recuerdo hace una década cuando continuamente se hablaba de “alternativas a la exposición” o de “exposiciones sin exposición”. Ahora somos incapaces de listar o recordar una conferencia, una performance, un concierto o un encuentro de artista. Nos quedamos con las listas y las olvidamos de inmediato. Lo que necesitamos son alternativas al presente, y quizás también alternativas a la exposición.

*Publicado en A-desk, Barcelona, 6-01-2014


12/30/2012

EDITORIAL: Clase media



Hay un libro hilarante de J. G. Ballard que me gustó mucho en su momento y al que apenas se le ha prestado atención. Milenio Negro (2003) describe la rebelión de las clases medias, las cuales, cansadas de sus responsabilidades sociales como clase dominante y hartas de sus ataduras a la sociedad de consumo deciden iniciar una revolución con métodos terroristas incluidos. El interés del libro está en cómo describe una violencia en las calles que desde el momento en el que fue escrito no ha hecho sino crecer por todos los rincones del planeta. La hilaridad a la que me refiero está en que los que enarbolan esa violencia son los privilegiados de la clase media. Pero además, una lectura retrospectiva del texto sirve también como contrapunto a los acontecimientos que han poblado las distintas “primaveras” en estos dos años últimos. Esta mañana en un debate radiofónico con una socióloga y un representante de un sindicato se ha mencionado a la inminente desaparición de la llamada clase media. Se argumenta el final de la sociedad del bienestar, el fin de los privilegios adquiridos, etc. Es el discurso de la crisis, sus efectos y todo aquello que uno o una pueden vislumbrar como discurso sin tener siquiera que escuchar la radio. Sin embargo, no sorprende siquiera que ni se mencione lo que está por encima y por debajo de la llamada clase media. No al menos en los términos que un representante sindical debería hacerlo (como mínimo). Se habla de una mayor desigualdad, sí, entre ricos y pobres. Y entonces aparece el eufemismo: pobres con empleo, mileuristas. La manera en la que el sistema permanece inoculado para evitar a toda costa la terminología de la alternativa social y económica al orden actual imperante no sorprende y es el signo distintivo de cómo opera subrepticiamente la ideología. No hay clase obrera, no existe el proletariado y demás. O clase media… o directamente la pobreza. Esto me recuerda que esta alergia hacia el concepto de clase obrera no es únicamente actual, sino histórico. ¡Y cuantos padres y madres de familia han educado a sus hijos en que eran de clase media, cuando en realidad no lo eran! Así hemos crecido.