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4/09/2018

Boards of Canada. "Music Has the Right to Children" (1998)

Boards of Canada, Music has the right to children, WARP, 1998


Simon Reynolds ha escrito un texto en Pitchfork sobre este álbum del duo Boards of Canada como lo mejor la mejor música electropsicodélica de los noventa. Music Has the Right to Children es uno de esos trabajos destacados en una memoria sónica que no deja de centellear a cada escucha dos décadas después. La mezcla de beats electrónicos y sonido analógico se refunde con el paisaje sonoro del recuerdo y la memoria.

Una breve mención a Boards of Canada y su fascinante álbum continúa aquí la senda de los últimos posts: Autechre, Scanner, Radiohead (Reynolds dice que Thom Yorke mencionó en una entrevista que Music has the right... fue importante en la época de Kid A y Amnesiac).

En formato vinilo, CD, en una cassette grabada para escuchar en el coche, o en su actual configuración digital u online, Music has the right...  es biografía hecha música.





7/05/2013

CRÍTICA: Boards of Canada, "Tomorrow's Harverst"



La última entrega de los hermanos Mike Sandison y Marcus Eoin, es decir, Boards of Canada, no solo acaba con la sequía de ocho años sin publicar un álbum, sino que además consiguen posicionar este Tomorrow’s Harvest entre lo mejorcito de su producción. El principal valor de propuestas como la de Boards of Canada (o también otras como Autechre, por ejemplo) reside en la constancia y la autoafirmación. Esta música es un auto de fe. La no necesidad de testear la adecuación de su música a la tendencia gobernante de su tiempo hace que este tipo de propuestas reflejen el espíritu oculto de la contemporaneidad de la manera más elevada.
Lejos queda su debut Music Has the Right to Children (1998), sin duda una de las bandas sonoras del final de milenio. Ahora, Tomorrow’s Harvest se presenta como la oportunidad de comprobar el punto en el que los hermanos se encuentran. Y los resultados, lejos de decepcionar, los reafirma. El nuevo álbum suena compacto. Te lleva a una dimensión paisajística árida y desolada; desiertos, tormentas y grandes espacios devastados. Después de un comienzo abrasador y misterioso, con “Jacquard Causeway” el sonido regresa a su punto de origen. Solo pueden ser ellos. Lo interesante de este álbum está en lo compacto que suena, de modo que una vez acabada la hora de duración podría comenzar de nuevo haciendo imperceptible el loop. No hay grandes hits y la “suciedad” de los aparatos analógicos marca de la casa se convierte en una coda vírica. Hay temas que son no-temas, como entrantes que se elevan progresivamente para acto seguido extinguirse. Oscuro, triste y cercano al ambient, se trata de una banda sonora apropiada para el abandono y la contemplación en momentos de dificultad. Cuanto más glaciales se presentan más profundo se penetra. Como un diamante duro. 

En este álbum, la estética de Boards of Canada despunta artísticamente consiguiendo aunar sonido e imagen de una manera indeleble. Polaroids desgastadas de no lugares, paisajes y fragmentos de una industrialidad entrópica (lo que parecen satélites y aparatos de control remoto en desuso) sitúa este trabajo artístico en el interior de una hauntology que lejos de convertirse en mera etiqueta pasajera puede condensar todo un presente cultural. 
La superposición de un skyline y un páramo en el ocaso de sol ofrece una hermosa representación para tiempos como los actuales. Post-Apocalipsis. 
Cualquier nostalgia por el futuro tiene aquí una obligada estación. Lo interesante de la tendencia analógica produciendo digitalidad en nuestra cultura reside en la confusión de ambas a la que nos obliga. La imperceptibilidad de ambas agudiza el oído, recordándonos la necesidad de una escucha atenta que combata lo fetichizable del sonido mercancía. La trascendencia y el ascetismo cósmico de equilibrio y armonía con una naturaleza no-idealista puede suponer un escollo a la hora de acercarse a Boards of Canada. Sin embargo, como en todo buen arte, es siempre la calidad y la firmeza de la música la que consigue redimir, acercando de este modo mundos que parecen demasiado lejanos o inalcanzables.


4/08/2013

Pop Político (collage): Hauntologia, retromania... Boards of Canada





Conversación en The Wire, Revenant Forms: The Meaning of Hauntology, 2010


Sin premeditación, el videoclip ha devenido en un asunto relevante en este blog. La suma de vídeo + música pop + do-it-yourself+performance (a lo que habría que añadir toda la carga de un posmodernismo ochenteno tanto en el plano teórico como estilístico) ha dado lugar a expresiones de bajo coste diseminadas por las redes sociales y Youtube. El ciberespacio está más cerca de nosotros que nunca. En esta coyuntura, hay artistas que abandonan la pretensión de insertarse en los canales habituales del arte y en su lugar crean su propio contexto de actividad.
Al mismo tiempo, estas manifestaciones de un renovado “low-art” merecen una atención más pormenorizada que los grandes proyectos faraónicos. La mezcla de videoclip y Youtube está dando pie a no pocas incursiones amateurs. Los video-clips de Boards of Canada, realizados por cualquier y subidos a Youtube expresan un punto de esta creatividad amateur, en la manera en la que el found footage o cualquiera de sus variaciones permite no solo la realización del clip, sino introducirse en en interior de esta nueva "moda nostalgia" que ha pasado del cine comercial (en la línea descrita por Jameson como rasgo del posmodernismo), a su aparente y superficial democratización de las redes sociales. 


Cita sobre la creatividad: “Los músicos, hoy, si son listos, hacen circular sus nuevas composiciones por la red, como pasteles puestos a enfriar en el alféizar de una ventana, y esperan que otras personas las reelaboren anónimamente. Diez serán un desastre, pero la número once puede ser genial. Y gratis. Es como si el proceso creativo ya no estuviera contenido en el interior de un cráneo individual, si es que alguna vez lo estuvo”. William Gibson, (Mundo espejo, p. 75)