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| How to Work Better, Fischli/Weiss, 1991 |
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5/03/2014
8/30/2013
Reflexión sobre el concepto de "ocio"
Siendo el ocio el principal argumento para la industria
cultural, uno se pregunta si realmente el concepto de ocio, más que el de
entretenimiento, es el motivo último por el cual cantidades importantes de
dinero se movilizan cada día. Aunque me cueste ahora mismo establecer una
diferencia entre ocio y entretenimiento, tengo que confesar que la simple
mención a la primera me produce una profunda aversión, casi obscena. Aún así,
hay gente que no solo habla de “ocio” con completa naturalidad sino que además “trabaja”,
“pulula” y literalmente “explota” sus plusvalías teniendo además la
autosuficiencia para referirse a sus actividades como de “ocio creativo”.
Parece que las personas normales y las no tan normales se aburren y necesitan
que les organicen su tiempo de ocio.
“Trabajo y no trabajo: he aquí una cuestión
revolucionaria”, dijo una vez Baudrillard en su periodo más interesante. Y es
que cuarenta años después el binomio trabajo versus ocio todavía monopoliza
cualquier posibilidad de liberación individual y colectiva. La falta de
imaginación a la hora de experimentar el llamado tiempo libre ha sido
conquistado por los nichos empresariales que abanderan la categoría de
“emprendedores”. Y estos emprendedores se han puesto ahora a pensar, subidos en
la noria del “qué interesantes que somos”, qué sería si la gente hiciera de su
tiempo libre lo que ellos creen que deberían hacer. Para tal finalidad, las
instituciones de la cultura son siempre correas de transmisión más que
adecuadas. La obscenidad de que alguien te organice tu tiempo y tus amistades
es definitivamente un objetivo sibilino de ese mundo fantasioso de la
creatividad. Pero no, no pasarán.
Y para acabar agosto y comenzar septiembre, os dejo con "Spare Time" (1939), de Humphrey Jennings, una de mis películas favoritas de todos los tiempos.
Etiquetas:
industria cultural,
Jean Baudrillard,
ocio
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