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| Inception de Christopher Nolan, cortocircuitos de espacio-tiempo |
El reciente visionado de El Topo (2011) dirigida por
Tomas Alfredson, me recuerda mi preferencia por las pelis de espías. Quizás el
espectador británico de una generación mayor pueda recordar la saga de la BBC
de finales de los setenta basada en la novela de John le Carré Tinker Taylor
Soldier Spy de la que El Topo es su versión cinematográfica. No tengo el
placer de haber visto la serie y por lo tanto no puedo, como hace Mark Fisher
en Ghosts of My Life, comparar el Smiley interpretado por Alec
Guinness con el más reciente de Gary Oldman. Da lo mismo. Lo que llama mi
atención es la complejidad narrativa y la temporalidad en forma de rompecabezas
con sentido. Como todo buen texto, la película también exige una demanda:
“véame usted dos veces”. Es reseñable la actual educación del espectador en la
complejidad temporal de no pocas producciones cinematográficas y televisivas.
La actual moda de las series ha llevado esta dificultad a otro nivel superior
y, de paso, ha colonizado cualquier tiempo disponible a lo largo de una jornada
como el tiempo para su visionado. Con la oferta inagotable de Internet,
cualquier hora es buena para ver una serie incluso robándole tiempo al sueño.
24/7. A la fragmentación de las series en capítulos y temporadas le corresponde
también el modo fragmentado de su visionado. El cine, por su parte, tiene más
que ver con un estado de percepción situado entre la atención y la recepción
distraída.
El Topo es, por otra parte, un ejemplo de
complejidad narrativa asentada en una trama intrincada salida de una exitosa
novela de espías. La novedad no solo está en el argumento, la forma y la
estética sino en el uso del tiempo. Una estructura como la de esta película
haría palidecer a la generación de nuestros padres aunque el legado que
nuestros hijos heredarán, después de toda la virtualidad de los videojuegos y
la asimilación cibernética como algo natural o dado, nos dejará en un futuro en
la perplejidad. El entrenamiento en la complejidad es algo que generación a
generación hemos asumido de manera que hoy en día un Hitchcock nos parece
completamente homologable desde cualquier punto de vista. La novela, el cine y
la televisión del futuro será la que empuje las capas temporales a niveles
inimaginables de refinamiento.
Sabemos que el trabajo de mucha gente a la vez
en tareas complicadas es más eficaz que el trabajo de una sola persona. Parte
del actual crowdworking o trabajo colectivo reside en la orientación de tareas
difíciles hacia su hibridación: unir hilos, mezclar, sobrecapar, multiplicar,
etc. El propio blogging continuo tiene que ver con una acumulación lineal ue a la
larga dificulta su propio abarcamiento comprensible. Películas como El Topo introducen la forma y
el contenido en una misma unidad de manera que el propio contenido parece
reproducir el modo en el que la película fue realizada. El argumento es como
sigue. Tenemos al personaje de Control en la dirección del M16 o “Circus” o
Centro de Inteligencia Británico a comienzos de 1970, en plena Guerra Fría,
quien después del fracaso de la operación en Budapest en la que el agente Jim
Prideaux es tiroteado y capturado por los rusos se ve obligado a jubilarse
junto a su mano derecha George Smiley. Percy Alleline se convierte en el nuevo
director del “Circus” con Bill Haydon como segundo y Roy Bland y Toby Esterhase
como aliados. Un soplo hace que se le saque a Smiley de su retiro, una vez que
Control ha muerto, para desentrañar el motivo por el que Jim Prideaux fue
enviado a una misión al otro lado del Telón de Acero: averiguar el nombre de un
“Topo”, un traidor, en la cúpula del “Circus”. Cinco sospechosos: Alleline,
Haydon, Bland, Esterhase o el propio Smiley…
Para averiguarlo, Smiley elige al
agente Peter Guillam como mano derecha mientras que una operación en Estambul
con el agente Ricky Tarr ofrece importante información sobre el “gran Otro”
ausente: Karla, o lo que es lo mismo, el máximo dirigente de la KGB. La cúpula
del “Circus” ha iniciado una operación secreta con el nombre de “Brujería” que
ofrece valiosa información proveniente de la inteligencia soviética. Control y
Smiley desconfían de la información producida por “Brujería”, la cual es
intercambiada con los Estados Unidos por inteligencia americana. Mientras esto
ocurre, tenemos acceso a la vida íntima de Smiley y su personalidad sexualmente
reprimida. Smiley es un anti-Bond. Sabemos de su complicada vida conyugal
durante décadas con Ann, su mujer, quien como Karla no aparece nunca físicamente
en el filme sino siempre sugerida o de espaldas. Al mismo tiempo la película
rezuma la pasión y la tensión que los implicados sienten, desde los peligros de
sus trabajos a la atracción sexual; Ricky Tarr y la mujer de un peligroso
agente soviético, Boris; la relación homosexual entre Prideaux y Haydon, entre
los y las empleadas del “Circus”, etc.
Mi escena preferida (creo que no solo es la
mía) y que da cuenta del uso de la elipsis y la sutileza narrativa de todo el
filme, en donde se sugiere y se enseña más que se dice y explicita, es aquella
de la fiesta de navidad en el “Circus” en la que mientras Smiley busca a su
mujer entre la gente un Papa Noel con la careta de Lenin sube al escenario y
manda entonar el himno soviético para júbilo de todos los presentes mientras
Smiley descubre a Ann de espaldas al otro lado del cristal con otro hombre.
La apropiación burlesca pero solemne del himno
soviético es un momento especialmente interesante, como si apropiarse del canto
del enemigo fuera un ejercicio colectivo de reafirmación y expulsión de toda la
ansiedad y paranoia que rodea a la ya de por sí tensionada situación de
espionaje mundial.
Regresando a la complejidad, ésta per se no resulta suficiente
ni interesante. Un ejemplo de esto es en este sentido Inception (Origen) de Christopher Nolan
(este mismo director considerado como el mayor innovador de la recepción del
tiempo en cierto cine de gran presupuesto). Estoy seguro que un segundo
visionado arreglaría esta desconfianza ante Inception. En cualquier caso,
estamos ante un filme que no solo ha asimilado la complejidad del crowdworking y la escritura
colectiva sino también la retórica de los videojuegos y simuladores de
ordenador más a la moda en el espacio cibernético. El ritmo pausado, calmado
como una partida de ajedrez y desprovisto de cualquier acción de El Topo contrasta con los
fuegos de artificio y explosivos de la película de Nolan. Más Bondiana. La
complejidad en Nolan tiene un punto de partida genial desde el punto de vista
del guión: cómo implantar una idea en el cerebro de alguien sin que éste se de
cuenta y cómo utilizar el sueño como momento donde realizar la inception.
Existe todo un horizonte interpretativo “de
calidad” en Nolan que pasa por la propia significación de los sueños o el momento
del sueño como otra realidad que se incorpora a “nuestra” realidad. Pero los
juegos de espejos, los laberintos de Escher son tan literales que uno acaba
dejando de querer seguir sus retorcidos pasillos. Un sueño dentro de un sueño
dentro de un sueño… Los juegos entre la realidad y la ficción son de sobra
conocidos y El club de la lucha de David Fincher ya tuvo su reconocimiento
por ello. La próxima película de ciencia ficción de Nolan, a estrenar en otoño,
Interstellar, profundiza no ya en el mundo del sueño y la realidad sino en el
de la física y la ciencia a alto nivel a través de la teoría del “agujero de
gusano” o del atajo en el espacio-tiempo. Lo que el cine de Nolan parece
ofrecer es una reflexión temática (desde Memento) sobre el tiempo a
ser interpretado en simultaneidad con el actual “fin de la temporalidad” (sobre
el cual he hablado en post recientes).
Hay un elemento formal a ambos filmes. En los
dos un elemento móvil sirve de metáfora que comunica diferentes niveles de
realidad. En Inception tenemos el ascensor que conecta mundos y realidades
distintos, como una máquina del tiempo pero en versión lacaniana. En El Topo, el equivalente es
ese pequeño elevador o montacargas donde los archivos secretos del M16
británico, el “Circus”, van pasando de planta a planta del edificio como
metáfora del archivismo y la traición a partir de esos mismos documentos. En
cualquier caso, El Topo e Inception son dos casos de cine narrativo donde la
complejidad argumental y el rebuscamiento temporal funcionan uno al servicio
del otro.
