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| Revista "architecture principe", La función oblicua, febrero 1966 |
En el periodo post-Segunda Guerra Mundial
el arquetipo arquitectural del bunker cambia su valencia para pasar a
convertirse en una arquitectura positiva. Si bien el bunker es una construcción
para tiempos de guerra, una fortificación diseñada para defender a la gente y
cuyo diseño es funcionalmente opresiva, esta misma función protectora puede
reutilizarse a modo de abrigo, custodia y seguridad para un potencial
habitante. Una arquitectura también para tiempos de paz. Una arquitectura
poseedora de una dimensión utópica innegable. Algo de esto subyace en Paul
Virilio y su seminal libro (y exposición) Bunker
Archeology, publicado por primera vez en 1976 y que recoge un estudio
detallado (textual y fotográfico) de los restos arquitectónicos de lo que se
denominó la Muralla del Atlántico, un gigantesco proyecto defensivo ideado por la
Alemania nazi en 1942 que recorría todo el litoral del Atlántico desde Francia
hasta el Norte de Europa y donde se pusieron en práctica todas las tipologías
de búnkeres en la que es la mayor utilización de hormigón armado de la
historia.
El bunker comparte con la arquitectura
industrial la posibilidad de su reutilización uniendo la función del arte y sus
objetos en un tiempo igualmente post-industrializado y terciario. ¿Cómo podemos
pensar el pasado y proyectar un modo ético de comportarnos y habitar el tiempo
presente? ¿Cómo vivir la ruina? Umbral de restablecimiento o Seuil de rétablissement. De nuevo
Virilio. Al fondo está la teoría de la “función oblicua” pensada por éste junto
con su cercano colaborador Claude Parent, basada en la idea del desequilibrio y
la inestabilidad motriz, esto es, la idea de que la gravedad es un motor a ser utilizado
al igual que el plano inclinado, dejando la “horizontalidad” como un “umbral de
restablecimiento”. Para ellos, después del orden horizontal del hábitat rural y
el orden vertical del hábitat urbano y la gran metrópolis, es preciso inventar un
tercer orden, el oblicuo, el plano más adecuado para la era post-industrial.[1]
Vivir lo oblicuo. Deslizarse por lo
oblicuo y no por las horizontalidades ni verticalidades del espacio y
pensamientos cartesianos. ¿Quizás en este viejo concepto de la función oblicua pudiéramos
rescatar un equivalente a la dialéctica?
[1] Ver Paul Virilio,
Marianne Brausch, Voyage d’hiver.
Entretiens, Éditions Parenthèses, Marsella, 1997, pp. 56-57.
