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11/18/2015

Función oblicua

Revista "architecture principe", La función oblicua, febrero 1966

En el periodo post-Segunda Guerra Mundial el arquetipo arquitectural del bunker cambia su valencia para pasar a convertirse en una arquitectura positiva. Si bien el bunker es una construcción para tiempos de guerra, una fortificación diseñada para defender a la gente y cuyo diseño es funcionalmente opresiva, esta misma función protectora puede reutilizarse a modo de abrigo, custodia y seguridad para un potencial habitante. Una arquitectura también para tiempos de paz. Una arquitectura poseedora de una dimensión utópica innegable. Algo de esto subyace en Paul Virilio y su seminal libro (y exposición) Bunker Archeology, publicado por primera vez en 1976 y que recoge un estudio detallado (textual y fotográfico) de los restos arquitectónicos de lo que se denominó la Muralla del Atlántico, un gigantesco proyecto defensivo ideado por la Alemania nazi en 1942 que recorría todo el litoral del Atlántico desde Francia hasta el Norte de Europa y donde se pusieron en práctica todas las tipologías de búnkeres en la que es la mayor utilización de hormigón armado de la historia.

El bunker comparte con la arquitectura industrial la posibilidad de su reutilización uniendo la función del arte y sus objetos en un tiempo igualmente post-industrializado y terciario. ¿Cómo podemos pensar el pasado y proyectar un modo ético de comportarnos y habitar el tiempo presente? ¿Cómo vivir la ruina? Umbral de restablecimiento o Seuil de rétablissement. De nuevo Virilio. Al fondo está la teoría de la “función oblicua” pensada por éste junto con su cercano colaborador Claude Parent, basada en la idea del desequilibrio y la inestabilidad motriz, esto es, la idea de que la gravedad es un motor a ser utilizado al igual que el plano inclinado, dejando la “horizontalidad” como un “umbral de restablecimiento”. Para ellos, después del orden horizontal del hábitat rural y el orden vertical del hábitat urbano y la gran metrópolis, es preciso inventar un tercer orden, el oblicuo, el plano más adecuado para la era post-industrial.[1]

Vivir lo oblicuo. Deslizarse por lo oblicuo y no por las horizontalidades ni verticalidades del espacio y pensamientos cartesianos. ¿Quizás en este viejo concepto de la función oblicua pudiéramos rescatar un equivalente a la dialéctica?


[1] Ver Paul Virilio, Marianne Brausch, Voyage d’hiver. Entretiens, Éditions Parenthèses, Marsella, 1997, pp. 56-57.