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9/21/2015

Barbara Kruger y su “Picturing ‘Greatness’”

"Picturing 'Greatness'", comisaria invitada Barbara Kruger, MoMA, Nueva York, 1998


Siguiendo la lectura del post anterior sobre el display y Christopher Williams, éste comenta en la siguiente entrevista (aquí) la importancia que para él tuvo una exposición titulada Picturing ‘Greatness’ en el MoMa de Nueva York con la artista Barbara Kruger ejerciendo de “guest curator”. Esta exposición fue en 1988 y en ella Kruger ejercía de artista, editora de imágenes y organizadora del trabajo de otros sin la inflación del comisariado tal y como ahora mismo se da. La exposición, realizada con los fondos fotográficos del museo, era todo menos neutra. Es decir, estaba completamente “comisariada” en el sentido de que la voz de Kruger tensionaba los límites del propio museo y su propia historia pues la muestra se encontraba en la llamada Edward Steichen Photography Center, en alusión a uno de los “grandes” fundadores del medio fotográfico en los Estados Unidos de América. Esta idea de “grandeza” era lo que se ponía en cuestión. Retratos de Robert Capa de Matisse y Picasso, o los retratos de Man Ray de Cocteau, Duchamp, del propio Steichen de Rodin y Brancusi, o Aldred Stieglitz de su mujer Georgia O’Keeffe. (Para una mayor comprensión de la intención de la exposición lean abajo uno de los mejores textos expositivos impresos en una pared). Me interesa el modo en que una crítica feminista puede utilizar elegantemente obras realizadas por hombres y escribir un texto de exposición como el que se reproduce abajo. A alguna fracción de la crítica newoyorkina le parecía que con exposiciones de ese tipo (y algunas otras, como la de Vito Acconci) el museo estaba programando su suicidio. (Leer aquí). Claro está que esto se daba en un contexto pre-curatorial o en un momento en el que la institución-arte y los museos no habían comenzado el proceso autosaboteador/renovador de la institucionalización de la llamada  Institutional critique que hoy es una convención más de cualquier museo que se pretenda progresista y avanzado.

Resulta completamente llamativo también en términos en los que ese texto expositivo se presenta: como un gran wall label de dos caras y una secuencia de tipologías de exhibición de fotografía en blanco y negro en pequeño formato. Hay aquí un descentramiento de la posición de Kruger, y también un deslizamiento crítico que prefigura una posibilidad crítica para el posmodernismo. Barbara Kruger es ahora un nombre que irremediablemente permanece vinculado a los años ochenta. Su influencia y valía lejos de ser subestimado ha de ser ensalzado desde una perspectiva histórica del arte en estas últimas décadas. La unión de signo y texto alcanzan un grado de análisis relacionable con la Internacional Situacionista y el Punk. (En esto segundo, la unión de punk con posmodernismo inevitablemente deriva en post-punk, inundado por un sentido del collage y el montaje profundamente modernista). El perfil de Kruger es singular, habiendo trabajado a una edad temprana como directora de arte para la revista de moda Mademoiselle y posteriormente como diseñadora, tipógrafa, editora de imagen para Aperture, House and Garden. Hay aquí algo típico de posmodernismo del periodo, una interrelación de las artes donde cierta noción editorial de “estilo” las atraviesa. Una noción de estilo que une moda y arte, una pasión que compartía con Ingrid Sischy (editora primero de Artforum y después de Interview).

Mucho del trabajo de Kruger es aplicado, especialmente a portadas de libros. Como crítica escribió columnas de cine para Artforum en la época en la que Sischy ejercía de editora, y toda su faceta como escritora está recogida en el volumen Remote Control: Power, Cultures, and the World of Appearances publicado en 1994. Es este perfil híbrido y en continúo desplazamiento el que resulta interesante, y que le ha permitido indagar en las fisuras del poder y las convenciones del género y el discurso racial de una manera única. En ella puede comprobarse las posibilidades de “lo editorial” como un compendio de técnicas y procedimientos contextuales y, asimismo, certificar las posibilidades de una práctica “contextual”. Desempolvar el volumen Mando a distancia supone reconocer un momento de efervescencia crítica alrededor de las posibilidades de lo posmoderno en los que durante la década de los noventa crecí.

Volviendo al display, el documento que queda de Picturing ‘Greatness’ resulta de lo más sugerente, al ampliar tipográficamente lo que puede verse como la paginación de un libro al muro (incluso las barras negras a cada lado “enmarcan” más esta relación), ejerciendo este muro una función de soporte textual pero a la vez reivindicando el muro como un soporte, digamos, autoconsciente. Verso y reverso. Al mismo tiempo, el siempre chocante contraste de las imágenes de Kruger en los que yuxtapone texto e imagen es llevado al espacio tridimensional bajo el procedimiento de la separación. Por un lado las fotografías, por otro el texto.

En cuanto al texto, lo transcribo completo en español aquí debajo. Una pena no tener la fotografía del reverso del muro para tener el texto completo.


Pintando la “grandeza”

Las imágenes que cubren las paredes de esta habitación son fotografías hechas por artistas en su mayoría famosos, la mayoría de los cuales están muertos. Aunque muchas de estas imágenes rezuman una especie de caballerosa elegancia, otras presentan al artista como un malhadado Houdini tocado con un birrete, un embobado mediador entre Dios y el público. Vibrando de una inspiración hoy marcada por los buenos modales, visceral pero atestada por todo tipo de refinamientos, los artistas en cuestión son casi todos machos y casi todos blancos. Estas imágenes de “grandeza” artística pertenecen a la colección de este museo. Mientras pugnemos por llegar a ser quienes somos dentro de esa estrepitosa amalgama  de concesiones y negaciones, inclusiones y ausencias, podemos hacernos una idea de cómo se concita la aprobación a través de los lenguajes de la “grandeza”, ese brebaje embriagador elaborado con una rodaja de placer visual, sazonado con dotes de connoisseur, una mención del mito y una buena dosis de dinero. Pero estas imágenes también pueden sugerir cómo somos seducidos  hacia el mundo de las apariencias, hacia una pose que figura quiénes somos y quiénes no. Pueden mostrarnos cómo la vocación cae en la emboscada del cliché y es estereotipada en una instantánea por la cámara, y cómo la fotografía congela instantes, da importancia y hace historia.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                  1988



Barbara Kruger, en Mando a distancia. Poder, culturas y el mundo de las apariencias, Tecnos, Madrid, 1998, p. 225.