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8/30/2018

El futuro visto en una taza de café



Film stills de Deux ou trois choses que je sais d'elle, (1966) de Jean-Luc Godard

Conclusión: 




12/30/2012

EDITORIAL: Clase media



Hay un libro hilarante de J. G. Ballard que me gustó mucho en su momento y al que apenas se le ha prestado atención. Milenio Negro (2003) describe la rebelión de las clases medias, las cuales, cansadas de sus responsabilidades sociales como clase dominante y hartas de sus ataduras a la sociedad de consumo deciden iniciar una revolución con métodos terroristas incluidos. El interés del libro está en cómo describe una violencia en las calles que desde el momento en el que fue escrito no ha hecho sino crecer por todos los rincones del planeta. La hilaridad a la que me refiero está en que los que enarbolan esa violencia son los privilegiados de la clase media. Pero además, una lectura retrospectiva del texto sirve también como contrapunto a los acontecimientos que han poblado las distintas “primaveras” en estos dos años últimos. Esta mañana en un debate radiofónico con una socióloga y un representante de un sindicato se ha mencionado a la inminente desaparición de la llamada clase media. Se argumenta el final de la sociedad del bienestar, el fin de los privilegios adquiridos, etc. Es el discurso de la crisis, sus efectos y todo aquello que uno o una pueden vislumbrar como discurso sin tener siquiera que escuchar la radio. Sin embargo, no sorprende siquiera que ni se mencione lo que está por encima y por debajo de la llamada clase media. No al menos en los términos que un representante sindical debería hacerlo (como mínimo). Se habla de una mayor desigualdad, sí, entre ricos y pobres. Y entonces aparece el eufemismo: pobres con empleo, mileuristas. La manera en la que el sistema permanece inoculado para evitar a toda costa la terminología de la alternativa social y económica al orden actual imperante no sorprende y es el signo distintivo de cómo opera subrepticiamente la ideología. No hay clase obrera, no existe el proletariado y demás. O clase media… o directamente la pobreza. Esto me recuerda que esta alergia hacia el concepto de clase obrera no es únicamente actual, sino histórico. ¡Y cuantos padres y madres de familia han educado a sus hijos en que eran de clase media, cuando en realidad no lo eran! Así hemos crecido.