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1/27/2014

CRÍTICA: "Glade", (2010-2013) Alejandra Pombo Suárez


Recientemente he escrito un artículo sobre algo que he denominado “la escena” para la nueva revista de arte Plétora afincada en Galicia. El próximo 30 de enero se realizará una presentación “expandida” de la revista en el MARCO de Vigo y las editoras (María Marco y Ania González) han decidido distribuir “espacialmente” (lo que quiera que esto signifique) mi texto conjuntamente con una obra en vídeo de una de las artistas mencionadas: Alejandra Pombo Suárez. Asimismo, el pasado martes acudí a la tercera edición del Festival Pantalla Fantasma en el Espacio Puerta de Bilbao (dirigida por Jorge Núñez) y que es un encuentro que da cabida a toda una variedad de audiovisual extraño y en los márgenes de las convenciones del cine, el documental y el videoarte. Ha sido en este certamen donde he podido contemplar en integridad el vídeo Glade de Alejandra.

Esta conexión entre espacios, iniciativas y disciplinas artísticas tan variopintas da una idea del difícil encasillamiento de la práctica de Alejandra Pombo. Desconcertante es la primera palabra que me vino a la cabeza mientras observaba Glade. Ni cine ni audiovisual narrativo: la cámara de vídeo está ahí para registrar un encadenado de acciones “activadas”, o animadas. Su formato de exhibición también es híbrido: puede funcionar como proyección para una audiencia pero también ocupar presentarse en el marco de una exposición o museo. Glade forma parte de una nueva generación de “situaciones en escena” que vehiculiza estrategias provenientes del teatro, la performance, la danza, la escritura, la coreografía y finalmente también el audiovisual. Como una activated installation pero a través del control remoto del vídeo. Esta realización ocupa por derecho propio un nicho en la transversalidad de una “escena” que reflexiona sobre la “escena” (o lo escenográfico) y que ahora mismo cuenta en España con una muy buena salud.

La “pieza” de Alejandra Pombo Suárez está realizada a partir de una residencia para escritores y poetas en los Estados Unidos. En inglés la palabra glade significa un claro en medio de una zona boscosa o de árboles. Utilizando paisajes naturales y un par de singulares arquitecturas, Pombo ejecuta/performa una sucesión de situaciones donde la imagen fija encuadrada por la cámara deviene en un marco para la contemplación y escrutinio de la imagen y, por extensión, de nuestras expectativas sobre el paisaje. En cada una de las escenas que se suceden una detrás de otra, una figura “aparece” en escena y que captura la atención del espectador: la propia Alejandra. La ideas de camuflaje o fusión del sujeto en la naturaleza adquiere un tinte irónico no exento de un halo poético y evocador. Mujer pantera, gato, sombra o como un animal encaramado a una rama de un árbol, Pombo desnaturaliza cualquier idealismo de lo sublime en la naturaleza. Descentra la mirada masculina y femenina y mantiene al espectador en una constante demanda de atención.

Glade es también un ejemplo de un tipo de práctica fuertemente auto-reflexiva y auto-consciente; como en todo buen caso de “escena”, la condición ontológica está muy presente. La imagen deviene en un instrumento para cuestionar las condiciones de la representación y nuestra relación con ella. No por casualidad un referente que me vino a la cabeza cuando lo miraba era Jeff Wall o David Claerbout aunque, en lugar de cibrachrome, vídeo de bajo coste.

Pero aparte del contenido, en sí mismo potente, lo que más me llama la atención es su radicalidad y estructura interna así como su potencial “usabilidad”. Quizás, la manera de contemplación más adecuada sea oponerla frontalmente ante una audiencia; como una obra de teatro, o como un espectáculo de coreografía o danza. El tiempo de su duración (y la duración es aquí otro de sus temas) exige del ritual de la atención. Pero en lugar de una experiencia live, lo que se nos ofrece es una coreografía construida, estática, frontal y que únicamente existe gracias al vídeo. La mezcla de disciplinas en el instante de la recepción es tan grande como lo es su unidad interna. Pero Glade también podría funcionar a modo de instalación en un museo, enfatizando las cualidades sonoras y “pictóricas” de la imagen para recreación de un espectador al que se le invita a “escanear” visualmente toda la superficie de la imagen a la búsqueda de la “mancha”. Sí, una mancha dentro del cuadro: se abre aquí la veda para las interpretaciones lacanianas.

Otro de los rasgos destacados es que el propio trabajo muestra su propia metodología de realización. Se trata de un vídeo filmado en soledad o que no precisa de equipo ni tampoco apenas producción; Alejandra activa el ON de la cámara y ella misma construye la escena así como el movimiento. El reto es montar y editar el material en la post-producción de forma que adquiera un “cuerpo” y una estructura. Resulta fascinante la escena del lago, quizás el plano más largo, y que cuenta con unos cambios de luz en el bosque que se dirían son fruto de efectos especiales o quizás post-producción. Pero no, la cámara registra, capta, recoge lo que está ahí fuera y nada más, como un micrófono más que como un “rifle” (por usar algunas metáforas del cine y la antropología). Glade es una realización singular llena de humor soterrado que abre un camino a explorar para esta artista y que nos invita a la reflexión y al disfrute sin imposiciones dogmáticas en cuanto a su recepción. El parecido de la palabra inglesa glade con glance (mirada, vistazo, ojeada) tampoco debe ser pasado por alto.