Recientemente he escrito un artículo sobre algo que he
denominado “la escena” para la nueva revista de arte Plétora afincada en
Galicia. El próximo 30 de enero se realizará una presentación “expandida” de la
revista en el MARCO de Vigo y las editoras (María Marco y Ania González) han
decidido distribuir “espacialmente” (lo que quiera que esto signifique) mi
texto conjuntamente con una obra en vídeo de una de las artistas mencionadas:
Alejandra Pombo Suárez. Asimismo, el pasado martes acudí a la tercera edición
del Festival Pantalla Fantasma en el Espacio Puerta de Bilbao (dirigida por
Jorge Núñez) y que es un encuentro que da cabida a toda una variedad de
audiovisual extraño y en los márgenes de las convenciones del cine, el
documental y el videoarte. Ha sido en este certamen donde he podido contemplar
en integridad el vídeo Glade de Alejandra.
Esta conexión entre espacios, iniciativas y disciplinas
artísticas tan variopintas da una idea del difícil encasillamiento de la
práctica de Alejandra Pombo. Desconcertante es la primera palabra que me vino a
la cabeza mientras observaba Glade. Ni cine ni audiovisual narrativo: la cámara de vídeo
está ahí para registrar un encadenado de acciones “activadas”, o animadas. Su
formato de exhibición también es híbrido: puede funcionar como proyección para
una audiencia pero también ocupar presentarse en el marco de una exposición o museo. Glade forma parte de una nueva
generación de “situaciones en escena” que vehiculiza estrategias provenientes
del teatro, la performance, la danza, la escritura, la coreografía y finalmente
también el audiovisual. Como una activated installation pero a través del control remoto
del vídeo. Esta realización ocupa por derecho propio un nicho en la
transversalidad de una “escena” que reflexiona sobre la “escena” (o lo
escenográfico) y que ahora mismo cuenta en España con una muy buena salud.
La “pieza” de Alejandra Pombo Suárez está realizada a
partir de una residencia para escritores y poetas en los Estados Unidos. En
inglés la palabra glade significa un claro en medio de una zona boscosa o de árboles.
Utilizando paisajes naturales y un par de singulares arquitecturas, Pombo
ejecuta/performa una sucesión de situaciones donde la imagen fija encuadrada
por la cámara deviene en un marco para la contemplación y escrutinio de la
imagen y, por extensión, de nuestras expectativas sobre el paisaje. En cada una
de las escenas que se suceden una detrás de otra, una figura “aparece” en
escena y que captura la atención del espectador: la propia Alejandra. La ideas
de camuflaje o fusión del sujeto en la naturaleza adquiere un tinte irónico no
exento de un halo poético y evocador. Mujer pantera, gato, sombra o como un
animal encaramado a una rama de un árbol, Pombo desnaturaliza cualquier
idealismo de lo sublime en la naturaleza. Descentra la mirada masculina y
femenina y mantiene al espectador en una constante demanda de atención.
Glade es también un ejemplo de un tipo de práctica fuertemente
auto-reflexiva y auto-consciente; como en todo buen caso de “escena”, la
condición ontológica está muy presente. La imagen deviene en un instrumento
para cuestionar las condiciones de la representación y nuestra relación con
ella. No por casualidad un referente que me vino a la cabeza cuando lo miraba
era Jeff Wall o David Claerbout aunque, en lugar de cibrachrome, vídeo de bajo
coste.
Pero aparte del contenido, en sí mismo potente, lo que más
me llama la atención es su radicalidad y estructura interna así como su potencial
“usabilidad”. Quizás, la manera de contemplación más adecuada sea oponerla
frontalmente ante una audiencia; como una obra de teatro, o como un espectáculo
de coreografía o danza. El tiempo de su duración (y la duración es aquí otro de
sus temas) exige del ritual de la atención. Pero en lugar de una experiencia live, lo que se nos ofrece es una
coreografía construida, estática, frontal y que únicamente existe gracias al
vídeo. La mezcla de disciplinas en el instante de la recepción es tan grande
como lo es su unidad interna. Pero Glade también podría funcionar a modo de instalación en
un museo, enfatizando las cualidades sonoras y “pictóricas” de la imagen para
recreación de un espectador al que se le invita a “escanear” visualmente toda
la superficie de la imagen a la búsqueda de la “mancha”. Sí, una mancha dentro
del cuadro: se abre aquí la veda para las interpretaciones lacanianas.
Otro de los rasgos destacados es que el propio trabajo
muestra su propia metodología de realización. Se trata de un vídeo filmado en
soledad o que no precisa de equipo ni tampoco apenas producción; Alejandra
activa el ON de la cámara y ella misma construye la escena así como el
movimiento. El reto es montar y editar el material en la post-producción de
forma que adquiera un “cuerpo” y una estructura. Resulta fascinante la escena
del lago, quizás el plano más largo, y que cuenta con unos cambios de luz en el
bosque que se dirían son fruto de efectos especiales o quizás post-producción.
Pero no, la cámara registra, capta, recoge lo que está ahí fuera y nada más, como
un micrófono más que como un “rifle” (por usar algunas metáforas del cine y la antropología).
Glade es una
realización singular llena de humor soterrado que abre un camino a explorar
para esta artista y que nos invita a la reflexión y al disfrute sin
imposiciones dogmáticas en cuanto a su recepción. El parecido de la palabra
inglesa glade
con glance
(mirada, vistazo, ojeada) tampoco debe ser pasado por alto.