¿Qué escribir hoy? Esa es la pregunta a la que se enfrenta el escritor cada mañana.
La lógica económica que rige el escribir para vivir y el vivir para escribir (write to live, live to write) organiza siempre esta primera pregunta. Cuando parecía que había agotado las reservas de contenido reciclable, he aquí que me encuentro con un cajón escondido dentro de mi ordenador y que refleja hábitos de lectura y búsqueda de contenido a través de la lectura. En este caso, citas potenciales sacadas de "Eros y civilización" de Herbert Marcuse. He dejado constancia igualmente, y en más de una ocasión en este mismo blog, de mi querencia por la utopía como forma y también como contenido. "Utopología" quizás, palabra que he oído hace poco en boca de Esther Leslie como una descripción bastante fiable de Fredric Jameson. Pero la cuestión de la utopía es inabordable sin antes referirnos a cuestiones como la fantasía y la imaginación. La distinción crucial que se establece desde los estudios marxistas de la utopía está atravesada por dos géneros narrativos irreconciliables y que se excluyen mutuamente; por un lado, la ciencia ficción (Philip K. Dick, Ursula LeGuin y demás), por otro el relato fantástico (Tolkien y demás). Existen, no obstante escritores que intentan subvertir esa misma oposición, como por ejemplo, actualmente China Miéville combinándolos y llevándolos a sus límites.
La imaginación, la fantasía, la utopía y el erotismo son conceptos que se prestan a una perversa re-utilización de su significado desde el siempre incombustible interior del sistema. Supone un viaje en el tiempo regresar por medio de la lectura a los días heroicos de la teoría crítica para hallar una forma de lenguaje un tanto inaudita a nuestros oídos contemporáneos y enraizada en las formas más elevadas de pensamiento. "Eros y civilización" es uno de esos libros. Hoy en día tales viajes en la máquina del tiempo pueden ser de provecho colectivo haciendo aquello que Walter Benjamin promovió en alguno de sus puntos de "Programme for Literary Criticism", a saber, que los textos sólo a base de citas debían ser desarrollados. Esto es algo más modesto: disponer y proponer al lector fragmentos provenientes directamente de la lectura y seleccionados subjetivamente en ese mismo proceso. Los Marcuse son una saga inagotable, una familia que ejemplifica y materializa la historicidad misma. En ese compromiso con la resistencia del pensamiento, las sucesivas dialécticas de la liberación, la imaginación, la utopía, la emancipación y el cuerpo encuentran una incómoda morada que se revuelve una y otra vez sobre sí misma.
Sacado de Herbert Marcuse, Eros y civilización, (Ariel)
Capítulo VII. Fantasía y utopía
“La fantasía liga los más profundos yacimientos del inconsciente con los más altos productos del consciente (el arte), los sueños con la realidad”. p. 137.
“La razón prevalece; llega a ser poco agradable, pero útil y correcta; la fantasía permanece como algo agradable, pero llega a ser inútil, falsa –un simple juego, una forma de soñar despierto. Como tal sigue hablando del principio del placer, de la libertad de la represión, del deseo y la gratificación no inhibidos; pero la realidad actúa de acuerdo con el lenguaje de la razón, que ya no están relacionadas con el lenguaje de los sueños”. p. 139
“Como un proceso mental independiente, fundamental, la fantasía tiene un auténtico valor propio, que corresponde a una experiencia propia –la superación de una realidad humana antagónica. La imaginación visualiza la reconciliación del individuo con la totalidad, del deseo con la realización, de la felicidad con la razón”. p. 140
"Hay razón en la imaginación que “crea un universo de percepción y comprensión –un universo subjetivo y al mismo tiempo objetivo. Esto sucede en el arte.” p. 140
“La imaginación artística da forma a la ‘memoria inconsciente’ de la liberación que fracasó, de la promesa que fue traicionada”. p. 140
“La forma de la obra de arte dota a su contenido de las cualidades del gozo. El estilo, la rima, el metro introducen un orden estético que es en sí mismo placentero, que reconcilia con su contenido”. p. 141
“Sin embargo, dentro de los límites de la forma estética, el arte expresa, aunque de una manera ambivalente, el retorno de la imagen reprimida de la liberación: el arte es oposición. (…) El arte existe sólo cuando se anula a sí mismo, cuando salva su sustancia negando su forma tradicional y negando, por lo tanto, la posibilidad de reconciliación: cuando llega a ser surrealista y atonal. De otro modo, el arte comparte el destino de toda forma de comunicación genuina: fallece”. p. 141


