| Susan Philipsz, Ziggy Stardust, CD, Pork Salad Press, 2004 |
Sopesar
la influencia de David Bowie en la música, la moda y el arte es tarea vana sin
antes reconocer que cada persona afectada por su muerte tiene su propio y
personal Bowie. “My own personal Bowie” (parafraseando a esa otra gran canción
de Depeche Mode que es “Personal Jesus”. Pasada una semana de su muerte pasamos
de la incredulidad a la nostalgia. Recuerdo de momentos biográficos. También
pensamos en aquellas personas que hemos conocido para quienes Bowie era
importante en sus vidas. Una de estas personas es la artista escocesa afincada
en Berlín Susan Philipsz, quien en 2010 ganara el Turner Prize. Philipsz ha
realizado al menos dos obras con David Bowie como referente. La obra de esta
artista parte principalmente de su propia voz cantada (sin ningún
acompañamiento musical) y el encuentro de esta voz con un lugar, un espacio. Podríamos
hablar aquí de “re-enactments” o performances, o sencillamente de una interpretación performativa, es decir, una interpretación
que transforma aquello que interpreta y lo devuelve al mundo como algo que
mantiene un vínculo con un elemento pasado pero que ahora, en su remozada
forma, se nos aparece como irreconocible, o simplemente como nuevo. Philipsz
parece querer contribuir a ese “mundo-espejo” donde todo se parece y es a la
vez distinto, donde identidad y diferencia se desmarcan mutuamente en un
proceso infinito.
Una de estas obras de Susan Philipsz sobre (o a partir de) Bowie es el CD Ziggy Stardust (Pork Salad Press, 2004),
la magnífica adaptación de una de las obras maestras de la historia del rock, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the
Spiders from Mars (1972) de David Bowie, cantada en su totalidad por
Philipsz a capella, tema tras tema,
sin acompañamiento instrumental, hasta el punto de generar un completo
extrañamiento con respecto a las conocidas canciones del álbum original. Ziggy Stardust es un CD con las once
canciones del disco de Bowie versioneadas por Philipsz donde incluso la portada
original del extraterrestre glam-rock aterrizado en la tierra, una calle
nocturna de Londres, es re-interpretada (por Eoghan McTigue). La buena labor
editorial de Jacob Fabricius al frente de Pork Salad se completa con el trabajo
gráfico de Heman Chong.
No es por casualidad que podamos ver este CD como otro homenaje de la artista a un objeto pop de culto que, cuando fue lanzado, a principios de los setenta, se convirtió en la inspiración de innumerables películas, shows musicales, representaciones teatrales, amén de múltiples interpretaciones sobre la identidad de Ziggy Stardust. A la identificación de Bowie con su personaje de ficción habría que sumarle ahora la de Philipsz. La bisexualidad del personaje de Ziggy, introduciría una ya más que explícita re-inversión de los órdenes del género. De la misma manera que la identificación tiene lugar entre distintos géneros, masculino/femenino, es otra constante en Philipsz el repetir, versionear y adaptar canciones cantadas por cantantes masculinos, por ejemplo el atormentado líder de Radiohead, Thom Yorke, en canciones como “Airbag” y “Pyramid Song”.
Ziggy Stardust (en la versión del CD de
Philipsz), así como otros trabajos suyos, estaría relacionadas con toda una
idea ficcional del show teatral extravagante,
(presente en el romanticismo del glam-rock, con en sus nostálgicas miradas
hacia el pasado) con toda clase de identificaciones, proyecciones de género y
ensoñaciones del yo. La escucha de este álbum de Susan Philipsz doce años
después de su producción y a una semana de la muerte de Bowie es un
recordatoria de este nuestro individual e intransferible “personal Bowie”.
La otra obra de Philipsz lleva por título Wild is the Wind (2002) y fue una instalación site-specific en la ciudad de San Sebastián comisionada por el autor
de este blog conjuntamente con Leire Vergara, entonces dúo curatorial en aquella
plataforma curatorial llamada D.A.E. Donostiako Arte Ekinbideak (1999-2005). Wild is the Wind fue producido en el
marco de Front Line Compilation, un
proyecto de D.A.E. alrededor de las “traducciones” y deformaciones entre el
imaginario norirlandés y el contexto socio-político vasco. (Philipsz estudió
bellas artes en Belfast y comenzó en esta ciudad su recorrido en el arte
internacional).
| Susan Philipsz, Wild is the Wind, D.A.E. Donostiako Arte Ekinbideak, 2002, San Sebastián |
La superposición de múltiples voces está presente en Wild is the Wind (2002) cuya canción del mismo título de Nina
Simone fue versioneada más tarde por el propio Bowie, deviniendo el origen de
una instalación sonora en el conjunto escultural de “El Peine del Viento” en
San Sebastián, el conocido conjunto escultórico obra de Eduardo Chillida y el
arquitecto Luis Peña Ganchegi. El calculado volumen del sonido estaba dirigido
a que el espectador se acercara a escuchar con más detenimiento.
De
nuevo, Wild is the Wind estaba
cantada a capella por la artista, y
su sonido se emitía en un mástil con miras al mar a través de unos altavoces
con forma de trompeta que bien recuerdan a la estética náutica y marina. “Con
mi trabajo intento traer una audiencia de vuelta a su entorno, no al contrario.
Lo que intento hacer es que seas más conscientes del lugar en el que estás
mientras mides tu propio sentido del yo. Por lo que el emplazamiento de esta
obra es muy importante, el sitio se convierte en el elemento visual”.[1]
Pensando en Bowie uno piensa también en Susan Philipsz, y los recuerdos y la
nostalgia se agolpan.