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| Wojciech Kosma, abajo, y The-Family |
“Jessica Llewellyn Timothy Dwayne
Wojciech Yunuen” es el título de la última pieza del artista Wojciech Kosma y
sus colaboradores. En la Chisenhale la performance se estableció a partir de
una serie de ensayos abiertos al público los días previos así como una
conversación pública. Los testigos asistentes a los ensayos y a la performance
final atestiguaron que cada día fue algo distinto. Una de las claves está en la
consideración de la improvisación como el motor de estas performances. Cada
ocasión, los performers improvisan e interactúan entre ellos partiendo de la
base de un conocimiento mutuo. A lo largo de varios años Kosma y sus amigos han
desarrollado lo que ellos llaman The-Family, un no-grupo entre varios
performers con distintos backgrouds
unidos por lazos afectivos y separados por la distancia geográfica.
La misma consideración de The-Family ya
desvela la economía, emocional y creativa, del artista contemporáneo en la
actual coyuntura neoliberal. Si además nos centramos en la figura del
performer, cuyo producto en venta es principalmente su cuerpo y/o su carisma,
está consideración económica resulta todavía más contemporánea. Bajo esta
premisa, la performance que tautológicamente recoge los nombres de los
performers supone la posibilidad de testear lo que hoy en día se denomina “lo
coreográfico”, o “la escena”. Un encuentro de danza Post Moderna (énfasis de la
nota de sala), performance de vanguardia y teatro improvisado, donde la
interacción y el disfrute depende del grado de conocimiento y familiaridad con
los performers. Estos se interpelan, se agreden y se retan en una coreografía
afectiva que oscila entre la fascinación y el tedio. El dispositivo es aquí
mínimo: únicamente una gran sala con el público en el perímetro y el espacio
central como zona para el encuentro. Si los performers hablan en un extremo de
la sala (en inglés), los del otro extremo no consiguen escuchar nada de lo que
dicen. No importa. Ése es el método de The-Family.
Lo que sin ningún tapujo esta performance
de Kosma y sus colaboradores ejemplifica es la actual confluencia de la danza,
la coreografía, el teatro y la performance hacia el espacio discursivo de “lo
curatorial”, y como tal, hacia el espacio del arte contemporáneo y sus
estructuras. La conciencia desde el lugar desde el que actuar es ésta: el arte.
Esta actuación de Kosma se enmarca dentro del programa Interim que la Chisenhale desarrolla en su espacio alrededor de la
performance y presentaciones basadas en formato evento. Esta confluencia en el
espacio discursivo de “lo curatorial” es indistinguible de la economía del
cuerpo y el carisma en la actual situación neoliberal. Para el curator
contemporáneo, el performer representa una posición de pureza y corrupción
similar a la suya; una forma depurada de mercancía, saber y cuerpo que no
necesita de accesorios (esas mercancías objetuales que son las obras de arte). “Lo coreográfico”, “la escena”, “la
performance”… Ningún artista actuando en los intersticios de ese… ¿no-lugar?
busca nunca definir lo que hace o poner con palabras o etiquetar aquello que
hace. En eso reside la actual conservación y mantenimiento de ese mismo
espacio. Estamos ante el comienzo de algo.






