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8/11/2021

POP POLÍTICO: "Pet Shop Boys, literalmente", Chris Heath (Editorial Contra, 2021)

 




Hay varios razones para adentrarse en esta suculenta biografía de los Pet Shop Boys; la primera es obvia y basta con ser fan del dúo británico; la segunda es igualmente evidente, pues todos aquellos lectores de pop encontrarán en estas páginas una crónica del mejor periodismo musical; incluso puede ser el brillante y ambicioso ejercicio literario acometido por Chris Heath; se me ocurren algunos motivos más, pero me detendré en el que más he disfrutado: Pet Shop Boys, literalmente, el libro (Contra, Barcelona, 2021), tal vez sea uno de los documento culturales más contundente que dan cuenta de una época, los años ochenta, en toda su plenitud. Se trata de un “artefacto” con una altísima capacidad periodizadora de la década donde la ideología neoliberal comenzó a segregar su credo. 


Los datos son los siguientes: estamos en 1989 y el muro de Berlín está a punto de caer pero nuestros protagonistas, Neil y Chris, aún no lo saben. Después de tres elepés de éxitos, Please, Actually y Alternative y bombazos como “West End Girls” y “Love Comes Quickly”, los Pet Shop Boys se embarcan en su primera gira por el Lejano Oriente, Hong Kong, que todavía es colonia británica, y por Japón, para regresar seguido a Gran Bretaña, con conciertos en Birmingham, Londres, Glasgow, etcétera. La razón de esta tan tardía primera gira se debe a que, según ellos, no eran un grupo de directos. Los PSB suenan en las radios de medio mundo, sus hits se sitúan en todos los Top 10 y su base de fans crece exponencialmente en solo tres años, de 1986 a 1989. En este tiempo colaboran con Liza Minelli, Dusty Springfield, componen “I’m not scared” para Eight Wonder (Patsy Kensit) y su horizonte parece el stardom propio de figuras como Madonna y Michael Jackson. Esta primera gira es un verdadero Gesamtkunstwerk pop (el espectáculo de una fastuosa obra de arte total pop). Teatralidad a raudales, bailarines, virtuosos músicos de acompañamiento, vestuario de fantasía y proyecciones en celuloide del cineasta Derek Jarman como fondo de algunas canciones. Como parte de la gira viaja el periodista Chris Heath con el encargo, nada explícito, de ser testigo de la gira para un futuro libro. Pertrechado con una simple libreta, Heath se disfraza de antropólogo del pop. 


De esta guisa surge este libro, publicado originalmente en 1990 y que ahora, treinta años después, ha sido traducido por la Editorial Contra. Junto al retrato de los PSB, la biografía de Chris y Neil, sus recuerdos de infancia, deseos y ambiciones, el libro periodiza el ascenso fulgurante de la cultura pop. Los años ochenta, hedonistas y thatcheritas, en los que el shopping o ir de compras pasó a ser una forma de ocio, y la moda se inmiscuía por las rendijas de todas las parcelas de la vida cotidiana. La década obsesionada con comprar y vender, donde el fetichismo de lo nuevo era renovado a cada instante, pero también un tiempo en el que se daba una efervescente esfera pública repleta de revistas especializadas, donde críticos inmisericordes podían hacer trizas un disco o una película, pero donde sobre todo prevalecía un sentido irónico de la vida y un apetito insaciable por la distorsión. 


En ese contexto, los Pet Shop Boys emergen como heraldos de un posmodernismo que combina lo más alto con lo más bajo, donde la ironía y el sentido del humor se erigen en armas posmodernas aplicada sin piedad y donde la palabra más usada es “pretencioso”. Un posmodernismo que combina Ché Guevara y Debussy como en la letra de “Left to My Own Devices”. Sin duda había algo en Neil y Chris que desconcertaba a la prensa musical, para algunos un exceso de banalidad, para otros un exceso de intelectualismo. Y así se convirtieron en un grupo de culto. 




Pet Shop Boys, literalmente es un viaje fascinante por la geografía cambiante de Europa y Asia y una compleja meditación sobre las apariencias, sobre la sofisticación, la falsedad, lo fingido y lo honesto. Cada frase pronunciada por Neil Tennant y Chris Lowe es ambigua, irónica, seria o con doble intención. Neil y Chris, Chris y Neil. Este último recoge algo de la tradición del dandi inglés, por ejemplo el desdén. Es parlanchín, mordaz, inteligente, culto y los trajes le sientan de lujo. Por su parte, Chris es reservado, aparenta seriedad dentro y fuera del escenario, no mueve un músculo y muestra una pasión desacerbada por los regalos de los fans. Llega a decir que “para mí también es importante tener un par de zapatillas que estén de moda. Tienes que tener un par de deportivas de moda”. Viste ropa de Armani y se protege con viseras o gorritos de lana. Su estética es más la de la cultura de club. Adoran el chismorreo. Hay un camaleonismo constante en el aspecto de los PSB. Envolturas y forrados de capas y maquillajes. En definitiva, hay estilo. Entre ellos hay una química, una complementariedad inédita, un vacile constante, (Neil llama a Chris, “don no es suficiente dinero”). Son los Gilbert and George del pop. 


Mientras tanto, diseccionan sin remilgos el showbiz de la industrial musical. Neil: “esa es una manera bastante inusual de escuchar los discos. La mayor parte de la música pop no va de música; lo importante siembre ha sido de quién es el disco, cómo es, cómo canta en televisión, qué ropa lleva…” Sus diatribas se dirigen siempre contra el rock… contra la falsa espontaneidad del rock y sus mitos, contra la hipocresía del Live Aid de 1985 y sus corolarios, contra U2… Como buenos ingleses hablan de clase, de política, de la familia real. Sobre los productores de pop y dance de la década de 1980, Stock, Aitken & Waterman, Neil dice: “Ellos dicen: ‘Hacemos discos para que la gente se lo pase bien’. Son total y completamente thatcherianos y sus discos son total y completamente thatcherianos. En cierto sentido son perfectamente pop porque son discos totalmente de su tiempo”. O sobre la familia real británica: “tienen el respaldo de una prensa supuestamente libre para construir la fantasía alrededor… de igual forma, la familia real se considera apolítica cuando lo cierto es que son totalmente políticos. Son esencialmente de derechas”. 


Todo esto y mucho puede encontrarse en este libro de periodismo de investigación, un auténtico verité de la prensa musical, magníficamente escrito por Chris Heath. Hay aquí todo un método consistente en ser testigo pero en hacer como que no se note. Como aquellos antropólogos tratando de no llamar la atención, aunque aquí en vez de una tribu salvaje se trata de la vorágine de una gira y de esas faunas urbanas que desfilan sin remilgos a la vera de estas criaturas adorables que son los Pet Shop Boys. 



3/18/2018

Sobre Robin Rimbaud a.k.a Scanner





Hace veinte años que la figura de Robin Rimbaud a.k.a. Scanner sobrevuela mi imaginario musical. Sin embargo, ¡hacía tanto tiempo que no lo escuchaba! Pertenezco a una generación de artistas para quienes el álbum de Scanner, Delivery (1997), fue un descubrimiento y acto seguido una identificación en sintonía con el espíritu de su tiempo. El hallazgo reciente de su último trabajo, titulado Fibolae (2017), reconecta la memoria con el pasado a la vez que desentumece el sistema nervioso. Scanner presenta un álbum melancólico, atmosférico, una elegía cargada de sentimientos.  Desde la entrada “Inhale”, pasando por “Footpaths”, “Spirit Cluster”, hasta la impresionante “Savage is Savage” los temas se encadenan de un modo articulado formando una sólida unidad. Si hay algo que sorprende es la importancia dada a la percusión: una rabia contenida y una emoción desbordante se despliega en ritmos marcados por la furia de la batería en “Inhale” y “Savage is Savage”.

Los primeros experimentos musicales de Scanner a comienzos de 1990 incorporaban fragmentos sacados de conversaciones telefónicas aleatorias grabadas con un escáner policial (de ahí el nombre). Estos fragmentos eran cacofonías de un mundo habitado por espectros donde la intimidad era escrutada y acto seguido expuesta. Esta forma de audio-voyeurismo desafiaba los límites entre lo público y lo privado. Lo que comenzó con una fascinación por las ondas de radio, señales de teléfonos y escáneres policiales fue lentamente adquiriendo la forma de proyectos artísticos multidisciplares, desarrollando un interés en la producción de sonido específico del lugar y la expansión del terreno entre el sonido, la imagen y la forma.

Los trabajos de Scanner son siempre obras completas que han de escucharse como una totalidad. Rimbaud además de compositor es escritor, artista multimedia y de instalación, colaborador incansable, experimentador, compositor de bandas sonoras. Sus colaboraciones abarcan trabajos con arquitectos, coreógrafos, artistas, compañías de producción de films de artistas como la belga Auguste Orts, etc. A su vez, sus modos de actuación muy variados. En el año 2000 tuve la oportunidad de verle en acción en el Centro Pompidou de París en un acto más performativo y teatral que un concierto propiamente. Entonces se activó en mi un deseo de trabajar de alguna manera con él, y aunque llegué a meterle en algún proyecto de comisariado virtual, se quedó en eso, un deseo.

Como decía, su sello distintivo siempre han sido esas breves conversaciones telefónicas capturadas que moran sus canciones, como empalmes, como instantes narrativos de instantes perdidos. Instantes analógicos de pasados perdidos rescatados y recombinados sobre un fondo electrónico altamente narrativo. Rimbaud comenzó siendo niño a grabar con una simple grabadora de cassette todo lo que ocurría en su entorno familiar. Esos cassettes han sido recuperados ahora para Fibolae, un álbum que Rimbaud habla de los sentimientos de duelo después de haber perdido a toda su familia. Hay momentos conmovedores. ¿Ha de verse a Rimbaud como un precursor de la hauntología? Así lo creo, aunque no recuerdo ninguna mención de Mark Fisher a Scanner en los textos del desaparecido crítico británico (al menos en sus tres libros publicados). Lo uncanny sonoro. 

Pero sin duda, Delivery es la obra que permanece como referente, u obra maestra de la composición posmoderna de la cultura electrónica. Lo fascinante de este álbum, aún cuando se escucha veinte años después, es su carácter profundamente narrativo, es decir, que el álbum se escucha prácticamente como una película o una novela. Esta narratividad es propia del arte de los años noventa. (He dicho el arte más que la música electrónica, porque ese me parece el ámbito en el que ha de situarse un trabajo como Delivery). Fue en se periodo que los artistas comenzaron a volverse hacia la literatura y el cine, haciendo productivo el tiempo aparentemente improductivo. Una corriente narrativa sacudió el arte contemporáneo (de la cual la Estética Relacional recogió parte de aquel legado). En ese contexto Scanner aparece como el proyecto de un artista que hace música, un compositor y un artesano de la apropiación y el ensamblaje. Todo un artista implicado en la captación de fragmentos narrativos y en la resignificación de la tecnología y la electrónica.

Scanner, delivery, 1997





2/11/2018

Pop político: Suede




Los noventa nos devolvieron formas de rock sacadas del archivo de décadas anteriores. Una de esas cosas fue el Glam-rock.  La irrupción en 1993 de Suede fue un momento de eclosión para la identidad, la androginia y el disfraz. Desde la portada del primer disco homónimo, Suede fue un proyecto alrededor de la dualidad; masculino y femenino, individualidad y grupo, estilo y carácter, melodía y guitarreo. "So Young" y "Animal Nitrate" son dos temas que hacen una entrada furiosa y que plantean las bases del grupo. "The Drowners" es un medio-tiempo melódico y elegante, mientras "Breakdown" prueba el falsete de Brett como ningún otro tema. 

Pero si el primer álbum fue importante, su consagración viene un año después con Dog Man Star; un trabajo conceptual que ha de verse no como una sucesión de canciones casi como una opera rock (una forma obsoleta en aquellos días), una banda sonora de atmósferas y veladuras, y un manierismo barroco único en el rock de esa década. "We are the pigs", "The Wild Ones" y "New Generation" son canciones sublimes que en la música del periodo se oponen al grunge de Nirvana y al espíritu de la Generación X. De hecho, "New Generation" es un himno que resume este espíritu afligido de una música rock hecha para ser escuchada más en la soledad de la habitación que en los locales de moda. 

Lo que este pliegue hacia la privacidad, el secreto y la sexualidad tiene de importante es esa cualidad afín del individualismo (del dandi, de quien se siente diferente, quien no encaja en la regla sexual). Como una combinación de pose homoerótica a lo Morrissey y la teatralidad de Bowie, Brett irrumpía como "un bisexual que nunca antes había tenido una relación homosexual". Uno podía también entonces imaginar un componente de clase en Suede, canalizado por la ambigüedad de su líder en una comunidad de sujetos (principalmente anglosajones) interconectados que iban desde los suburbios post-industriales a rincones recónditos de provincia. 




Álbumes posteriores son también remarcables (algunos de ellos con el diseño de Peter Saville). Suede permanece como un proyecto donde el estilo lo era todo. 



7/13/2017

Pop político: "Home Counties", Saint Etienne, 2017



Saint Etienne, Home Counties, 2017

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Escuchando el noveno álbum de Saint Etienne, titulado Home Counties, uno encuentra algunas de las claves del sentido menos prosaico del pop. La repetición y la diferencia caracterizan al pop, y no por ello la máquina de producir canciones ha de parar. Al contrario, un grupo como Saint Etienne permanece fiel a unos principios estables desde comienzos de los años 90. Su pura esencia pop no ha abandonado el carácter independiente que les caracteriza. La pregunta que plantean, desde el punto de vista de la temporalidad, es la siguiente: ¿Hay alguna diferencia o evolución o viaje de las canciones de este grupo en el espacio-tiempo de 25 años? ¿Algún cambio de matiz en la voz de Sarah Cracknell?

Me inclino a pensar que cualquiera de las canciones de Home Counties pudiera existir en 1995 y cualquiera de las compuestas entonces encontraría acomodo ahora. La atemporalidad, esa cualidad que otorga una eternidad aun pasajera, es aquí el sello del pop.

Pero la coctelera del trío británico no para de agitarse, y junto a canciones que bajo la categoría del pop parecen inmutables, llegan sonidos y arreglos que nos suenan y que recuerdan a Soul, funky, disco y hasta clavicordios. (“Dive” es una composición cóctel marca de la casa, mientras “Whyteleafe” comienza como un divertimento clásico, hasta llegar al machacapistas “Out of My Mind”, que es otro clásico). Mientras, “Church Pew Furniture Restorer” comienza con un coro juvenil de iglesia hasta evolucionar en una delicada y frágil melodía. Y de nuevo engarza con el clavicordio.

Se pasa por alto en ocasiones que los álbumes de Saint Etienne están concebidos como piezas conceptuales. Generalmente son homenajes a paisajes urbanos y psicografías, mapas mentales de Londres, la campiña inglesa o como en este caso, homenajes al sur de Inglaterra que es de donde provienen. Esta concepción de un álbum como un todo hace que los temas se engarcen y se utilicen fragmentos de radio (como el que da comienzo a este nuevo álbum) y otros pasajes atmosféricos apropiados y sampleados para generar una narración. Este pop es narrativo, oral, nostálgico y regresivo. Por ello encara el presente, haciéndolo soportable.

Saint Etienne, “Out of My Mind”
The memories shake my day
I guess they're here to stay
When I'm standing all alone
Staring at my phone
Should I take a different path?
Or could it really last?
The memories shake my day
I don't know what else to say


9/18/2016

Burial y la emoción




La capacidad de Burial para producir emoción no ha sido del todo codificada. Ya sea el sonido étnico del sitar, el sonido vocal que simula el canto de los delfines o el ruido atmosférico de la aguja del vinilo. La multiplicación de matices, la repetición del detalle orquestado alrededor de un centro ausente, la voz filtrada por los aparatos de sampling, los gloriosos instantes de subidón que preceden a la posterior depresión, las revelaciones de lo marginal, urbano y psicótico. A cada entrega, Burial consigue transportar al oyente a paisajes contaminados, llenos de memoria. La diferencia entre emoción y afecto. Una relación a investigar en lo sucesivo. Cojamos por ejemplo su último EP, “Rival Dealer” (2013), que tanto sorprendió a los fans y polarizó la opinión de la crítica musical. Desde el tema que da comienzo al EP, “Rival Dealer” un furioso corte de Jungle con un giro inesperado hacia su final, a los dos temas más discutidos, “Hinders” y “Come Down to Us” recuerdos del synth-pop más emo con toques New Age, multiculturales y alusiones al género y a la sexualidad, esta música está realizada para un recepción futura que no ha sido del todo asimilada en el presente.


El posmodernismo de Burial, un apropiacionismo orientado hacia la creación de contenido y no la repetición de lenguas o sonidos muertos, no está asociado al historicismo. Cada matiz, cada digresión en la continuidad de los temas, nos sitúa en una forma cuya utopía se modela a cada recepción.