
Reseña sobre "Archaeologies of the future: the desire called utopia and other science fictions" de Fredric Jameson, (Verso, 2005)
El 24 de Noviembre de 2005, Fredric Jameson se encontraba en Madrid, y de paso presentaba en petit comité su libro Archaeologies of the Future; the Desire Called Utopia and Other Science Fictions (Verso, 2005). El lugar de encuentro era la librería La Central del Museo Nacional Reina Sofía. Sentado en un silla alta, rodeado de libros, esbozaba algunas ideas fundamentales de su -hasta la fecha- último y ambicioso libro. Presentar un volumen como éste no es sencillo por la simple razón de que necesita de una mayor envergadura de estudio y análisis. Quizás nos encontremos ante su magnum opus de mayor alcance desde su célebre Postmodernism, or, the Cultural Logic of Late Capitalism. En el camino han quedado algunos trabajos que vendrían a completar su basta obra, como Las semillas del tiempo (Trotta), Brecht and Method (Verso, 1998) y A Singular Modernity: Essay on the Ontology of the Present, (Verso, 2002, Gedisa, 2004), libros que lejos de presentarse como complementarios se antojan fundamentales a la hora de reconstruir un itinerario movido por la necesidad de rastrear las condiciones de la totalidad “irrepresentable”. En España, gran parte de sus trabajos sobre marxismo, formalismo e historicidad permanecen sin traducir, cosa que ha llevado a Jameson –especialmente en el ámbito de la teoría sobre artes visuales- a permanecer confinado a la etiqueta de lo posmoderno. Lástima de inscripción.
En Madrid, Jameson comenzaba con su ya célebre proclama: “Parece que hoy día nos resulta más fácil imaginar el total deterioro de la tierra y de la naturaleza que el derrumbe del capitalismo; puede que esto se deba a alguna debilidad de nuestra imaginación”. (Las semillas del tiempo, Trotta, p.11.) Esta sentencia es sintomática de una atrofia, una parálisis en el pensamiento contemporáneo que intenta imaginar y construir el futuro. En medio de este escenario, quizás ya sólo el pensamiento utópico es capaz de imaginar el final del capitalismo, una vez que todos parecemos aceptar que éste está definitivamente para quedarse.
Es entonces, que la reivindicación de la Utopía -como forma de pensamiento y como deseo- sobre el final del capitalismo se nos presenta, aquí y ahora, a nosotros, como opción política. Esta nueva incursión jamesoniana tiene algo de autobiografía, pues recupera todo su bagaje de lector –desde fantasiosas lecturas juveniles hasta grandes manuales políticos- en un sentido homenaje a esos “fellow travellers to Utopia” que se alojan en las narraciones de ciencia-ficción como personajes comprometidos y batalladores.
El libro está estructurado en dos partes. En la primera se describe la Utopía como forma, mientras que la segunda se analiza como contenido. Para el autor, la Utopía enseña los deseos inconscientes sobre la colectividad. Para ello es necesario bucear en el inconsciente político del texto literario. Una regla que se obtiene en él es que cuanto más se indaga, mayor esfuerzo uno realiza sobre el texto, mayores y más prolongados son esos silencios en los cuales el lector abandona el texto, hace una pausa y se abandona distraídamente a algo que se asemeja a la acción de pensar. A su vez, cuanta más dificultad –como bien ha sugerido Terry Eagleton al hablar del enorme placer que obtiene de leer a Jameson.
Así, la función política de un género como la SF no es pues imaginar simplemente el futuro –cosa que parecería relativamente sencillo y que tendría a gobiernos enteros destinando recursos a la tarea- sino hacernos ver la imposibilidad que tenemos para imaginarlo. Jameson enfatiza el fortalecimiento de la SF a mediados-finales del s. XIX (Verne, H.G. Wells) coincidiendo con el brote de literatura utopista (Edward Bellamy, William Morris) y lo analiza en paralelo con una obra influyente como es La teoría de la novela de Georg Lúkacs; con el nacimiento de la Novela Histórica (Flaubert, Zola), es decir, hace confluir diferentes géneros narrativos en un periodo en el que por primera vez se piensa el tiempo presente a partir de una auto-conciencia histórica. No es tampoco desdeñable que esta múltiple coincidencia vaya a la par con el desarrollo de una primera fase del capitalismo industrial.
Es este sentido que la función política de dos géneros convergen en uno sólo; la literatura utopista y la SF unidas ahora en un solo cuerpo, (Wells con Bellamy pero también LeGuin). Jameson insiste en que nuestra relación con la realidad está mediada y que sólo mediante el estudio del inconsciente político escondido en el seno de productos narrativos comerciales es posible aprehender las claves que gobiernan nuestra situación embrionaria. “The social totality is always unrepresentable, even for the most numerically limited groups of people; but it can sometimes be mapped and allow a small-scale model to be constructed on which the fundamental tendencies and the lines of flight can more clearly be reach. At other times, this representational process is imposible, and people face history and the social totality as a bewildering chaos, whose forces are indiscernible”. (Archaelogies of the Future, p. 14.)
Esto es algo que Jameson ha venido repitiendo una y otra vez (por ejemplo en La estética geopolítica), y que resulta válido en un análisis comparado entre las películas de la cartelera del cine con las imágenes de los Telediarios sobre la guerra en Oriente Medio o las catástrofes naturales. A la lectura de películas conspirativas -o a un cine de la conspiración-, hay que unir el papel desarrollado por otros géneros como la novela policíaca (un Chandler por ejemplo), y ahora también las formas de calitée de la SF, y también sus subproductos. Un ejemplo no muy lejano en el tiempo lo constituye La guerra de los mundos (2005) de Steven Spielberg, filme basado en la novela de Wells; una mercancía de entretenimiento de masas al que se le puede aprehender desde el puro disfrute –cine de acción o de desastres naturales- o como una alegoría del horror de aquello irrepresentable -lo traumático, las secuelas post-11S y la amenaza terrorista que llevaría a una hipotética destrucción total de la tierra (a falta de mejores argumentos).
Estos son apenas algunos argumentos sobre el porqué de la actualidad de la SF. Pero en su amena presentación, Jameson también hizo repaso de algunas representaciones de la Utopía que aparecen a lo largo del libro, siempre camufladas en estructuras analíticas más imbricadas, más dialécticas. Por ejemplo, Jameson distingue diferentes modos de Utopía, como aquellas basadas en la satisfacción del deseo con aquellas otras centradas en su incumplimiento –modo característico del cuento de hadas- y ejemplificado en la fábula de los tres deseos que el pez mágico le ofrece al pescador.
Otro modo de Utopía es tan sencilla y a la vez tan poco viable que se antoja irrealizable: Trabajo para todo el mundo, o lo que es lo mismo, pleno empleo. ("La Política de la Utopía", New Left Review, 25). De igual modo, Utopias existen de todos los colores: la franciscana, reeducación del deseo, renunciación a la “commodification”. Las basadas en la abundancia, o aquellas otras en las restricciones más absolutas. Igualmente a nivel espacial, existen las utopías del campo, las comunas, donde reina la armonía y la naturaleza, y esas otras urbanas, imágenes de la gran ciudad, congestión, superpoblación y caos. Pero algunas de estas oposiciones son expresiones del mismo impulso o anhelo. Se tratan de representaciones de lo utópico, no Utopías sobre sociedades perfectas.
Si Jameson vuelve su mirada hacia el día de mañana, es porque el capitalismo ya coloniza el futuro. La imaginación de las personas está ya conquistada por el mercado y los media. Incluso la medicina no resiste. Una aspirina convertida en una forma utópica que inconscientemente ayuda a la transformación del cuerpo humano. “Utopian corporeality is however also a haunting, which invests even the most subordinate and shamefaced products of everyday life, such as aspirins, laxatives and deodorants, organ trasplants and plastic surgery, all harboring muted promises of a transfigured body”. (Archaelogies of the Future, p. 6.)
No acabó aquí la cantidad de referencias posibles y acercamientos al objeto de discusión y ya en el turno de preguntas éstas giraron más hacía cuestión del orden político mundial. Jameson argumentó que la organización anarquista es un problema –antes y ahora- y que en los 60 cuando pararon la guerra ya no fueron más allá. Lo que a muchos de los que escuchaban les venía a la cabeza eran la nueva oleada de violencia anti-globalización –distinguida para algunos como de movimientos de los verdad y esos otros llevados por las modas. A este respecto, Jameson sacó a relucir en ese momento el término Western Marxism (Marxismo Occidental), situación en la que cultura e ideología se entremezclaban de manera compleja y productiva. Pero si hay que buscarle un comienzo a este voluminoso "Archaeologies of the Future", éste ha de hallarse en el párrafo final de su libro anterior sobre la modernidad donde escribe: “lo que verdaderamente necesitamos es un desplazamiento generalizado de la temática de la modernidad por el deseo llamado Utopía. Debemos combinar una misión poundiana para identificar las tendencias utópicas con una geografía benjaminiana de sus fuentes y una estimación de su presión en lo que hoy son múltiples niveles del mar. Las ontologías del presente exigen arqueologías del futuro, no pronósticos del pasado”. ("Una modernidad singular", Gedisa, p. 180.) Amén.