Mostrando entradas con la etiqueta Dennis Cooper. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dennis Cooper. Mostrar todas las entradas

11/05/2011

Capitalismo de ansiedad (2): lenguaje, deseo, placer

Portada de Period, de Dennis Cooper, (2000), cuya cita de entrada dice: 
"Keep watch over absent meaning", Maurice Blanchot, The Writing of Disaster


En Period (2000), última novela del denominado “ciclo George Miles”, Dennis Cooper continuaba con la exploración de sus obsesiones de violencia, drogas y sexo ahora introduciendo ritos satánicos, bandas de rock góticas y jóvenes indolentes a la vez demasiado atraídos e incautos en un oscuro submundo donde el canal de comunicación comunitario es una webforo.[1] Cooper consigue capturar fielmente mediante un lenguaje entrecortado y sugerido la forma elusiva de comunicación no verbal típica de jóvenes y adolescentes absortos en la fuerza centrífuga de algún subculto musical. “Lenguaje no verbal”, o la dinámica en espiral del deseo: maneras de definir una semiótica del ocultamiento y la ambigüidad como expresión. Esta clase de lenguaje encubre más que revela, lanzando mensajes cifrados a aquellos miembros del foro que comparten el código. Lo que Cooper consigue es algo tan difícil como representar un lenguaje asentado en la resistencia a la oralidad, dar forma a lo informe del balbuceo o la resistencia recurrente del adolescente a responder argumentalmente, esto es, discursiva y oralmente ya sea a los mandatos de la ley o a otras exigencias de lo simbólico. Y sin embargo una poesía rock se desprende de esta forma. Esta dificultad para el lenguaje, para el razonamiento, se ve compensada (no solo en Period sino en el conjunto del universo subcultural juvenil) por una mayor fijación en el establecimiento de otros códigos corporales y estilísticos.

Esta condición del lenguaje se engarza como síntoma de un mundo dominado por la visualidad. El crítico musical Mark Fisher ha definido las patologías de los desórdenes de la hiperactividad juvenil dentro del capitalismo en relación a lo compulsivo de la cultura de consumo.[2] Lo que médicamente se llama dislexia deviene ahora en postlexia; la capacidad para procesar la densidad de imagen del capital es infinitamente superior a la necesidad de leer. El lenguaje eléctrico del chat, el SMS y la habilidad para reconocer eslóganes e imágenes es asombrosa. Esa densidad está compuesta de imagen y texto o, más bien, de imagen que se lee como texto y viceversa. Esta saturación del capital viajando por las redes de comunicación globales representa una densa oferta de consumo para los jóvenes. La vieja serie televisiva de ciencia ficción Perdidos en el espacio bien podría servir como ejemplo de este “estar perdidos en el capital”, de no saber lo que se quiere, no saber lo que se busca. Por otra parte, el arte, o cualquier forma de creación puede ser un territorio donde no saber lo que se quiere puede convertirse en un fértil punto de partida y de exploración interior y exterior. Esto en el arte tiene una lectura directa, pues ¿hasta qué punto el artista debe comprender las implicaciones de sus hallazgos? ¿Debe explicar y justificar lo que hace? Lo que caracteriza al adolescente actual no es la incapacidad para obtener placer tanto como la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea perseguir ese placer. Es otro de los rasgos del capitalismo de ansiedad en el que nos encontramos. Fisher ha capturado esta paradoja neo-liberal de la felicidad en su retrato de sus estudiantes a los que una vez enseñó en un colegio: “Many of the teenage students I encountered seemed to be in a state of what I would call depressive hedonia. Depression is usually characterized as a state of anhedonia, but the condition I’m referring to is constituted not by an inability to get pleasure so much as by an inability to do anything else except pursue pleasure. There is a sense that ‘something is missing’—but no appreciation that this mysterious, missing enjoyment can only be accessed beyond the pleasure principle”.[3]
Esta persecución del placer suplanta a la anterior búsqueda de la felicidad o promese de bonheur que había sido (lo pongo en pasado) el ideal de generaciones enteras crecidas a la par del propio desarrollo del capitalismo de consumo. Una vez hemos llegado a un punto de no retorno, conviene preguntarnos si es todavía la felicidad, o quizás el placer, lo que se esconde al final del camino en nuestro realismo capitalista.



[1] Dennis Cooper, Period, Londres, Serpent Tail, 2000. El llamado “ciclo George Miles” incluye las novelas Closer (1989), Frisk (1991), Try (1994) y Guide (1997). Existen traducciones al castellano de Contacto, Cacheo y Tentativa (Anagrama) y también de Guía (Acuarela Libros).
[2] Mark Fisher, Capitalist Realism; Is There No Alternative?, Londres, Zero Books, 2009.
[3] Ibid., pp. 21-2

9/02/2009

Water in Milk Exists-L. Weiner- metacomentario


Water in Milk Exists (2008) de Lawrence Weiner bien merece un post no por su pornografía sino por aclarar qué demonios significa una “estructura”. Water in Milk Exists no es una película, es una estructura, y en este Blog aspiramos a poder entender a Lawrence:

“Such is the sadness of life” “Such is the sadness of life” “Water in milk exists”

Y justo después un directo plano de sexos copulando. Y después otro. Y mientras tanto pensamos en el sentido de una estructura, según Lawrence. Aprendemos que según Mies van der Rohe dos ladrillos conforman una estructura, una unidad compuesta por un par. Dos es el número con el que poder levantar algo. Dos (Numéro Deux) es el número dialéctico, n’est pas Jean-Luc? Uno, dos, tres… ladrillos, cuerpos. No es una simple cuestión de sustituir ladrillos por cuerpos. Se trata más bien de la ontología de una estructura, o una ontología de cuerpos copulando. Es pues eso, una estructura, y en una entidad tal, es posible hablar sobre física cuántica en el impasse del acto sexual. “Do you think is specific or general reality?” “Specific” o “general”. ¿Pero el qué? ¿La estructura? ¿Los ladrillos? ¿La felación? ¿Un ente compuesto por dos partes que están física e intelectualmente unidas puede entonces ser una “estructura”?

Water in Milk Exists es una estructura rodada por Weiner y el cineasta Kiki Allgeier hace un par de años con la ayuda del Suiss Institute de Nueva York, y que transcurre en una de las salas expositivas del propio espacio institucional, en Broadway 495. Además, empalma con alguna otra de sus películas pornográficas de los años 70, como A Bit of Matter and a Little Bit More. Un Weiner pornógrafo no debería sorprender a nadie. Entra dentro de la lógica que le es consustancial. No se trata de tener que escoger entre una película porno artística, categoría atribuible a cierto cine de auteur porno, y un experimento artístico donde hay sexo. El momento en el que el sexo pasa a ser pornografía no está del todo delimitado. La clave reside en el objetivo que se busca, la mirada que se busca. Aquí se muestra el placer. Sin erotismo, sin deseo. No se busca gratificar la mirada del espectador. El sexo puede ser duro. Duro de ver en la distancia corta y en una sala bien iluminada.

¿Es Water in Milk Exists pornográfica? También lo es Sade. Dennis Cooper… también, a veces. El arte, la literatura y el cine son mecanismos de distanciamiento y de acercamiento.

Es destacable que Water in Milk Exists se combine con fragmentos de texto y gráficos del libro que Weiner realizó para su nieto, Henry the Navigator in a Sea of Sand donde se busca una “estructura” que lo proteja. También que las premieres sean siempre en cines o situaciones “live” con una colectividad como espectadores. Ahora que el placer individual viaja por conexiones ADSL, Water in Milk Exists fue “screeneado” en el único cine X que todavía queda en la ciudad de Basilea con motivo de Art Basel 08.

Si la leche existe en el agua puede abrir una conversación sobre ontología. Lo que si sabemos es que después de Water in Milk Exists el comentario realizado una vez por J. G. Ballard de que no existen lugares más eróticos que las galerías de arte se queda corto.