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2/27/2018

Desescombro y rescate histórico: sobre la "exforma"




El último texto del teórico del arte y comisario francés Nicolas Bourriaud ha tenido un recorrido un tanto a la inversa. La versión original del libro, en francés, ha sido publicada recientemente luego de las versiones en español e inglés. El orden ha sido, primero La exforma en Adriana Hidalgo editora, en 2015; más tarde The Exform, en inglés, en la serie Futures de Verso Books, en 2016; e impreso en septiembre del año pasado, L’Exforme, publicado por POF Presses Universitaires de France. Esta recensión nace de la lectura de esta edición en la lengua materna del francés. Como en trabajos anteriores, Bourriaud trata de cogerle el pulso al presente inmediato detectando las tendencias más persistentes en el arte y la cultura contemporáneas. El concepto clave ahora es el de “exforma”, y se refiere al residuo como el material para el artista contemporáneo. El mundo (y la Historia) han devenido en vertederos donde los artistas hurgan para desde ahí extraer una poética de las cosas en descomposición. En un mundo en el que hay algún tipo de producción, debe de existir también alguna clase de residuo, excedente, restos sobrantes de un trabajo que desborda y genera plusvalor.

Pero ¿qué ocurre en un contexto global donde la postproducción es la norma? Bourriaud ya analizó esa condición de post-producción en la cultura, en la que los artistas fabrican sus realizaciones a partir de obras de otros, formas y objetos preexistentes y productos en venta. Pero ahora el ready-made duchampiano no es ya el germen del retrabajo simbólico del arte, sino una condición del residuo saliente de una generalización planetaria de la producción. Se examina de este modo la manera en la que la categoría del desecho podría constituir el principio fundamental de una era que no deja de reproducir sus vertederos. Como sabemos, estos vertederos son lugares de acumulación, da lo mismo sean estéticos, políticos, económicos u ecológicos. De esta condición surge una posición ética: vivir entre despojos, negociar con ellos, recuperarlos y demás. Pertenecemos a ese vertedero que es el mundo, y nosotros mismos somos lo primero a reciclar si queremos pensar un futuro susceptible de ser durable. Cuando el ocio es una prolongación de la vida laboral, el reciclaje continuo de la cultura supone una extensión de la anterior producción industrial.

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9/12/2017

Fortunas de la llamada estética relacional



Pocas categorías artísticas han alcanzado tanto éxito y han sido a su vez tan denostadas en estos último veinte años como la Estética Relacional. En España, la Estética Relacional (en adelante ER) tiene mala prensa o, por el contrario, se la ha considerado como una llave en el desarrollo y modernización de algunos museos de arte contemporáneo. El énfasis en esta “llamada” ER pone el acento en su denominación como una marca o sello en la época en la que los grandes estilos y movimientos son cosa del pasado. Habría que retroceder a los setenta y ochenta para encontrar tendencias que en su transición de la modernidad a la posmodernidad ingresan en la historia del arte canónica. En plena posmodernidad, toda novedad a perdurar encuentra el límite de su propia temporalidad y duración. Parte del éxito, y a su vez del fracaso, de la ER se encuentra en esta nostalgia de la historia del arte como un continuo cartografiable en medio del caos en que se ha convertido el arte contemporáneo globalizado (desde los noventa hasta el presente). A esto habría que sumar la restitución del comisariado y el curating de la anterior historia del arte.

Desde comienzos del 2000, la ER ha sido objeto de distorsiones, contradicciones y malos entendidos. El significado que la acepción tiene para mí es, antes que una “estética” o un estilo artístico o modo “relacional” de relaciones humanas que sean intersticios o se pretendan alternativas, una categoría periodizadora de un momento histórico concreto: los años noventa. No deseo revisar aquí el famoso libro del crítico de arte y comisario Nicolas Bourriaud, Esthétique relationnelle (publicado en 1998 por Les Presses du réel, una casa de ediciones vinculada al centro de arte Le Consortium de Dijon), sino contribuir a tejer una intrahistoria.

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