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3/17/2014

CRÍTICA: "her", Spike Jonze, (Parte 2)

¿La moda o el estilo "retro" está presente en la nueva tecnología. ¿Detalle posmoderno?


Desde la moda y el estilo, Her está tan llena de guiños hipster que puede ser ella misma considerada como un filme hipster. La pregunta que habría que hacer ahora tiene que ver con si ese grupito de directores entre los que está Spike Jonze, Sofia Coppola, Pierre Gondry, Wes Anderson y el guionista y también director Charlie Kauffman y que, como sabemos, son los responsables de cierto retorcimiento narrativo o metacine (el equivalente a la metaliteratura en el ámbito del posmodernismo), no son sino claros ejemplos de cuando cierta actitud indie deviene mainstream. Porque, ¿no era éste uno de los sellos más definitorios de lo hipster? Algo similar ocurre con el grupo que firma la banda sonora, Arcade Fire. ¿Es posible adjudicarles la etiqueta de indie?

Uno de los rasgos más destacados de la actual cultura del entretenimiento es la borradura de bordes entre lo que anteriormente se consideraba como mainstream, o propio de la cultura de masas, y las expresiones marginales o todavía no conquistadas por el mercado. Ahora, incluso lo más minoritario existe en tanto que un nicho para especialistas, de forma que el mercado ha desarrollado una progresiva especialización e individualización casi personal. El lema parece ser: a cada consumidor, su producto. Es esto lo que her pone en evidencia, a saber, que la producción en masa se basa hoy en día en la exclusividad y en la convicción del consumidor de saberse único y ultrasingular. Theodore cree tener una relación especial con Samantha, su OS, hasta el momento en el que descubre que miles de otras personas mantienen algún un tipo de relación similar con el mismo sistema operativa y que, técnicamente, Samantha está enamorada de unos seiscientos de ellos. Esta es la gran metáfora del capitalismo de consumo en la era de la desmaterialización absoluta, y en donde el producto se adapta a las necesidades, los deseos y la personalidad de su comprador/consumidor. 

Desde este punto de visto, her es un magnífico retrato del capital en su fase actual, donde las mercancías hace tiempo dejaron de ser objetos para convertirse en relatos y narraciones, formas desmaterializadas en las que el capital encuentra el mejor de los modos de colonizar los cuerpos y las mentes. Una escena a destacar en este sentido es el instante en el que Theodore y Samantha mantienen su última conversación y donde él conoce lo ilusorio de su patología amorosa, mientras observa a decenas de personas subiendo las escaleras del suburbano manteniendo conversaciones privadas a través de sus audiófonos. Esta colonización de la subjetividad recuerda a aquellas otras que el cine de ciencia ficción y serie B de los 50 y 60 utilizó, como la invasión de formas alienígenas venidas del más allá secreta y paranoidemente conquistando la voluntad de los norteamericanos como alegoría de los peligros de la propagación de las ideas comunistas, véase La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956). La lectura inconsciente a esto ahora en her tiene que ver con que una vez asumido el capitalismo como modo de producción dominante, y casi sin capacidad para imaginar alternativas, sus modos de colonización de la subjetividad operan desde el sutil sometimiento del yo al consumismo imperante y casi auto-obligado. La pregunta saliente aquí: ¿qué es el marketing? El marketing es amor, y lo que el marketing busca es satisfacer el deseo. Es en la exclusividad de esa satisfacción donde el marketing se afana, sin descanso. El amor es, en este sentido, la mercancía perfecta.

Pero la presencia de la moda hipster está tanto en la película en sí como en un trabajo de vestuario que es igualmente sutil y lejos de lo estridente, un minimalismo de camisas lisas, jerséis de lana en vez chaquetas o cazadoras y especialmente los pantalones de fieltro subidos arriba (con la camisa por dentro). Hay una escena clara sobre esto: Theodore camina por un paseo urbano una mañana soleada al encuentro de su ex y detrás suyo camina un hipster de manual (con su barba y todo) quien también lleva el pantalón del mismo modo. La estética de her recuerda a un mundo espejo donde aspectos de la cultura material parecen reflejos de formas que nos son familiares pero que en realidad pertenecen originariamente a otras culturas. No es en este sentido casual que la población de Los Ángeles esté inundada por personas con rasgos asiáticos, turistas japoneses o quizás transeúntes anónimos salidos de la globalización económica y la libre circulación por el globo. En este sentido, se ha sabido que Jonze grabó los exteriores en Pudong, un distrito de Shangai, como si fuera un nuevo Los Ángeles. La captura de este "mundo espejo" como el futuro cercano está más que conseguido. 

Imagen del rodaje, Shangai como el nuevo Los Angeles.

 Ésta es una película que permite encontrar formas que funcionan como códices. Por ejemplo, la utilización del color en Her merece una especial atención, especialmente en las camisas del protagonistas que van del rojo, naranja o un amarillo albaricoque el cual contrasta remarcablemente con el color salmón del vestido de su hijastra. Es como si Spike Jonze se hubiera fijado en el gran maestro del color en el cine, que no es otro que Jacques Demy, para a través de los colores transmitir una empatía y una atmósfera estética al filme. El contraste entre el rojo (su camisa) y el magenta (el color de Samantha en la pantalla) es sobreintencionado y funciona a lo largo de todo el filme, con luces magentas, rosas y tonos similares tanto en el diseño de las oficinas como en detalles de la urbe por la noche. En principio, siguiendo cierta lógica de la combinación de colores, se trata de dos tonos que no están destinados a ir juntos pues pertenecen a la misma gama cromática. La superposición intencionada en el cartel quiere transmitir algún significado más allá de un simple efecto colorista. En esta estética, mi interpretación del color debe más a una buscada simbiosis entre una semiótica del entorno (environment), un minimalismo cromático y un ligero toque estilístico que a cualquier otra voluntad simbolista o metafórica. Lo interesante es que Jonze deja abierta la puerta a cualquier lectura, incluyendo la del estado del alma.

Por último, no hace falta demasiado insistir en que una lectura feminista de her se fijaría en un componente heteronormativo clásico. A pesar de la extraña relación entre un ser humano y ya no un robot, ni siquiera un ordenador, sino algo más etéreo e inasible como un sistema operativo, lo que subyace es una típica historia romántica de un amor que se revela imposible. Lo que destroza a Theodore es la posesión, o el amor como posesión, establecido en la plácida  e ilusoria ficción del amor como objeto de consumo. “I’m yours, and I’m not yours” es la dialéctica con la que Samantha responde al ego posesivo masculino. Sólo entonces, en la caída, Theodore encuentra redención en los hombros de su amiga (en un final redentor que tranquiliza al espectador y que, a mi modo de ver, emborrona bastante el resultado final del filme).

Detalles rosas y magentas por todas partes. Joaquim Phoenix y la soledad masculina.

Si hace un rato hablaba de lo indie en lo mainstream no es posible dejar de pensar que los actores de her son Joaquim Phoenix, Amy Adams y también Scarlett Johansson, grandes estrellas ahora mismo. De ésta última solo escuchamos su voz (Samantha) lo que no impide que técnicamente esta película no esté en su lista de actuaciones. De hecho, ella es uno de los grandes ingredientes del filme y así ha aparecido durante toda la campaña promocional. Se ha remarcado esto, la voz, su voz. Y no sorprende que los espectadores que han remarcado esta voz sensual a ratos, pero más bien ajada, un tanto ronca, sean espectadores masculinos. Cuando el cuerpo de la mujer aparece descorporeizado (disembodied), a lo que tenemos acceso es a su voz. Precisamente una lectura feminista aquí incidiría en la posibilidad de una crítica psicoanalítica. No hay aquí tanto rastro interpretativo de la imagen visual de la mujer en el cine salida del clásico de Laura Mulvey, Placer visual y cine narrativo, sino más bien esa otra teoría de la subjetividad y la diferencia sexual explorado por Kaja Silverman en su The Acoustic Mirror; The Female Voice in Psycoanalysis and Cinema, en donde la voz de la mujer sirve como reflejo en el espejo de no pocas patologías masculinas, y que van desde la especularidad a la castración, y del exhibicionismo al narcisismo por citar solo algunas. La voz de Samantha alimenta el placer masculino, mientras que éste no puede dejar de pensar en la negación del cuerpo real y la figura estelar que le da voz (Scarlett Johansson), proyectando aún más su fantasía e imaginario. Una voz anónima de mujer hubiera, por otra parte, despertado otro tipo distinto de fantasía, más universal y a la vez más personalizada a cada espectador. Lo interesante de una interpretación feminista y psicoanalítica en her no está en la condena o juicio que despierta, sino en el camino analítico y explorativo que pudiera darse en el interior de una época (que es la nuestra) en donde todo lo sólido se ha desvanecido en el aire.


8/08/2012

CONVOCATORIA: Taller en Mugatxoan, Auto-reflexibilidad y autoconsciencia (2ª parte)


Convocatoria Talleres Mugatxoan 2012

Una voz sin cuerpo, hacia el amor da nombre al programa que proponemos entre el 4 y el 11 de octubre en San Sebastián y que forma parte del programa europeo en red Special Issue (Edición Especial). Les Laboratoires d'Aubervilliers, In-presentable (Madrid), Station (Belgrado), Hybris Konstproduktion (Estocolmo), BIS (Estambul) y Mugatxoan (San Sebastián) son las estructuras que conforman esta red y están creadas por los artistas con el fin de producir contextos adecuados para un arte en proceso de ser inventado.
A partir de la pregunta “¿De qué manera la performance de hoy publica discurso?” nos preguntamos: ¿Cómo estar sin estar?¿Qué se percibe de una performance cuando no la vemos y sólo la escuchamos?.¿Podríamos llegar a percibir el espacio donde se ejecuta y la imagen que produce? ¿Cuándo desaparece el cuerpo?. ¿Es la voz cuerpo?
Como modo de dar respuesta a estas y otras preguntas, hemos configurado un programa que entre otras actividades propone dos talleres de: Manuel Cirauqui y Peio Aguirre, que plantean otras reflexiones teórico - prácticas sobre cuestiones relacionadas con estos temas.

8 – 9 – 10- 11   de octubre
Taller con Peio Aguirre

El taller de auto-reflexibilidad y auto-consciencia desarrollado durante el pasado mes de febrero en Mugatxoan giró sobre la posición del hablante en la representación y sobre los modos en los cuales el sujeto toma consciencia de sí partiendo de la presencia o la ausencia del cuerpo, el régimen de la visión o la alteridad de la voz. Asimismo se apuntó a otros procesos de subjeción como la conciencia de clase o las relaciones de poder. Diferentes materiales fílmicos dirigieron la atención hacia estas cuestiones provocando una situación de alerta en el ser y estar (tanto individuales como colectivos). El presente taller se anuncia como continuación o intensificación de esa experiencia, a la vez que una nueva oportunidad donde se pondrá el énfasis en el sujeto como productor; una mayor autoconsciencia debería acompañar un aumento de la capacidad de producción. Desde el “autor como productor” de Walter Benjamin, al “autor como receptor” que la teórica Kaja Silverman identifica en el último Jean-Luc Godard la cuestión de la producción atraviesa la pregunta de qué es un autor, cómo y cuando esta figura aparece y cual es su relación con la producción de afectos. Al final de JLG/JLG Autoportrait de decembre (1995) Godard dice, casi a modo de conclusión: “He dicho que amo, he aquí la promesa. Actualmente, me tengo que sacrificar para que la palabra amor tenga sentido. Para que haya amor sobre la tierra”. Este aserto, a modo de motto, nos lleva a la pregunta: ¿cómo puede darse una forma creativa que signifique el amor como producción? En su ensayo, Silverman señala una serie de transferencias entre dar y recibir, entre devenir emisor o optar por ser receptáculo, reflejo y al mismo tiempo propagador de estímulos externos. El presente taller analizará maneras de estar, posiciones y casos de formas de vida derivadas de una posición productiva en la contemporaneidad y asumiendo nuestra inherente condición posmoderna con respecto a la cultura. Está dirigido a personas que desarrollen prácticas artísticas, creativas, teóricas y cognitivas en cualquier modalidad o disciplina. Se fomentará la reflexión colectiva sobre estas cuestiones a partir de materiales de trabajo como lectura de textos, visionado de películas y debate dentro del grupo. El taller tendrá un carácter teórico-práctico, esto es, se establecerá sobre unas pautas reflexivas y se fomentará la voluntad de participar y contribuir al debate y al conocimiento colectivo. El taller se establecerá durante cuatro días en sesiones de mañana y tarde.
P.A.

Estos talleres están dirigidos a personas que desarrollen prácticas artísticas, creativas, teóricas y cognitivas en cualquier modalidad o disciplina.  Se puede participar en uno u otro taller, o en ambos talleres, por favor, indica tu opción.  Para participar, envía este formulario y la documentación solicitada.

INCRIPCiÓN (clickar aquí, también para más información)


7/24/2012

El amor como producción: nuevo ensayo


El texto “El amor como producción: una pequeña teoría de la economía del arte” ha aparecido recientemente en castellano en el fanzine PIPA 01, un proyecto joven que aspira a aunar de manera renovada la crítica de arte, el feminismo y la teoría crítica. PIPA es un proyecto editorial de Maite Garbayo Maeztu, ferranElOtro y Francesc Ruiz, que, con una periodicidad indeterminada, agrupa principalmente prácticas de escritura crítica e intervenciones de artistas.
Pensado y proyectado hace cuatro años, y finalmente escrito durante el último invierno, este ensayo apunta hacia una politización de los afectos y una canalización de las energías libidinales. No solo se trata de pensar intelectualmente el significado de los afectos sino, más bien, ponerlos a trabajar al unísono conjuntamente con el intelecto. El amor, la fuerza del amor, es abordado aquí desde un punto de vista que no coincide con la llamada “inteligencia emocional” (concepto importado desde la psicología y aplicado al ámbito de la creatividad, si no directamente al territorio de lo empresarial). Se trata de pensar en el amor desde una perspectiva materialista sin en ningún momento perder de vista la cuestión de la producción: cuánto produce el amor, cómo se da esta producción, cuales son sus desvíos, sus líneas indirectas y por encima de todo qué es lo que produce. El amor como producción es, del mismo modo, una llamada, un impulso, un eslogan que descansa en una economía del inconsciente y que se remonta hasta la figura de Bertolt Brecht. Fue este autor quien diera origen al conocido ensayo de Walter Benjamin “El autor como productor”, hasta llegar recientemente al “autor como receptor” que la teórica Kaja Silverman identifica en el último Jean-Luc Godard (escuchar aquí el texto leído por el artista Paul Chan). La cuestión de la producción atraviesa la pregunta de qué es un autor, cómo y cuando esta figura aparece y cual es su relación con la producción de afectos. Al final de JLG/JLG Autoportrait de decembre (1995) Godard dice, casi a modo de conclusión: “He dicho que amo, he aquí la promesa. Actualmente, me tengo que sacrificar para que la palabra amor tenga sentido. Para que haya amor sobre la tierra”. Este aserto, a modo de motto, nos lleva a la pregunta: ¿cómo puede darse una forma creativa que signifique el amor como producción? En su ensayo, Silverman señala una serie de transferencias entre dar y recibir, entre devenir emisor o optar por ser receptáculo, reflejo y al mismo tiempo propagador de estímulos externos. Todo esto nos alerta de nuestra posición en tanto emisores como receptores. Pero cualquier teoría del amor que se elabore no puede prescindir de su contraparte, esto es, el poder. Una teoría del amor como motor de la relaciones en el arte puede convertirse en un proyecto político, y hacer visibles el modo en el que las relaciones institucionales están movidas por energía libidinales es poner en práctica una teoría del amor, pero también del poder.
Próximamente, la publicación del ensayo en lengua inglesa en el contexto de Mugatxoan aspira a completar el texto, dotándolo a la vez de un distanciamiento con el original y una autonomía propia e irreductible. Se trata de aprender a estar en la falta, en la incompletitud, y calmar de este modo el ansia.