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8/11/2021

POP POLÍTICO: "Pet Shop Boys, literalmente", Chris Heath (Editorial Contra, 2021)

 




Hay varios razones para adentrarse en esta suculenta biografía de los Pet Shop Boys; la primera es obvia y basta con ser fan del dúo británico; la segunda es igualmente evidente, pues todos aquellos lectores de pop encontrarán en estas páginas una crónica del mejor periodismo musical; incluso puede ser el brillante y ambicioso ejercicio literario acometido por Chris Heath; se me ocurren algunos motivos más, pero me detendré en el que más he disfrutado: Pet Shop Boys, literalmente, el libro (Contra, Barcelona, 2021), tal vez sea uno de los documento culturales más contundente que dan cuenta de una época, los años ochenta, en toda su plenitud. Se trata de un “artefacto” con una altísima capacidad periodizadora de la década donde la ideología neoliberal comenzó a segregar su credo. 


Los datos son los siguientes: estamos en 1989 y el muro de Berlín está a punto de caer pero nuestros protagonistas, Neil y Chris, aún no lo saben. Después de tres elepés de éxitos, Please, Actually y Alternative y bombazos como “West End Girls” y “Love Comes Quickly”, los Pet Shop Boys se embarcan en su primera gira por el Lejano Oriente, Hong Kong, que todavía es colonia británica, y por Japón, para regresar seguido a Gran Bretaña, con conciertos en Birmingham, Londres, Glasgow, etcétera. La razón de esta tan tardía primera gira se debe a que, según ellos, no eran un grupo de directos. Los PSB suenan en las radios de medio mundo, sus hits se sitúan en todos los Top 10 y su base de fans crece exponencialmente en solo tres años, de 1986 a 1989. En este tiempo colaboran con Liza Minelli, Dusty Springfield, componen “I’m not scared” para Eight Wonder (Patsy Kensit) y su horizonte parece el stardom propio de figuras como Madonna y Michael Jackson. Esta primera gira es un verdadero Gesamtkunstwerk pop (el espectáculo de una fastuosa obra de arte total pop). Teatralidad a raudales, bailarines, virtuosos músicos de acompañamiento, vestuario de fantasía y proyecciones en celuloide del cineasta Derek Jarman como fondo de algunas canciones. Como parte de la gira viaja el periodista Chris Heath con el encargo, nada explícito, de ser testigo de la gira para un futuro libro. Pertrechado con una simple libreta, Heath se disfraza de antropólogo del pop. 


De esta guisa surge este libro, publicado originalmente en 1990 y que ahora, treinta años después, ha sido traducido por la Editorial Contra. Junto al retrato de los PSB, la biografía de Chris y Neil, sus recuerdos de infancia, deseos y ambiciones, el libro periodiza el ascenso fulgurante de la cultura pop. Los años ochenta, hedonistas y thatcheritas, en los que el shopping o ir de compras pasó a ser una forma de ocio, y la moda se inmiscuía por las rendijas de todas las parcelas de la vida cotidiana. La década obsesionada con comprar y vender, donde el fetichismo de lo nuevo era renovado a cada instante, pero también un tiempo en el que se daba una efervescente esfera pública repleta de revistas especializadas, donde críticos inmisericordes podían hacer trizas un disco o una película, pero donde sobre todo prevalecía un sentido irónico de la vida y un apetito insaciable por la distorsión. 


En ese contexto, los Pet Shop Boys emergen como heraldos de un posmodernismo que combina lo más alto con lo más bajo, donde la ironía y el sentido del humor se erigen en armas posmodernas aplicada sin piedad y donde la palabra más usada es “pretencioso”. Un posmodernismo que combina Ché Guevara y Debussy como en la letra de “Left to My Own Devices”. Sin duda había algo en Neil y Chris que desconcertaba a la prensa musical, para algunos un exceso de banalidad, para otros un exceso de intelectualismo. Y así se convirtieron en un grupo de culto. 




Pet Shop Boys, literalmente es un viaje fascinante por la geografía cambiante de Europa y Asia y una compleja meditación sobre las apariencias, sobre la sofisticación, la falsedad, lo fingido y lo honesto. Cada frase pronunciada por Neil Tennant y Chris Lowe es ambigua, irónica, seria o con doble intención. Neil y Chris, Chris y Neil. Este último recoge algo de la tradición del dandi inglés, por ejemplo el desdén. Es parlanchín, mordaz, inteligente, culto y los trajes le sientan de lujo. Por su parte, Chris es reservado, aparenta seriedad dentro y fuera del escenario, no mueve un músculo y muestra una pasión desacerbada por los regalos de los fans. Llega a decir que “para mí también es importante tener un par de zapatillas que estén de moda. Tienes que tener un par de deportivas de moda”. Viste ropa de Armani y se protege con viseras o gorritos de lana. Su estética es más la de la cultura de club. Adoran el chismorreo. Hay un camaleonismo constante en el aspecto de los PSB. Envolturas y forrados de capas y maquillajes. En definitiva, hay estilo. Entre ellos hay una química, una complementariedad inédita, un vacile constante, (Neil llama a Chris, “don no es suficiente dinero”). Son los Gilbert and George del pop. 


Mientras tanto, diseccionan sin remilgos el showbiz de la industrial musical. Neil: “esa es una manera bastante inusual de escuchar los discos. La mayor parte de la música pop no va de música; lo importante siembre ha sido de quién es el disco, cómo es, cómo canta en televisión, qué ropa lleva…” Sus diatribas se dirigen siempre contra el rock… contra la falsa espontaneidad del rock y sus mitos, contra la hipocresía del Live Aid de 1985 y sus corolarios, contra U2… Como buenos ingleses hablan de clase, de política, de la familia real. Sobre los productores de pop y dance de la década de 1980, Stock, Aitken & Waterman, Neil dice: “Ellos dicen: ‘Hacemos discos para que la gente se lo pase bien’. Son total y completamente thatcherianos y sus discos son total y completamente thatcherianos. En cierto sentido son perfectamente pop porque son discos totalmente de su tiempo”. O sobre la familia real británica: “tienen el respaldo de una prensa supuestamente libre para construir la fantasía alrededor… de igual forma, la familia real se considera apolítica cuando lo cierto es que son totalmente políticos. Son esencialmente de derechas”. 


Todo esto y mucho puede encontrarse en este libro de periodismo de investigación, un auténtico verité de la prensa musical, magníficamente escrito por Chris Heath. Hay aquí todo un método consistente en ser testigo pero en hacer como que no se note. Como aquellos antropólogos tratando de no llamar la atención, aunque aquí en vez de una tribu salvaje se trata de la vorágine de una gira y de esas faunas urbanas que desfilan sin remilgos a la vera de estas criaturas adorables que son los Pet Shop Boys. 



11/06/2018

Un manual para el estilo del siglo XX

Bryan Ferry, "Another Time, Another Place", 1974

Neil Tennant sobre Bryan Ferry

"Esta imagen indica claramente un cambio cultural", explica Tennant, "1974 marcó el final del glam rock; todo el mundo estaba avanzando".

1974 fue también el año en que el Reino Unido entró en la Unión Europea, se publicó el docudrama de Jack Hazan sobre David Hockney A Bigger Splash, y la versión cinematográfica de The Great Gatsby, protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow, apareció en los cines. Como dice Tennant: "esa fascinación por el glamour de Hollywood había empezado a ser un interés camp por el kitsch". Ahora era grave ".

"Bryan nos hizo querer ser sofisticados. O, como decían mis amigos de Newcastle: "sophis".

Ver vídeo

12/16/2015

Pop político: Electronic



La fusión de dos  talentos como Johny Marr y Bernard Sumner dio lugar a Electronic, uno de los grupos más subvalorados de las últimas décadas y para el que esto escribe una de las cumbres del techno-pop desde los 90. Los proyectos paralelos de los otros miembros de New Order (Hook con Monaco, Morris y Gilbert con The Other Two) no pueden competir con el hedonismo y buen hacer de Sumner quien, sumando el talento del guitarrista de The Smiths, presento en 1993 lo que puede ser considerado uno de los mejores álbumes de dance-electrónico alternativo. El primer álbum de Electronic, del mismo título, es una sucesión de gemas como “Idiot country”, “Get the message” y un par de temas escritos conjuntamente por Neil Tennant de Pet Shop Boys, “Getting away with it” y “The Patience of a Saint”. Tennant pone la voz para ambos, el primero una canción coral con Bernie.

Pero el mejor tema de la colaboración con Tennant es “Disappointed” un B-Single publicado en 1992 que puede verse ahora como un tema al más puro estilo de los PSB. Pero es Electronic. Un grupo a reivindicar entre los más genuinos e imperecederos.



7/24/2013

Pop Político: El amor como construcción burguesa


Pet Shop Boys son unos artistas multimedia: música, estilo y diseño, escenografía, danza, imagen en movimiento y arquitectura. Neil Tennant y Chris Lowe entregan ahora un nuevo álbum titulado Electric en donde merece la pena fijarse en un tema concreto como amalgama definitorio de cierto posmodernismo tardío. La canción “Love is a Bourgeois Construct” suena como puro PSB en su más íntima codificación referencial. La querencia de PSB por el imaginario comunista es conocido desde que hace ya algunos años pusieran banda sonora a El Acorazado Potemkin (1925) de Sergei Eisenstein.

Ahora, el explícito título del amor como construcción burguesa sirve como disparadero para la introducción de temática marxista en el interior de una de las bandas pop más respetadas y admiradas. La espectacularización de la ideología es propia de una sociedad donde el consumo necesita colonizar todos y cada uno de los rincones de resistencia y negatividad. El empleo artístico de símbolos de la izquierda no hace a ningún artista ser más de izquierdas, aunque el hallazgo de briznas de utopía en el interior de los productos de la cultura de masas nos redima de nuestro conformismo ideológico.

El despliegue en concierto de “Love is a Bourgeois Construct” es todo un derroche de artisticidad. Lo que en el arte contemporáneo se denomina como “artefacto cultural”. Si para mucha gente escéptica la capacidad crítica del arte contemporáneo ya no se encuentra en el propio arte sino en aquellas esferas de circulación cultural de lo popular, esto es, en la música, las series de TV, Internet y el cine, entonces definitivamente no está de más mirar a PSB. Lo que ahí se genera es una situación “en escena”: desde la imagen de Marx proyectada a partir de diferentes keywords, el dueto coreográfico de referencialidad pop, y la cabina post-constructivista con toque a microchip donde el profeta Tennant lanza sus soflamas acerca del amor, la burguesía y la búsqueda del alma inglesa.


Pero lo que merece destacarse de “Love is a Bourgeois Construct” es su referencialidad musical. Para cualquier melómano la primera escucha supone sumergirse en la memoria personal. Así, el riff que crece orgánicamente no es sino un fragmento del King Arthur del gran maestro barroco Henry Purcell (el más grande compositor británico de todos los tiempos). Esta melodía es más conocida colectivamente desde que el conocido compositor minimalista Michael Nyman la rehiciera para la banda sonora de la película El contrato del dibujante (1982) de Peter Greenaway. De este modo, de un solo plumazo, PSB condensan en una melodía todo un bagaje cultural e histórico como síntoma de una creatividad retromaníaca donde todo es una versión de otra versión, donde el original nos es inalcanzable. Esta es nuestra cultura y en ella estamos.

* Publicado en A-desk, 24-07-2013, Barcelona


4/22/2011

Pop político: Paninari-Paninaro

Los paninari generaron su propia subcultura, incluyendo la revista Paninaro, 
claramente al olor de la canción de PSB del mismo título

Un momento de sensualidad y calidez en el vestir. Mediados de los ochenta. Alrededores de Milán. La segunda revolución italiana dentro del mundo de la moda. Tan sencillo como mezclar una chaqueta amplísima de lino con unos pantalones vaqueros o unos bombachos. Camisas sin cuello, polos de punto y torsos desnudos por doquier. Un aspecto de la masculinidad como de pertenencia a la clase oprimida. Los hombros caídos y las manos en los bolsillos. Un toque neorromántico. La elegancia distendida. Alguna cosa prêt-à-porter y mucho Armani. También un momento en el que las luchas callejeras y el intelectualismo de izquierdas giran hacia un nuevo estilo en el vestir. La feminización del hombre, la ausencia de los símbolos del poder representados en el traje tradicional. La masculinización de la mujer, zapatos planos, gráciles chaquetas cruzadas, pantalones anchos y cierta androginia. También cardigans y abrigos vueltos de piel de oveja afgana. Todo ello configura un Made in Italy concentrado hacia la redefinición de los géneros a través de la moda y el estilo, y en una pérdida genealógica de estrategias vanguardistas. En ese contexto, fuera de la hegemonía británica de la identificación de estilos asociados a subgrupos de jóvenes, surgen nuevos cultos e identidades a través de actitudes en el vestir. El estilo debía ser subrepticio. La elegancia, el dandismo y el juego de la ambigüedad sexual se sitúan en el no-retorno. La cultura del pop influye en la moda, el estilo, y estos en la música. En 1986, “Paninaro” de Pet Shop Boys detecta ese aroma y lo devuelve nuevamente estilizado. Incluido en Alternative, “Paninaro” deviene en recordatorio de una efimera subcultura juvenil. Pet Shop Boys captan el espíritu de toda una década, los estilos del vestir que imbuían esa época. Los primeros trajes de Armani como uniformes en la costa italiana demuestran cómo el estilo es un valor que consolida a los distintos subgrupos juveniles. El estilo es un arma subversiva en la inversión de las jerarquías y los órdenes establecidos. Más concretamente, el movimiento “paninaro” puede localizarse a comienzos de la década de los ochenta en Milán. En su origen se llamó paninari, pues según parece surgió en la supuesta bocataría Al Panini, donde una serie de jóvenes comenzó a degustar hamburguesas y a imitar algunos rasgos de la cultura de consumo norteamericana. Este hedonismo vino cuando Italia dejaba atrás los “años de plomo”, marcados por el terrorismo y el conflicto político y social. A la politización de la sociedad italiana le siguió en la estrenada década un desapego hacia ese compromiso y un giro hacia un consumismo que hacía suyos los incipientes signos de la desregulación económica puesta en marcha por las políticas económicas de Reagan y Thatcher y que daría origen al neoliberalismo. Sin ser conscientes, los paninari eran heraldos del neoliberalismo; con sus botas y mocasines Timberland, vaqueros con el bajo subido, camisas a cuadros y plumíferos acolchados donde no faltaban los cinturones – preferentemente Moschino – así como mucho Versace. Que Duran Duran, Depeche Mode o PSB ofrecieran a los paninari aquello que buscaban era cuestión de erradicar por completo lo que, por ejemplo, estas tres formaciones tienen de distinto para quedarse con su estereotipo en tanto epicentros del pop ochentero. La subcultura paninari nos devuelve aquello que antes describía como la capacidad de la cultura de masas para dar cuenta del capitalismo como forma.
Paninaris en Milán o la revolución consumista


Un paninari enseña sus Timberland. 

11/07/2010

POP POLÍTICO: MISERABILISMO










De todos los –ismos el de miserabilismo es uno de los más ricos en matices. Posmodernismo, post-colonialismo, marxismo y ahora también miserabilismo. Obviamente no es una palabra que se pueda encontrar en el diccionario. Entonces, ¿qué es lo que designa?
Es necesario remontarse a la historia del pop y encontrar que el término acuña un significado concreto. En realidad, la patente de “miserabilismo” podría serle otorgada a Pet Shop Boys, quienes en su álbum Alternative (1995), un doble disco vinillo que contiene todas las caras B de singles publicados hasta ese momento, introducen el tema titulado “Miserablism”. Este miserabilismo va dirigido a Morrissey, ex-lider de los Smiths quien a comienzos de los noventa vive un momento de apogeo artístico. La canción es una sátira sobre lo que significa ser serio en la industria musical y sobre cómo para aparentar esa seriedad es necesario generar cierta imagen de compasión. Tennant y Lowe ironizan la pose de quienes adoptan una postura auto-consciente de pesimismo perpetuo como una moda o estilo de vida. A eso se llama explotar las miserias propias, algo muy típico de la música. Pero medir el grado de tortura de un o una atormenada cantante no es cosa fácil.
Es posible, no obstante hurgar en el miserabilismo y llegar a otras fuentes más antiguas. Lo que los franceses llamaban misérabilism a finales del siglo XIX no era sino un término asociado al movimiento del naturalismo en literatura. El naturalismo seguía la evolución del realismo (o la novela realista) y ahí donde ésta se basaba en el reflejo de una conciencia de clase, la de la burguesía, el naturalismo escarbaba en las clases sociales más desfavorecidas, en la miseria y la pobreza de los bajos fondos de la sociedad, y que encuentra su milieu en el lumpen, con sus personajes estereotipados (el hombre criminal de barrio y la mujer prostituta y demás).
Esta literatura, este miserabilismo (el de Zola por ejemplo), a la vez que denunciaba el orden social, en tanto crítica de las relaciones de producción de un capitalismo donde el proletariado emerge como una fuerza que lo amenaza, servía como un recordatorio de las posibles consecuencias de una revolución de ese mismo proletariado. Para un lector-tipo de ese naturalismo, principalmente el pequeño burgués que leía comodamente en su sillón, el miserabilismo era como un recordatorio de aquello horrible que podía sucederle en una alteración de los ordenes establecidos.
No deberíamos hacer aquí muchas virguerías para vincular un miserabilismo estilo Pet Shop Boys y otro del tipo naturalista. Si acaso recordar la larga tradición del miserabilismo no ya en la industria de la música y en la literatura, sino en el que parece ser su territorio abonado, el arte contemporáneo. 

“Miserablism” (Alternative, 1995)
(Tennant/Lowe)
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It seems to me there's something serious beginning
A new approach found to the meaning of life
Deny that happiness is open as an option
And disappointment disappears over night

Say that love is an impossible dream
Face the facts, that's what it's always been
Relax, what you see is what you've seen
What you get, is a new philosophy

(That's what you got, that's what you get)
(That's what you got, that's what you get)

Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't

Meanwhile your life is still directed as a drama
With realism on the sparsest of sets
Every performance tends to reach the same conclusion
No happy endings but a message to depress
Saying life is an impossible scheme
That's the point of this philosophy

Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't

But if is wasn't, and isn't were
You can't be sure, but you might find ecstasy

(Oh no)

Just for the sake of it, make sure you're always frowning
(get get get)
It shows the world that you've got substance and depth
You know, life is an impossible scheme
And love an imperceptible dream

(That's what you got, that's what you get)
(That's what you got, that's what you get)

Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't
Miserablism, is is and isn't isn't
Miserable


10/07/2009

¿Es DORIAN pop político?







Album e imagen promocional de "La ciudad subterránea" de Dorian, (PIAS, 2009)


La reciente publicación del album La ciudad subterránea (Pias) del grupo barcelonés Dorian supone una nueva vuelta de tuerca a una pregunta que subyace en algunos de los posts anteriores: ¿Qué es el pop político? Dorian es la última sorpresa de mi discoteca y he de confesar que ha sido todo un placer descubrirlos. Encajan perfectamente en ese imaginario pop desde donde siempre he ubicado mis gustos privados, empezando por aquellos retazos de adolescencia metamorfoseados con la adquisión de una conciencia dentro del arte. DO-RI-AN.
Sólo puedo calificar de “redondo” su último disco, una coctelera de temas ensamblados uno detrás de otro con una factura electro que tanto pueden hacerte levantar a la pista de baile como sumirte en un estado de tristeza comatosa. Dorian son sobre todo POP, antes que ELECTRÓNICA. Canciones de tres minutos con pegadizas melodías y letras tarareables.
Como si algo se moviera en la escena alternativa, Dorian sacan a relucir lo mejor de una tradición muy hispana, muy 80’s y muy 90’s pasados por el turmix de una producción potente, con grandes arreglos. A su vez, se sitúan en una fragil línea, pues sin renunciar a lo indie su música tiene todos los visos de transcender y convertirse en la banda sonora de toda una generación. En este sentido, sin duda una alternativa a Los Planetas.
La aparente ingenuidad de Dorian es sólo fachada. La ciudad subterránea es un disco muy difícil de hacer, pues no reniega a sonar ñoño, combate los prejuicios sobre las letras escritas en castellano y la apuesta se ve reforzada doblemente por esa ración extra de azucar que a veces uno necesita para comenzar el día. Es un síntoma de madurez hacer oídos sordos a los detractores y, sin duda, con este álbum (Marc, Belly, Bart y Jordi) se ganarán una legión de ellos. Poco importa. 

Lo previsible de sus letras se disipa en cuanto las sucesivas escuchas van haciendo que el conjunto coja cuerpo. El disco es ante todo un ejercicio de auto-afirmación.
La diferencia de Dorian con respecto a grupos como Astrud, Hydrogenesse o Chico y Chica está en que no necesitan recurrir a la ironía ni al humor para abanderar una hiper-consciencia pop marcadamente postmoderna. Por eso pueden parecer naifs, porque creer en esas letras que escriben sin ninguna doblez de por medio es síntoma de dejar atrás muchos complejos adquiridos. Lo mismo que reconocer que en el fondo te gustan. Otra diferencia está en que su apuesta es principalmente heterosexual. Las protagonistas son mujeres o son hombres, pero su pop ya no puede aprehenderse a partir de una identificación de género, o deconstrucción de la identidad. Las posibles identificaciones con las letras pertenecen a cada individuo/a independientemente de su orientación. Pero lo que marca a fuego a un grupo como Dorian es su marcado romanticismo. Romanticismo sí, y mezcla de electrónica bailable y depresión crónica.
Otra de las novedades está en su reivindicación en tanto izquierda. “Dice la derecha / Que en este país / Algo está cambiando / Y vamos todos hacia el caos” escribían en El futuro no es de nadie, canción que daba título a su anterior álbum. Una militancia en la izquierda que aparecía, ahora sí, un tanto naïf, con títulos como La arena bajo el asfalto, (¿todavía con esas?) pero que ahora, en este nuevo disco parece haberse colado exclusivamente por el lado personal y subjetivo. Y es que La ciudad subterránea es un disco superintimista, que no baja el pistón en ningún instante. Comienza apabullante con un medio tiempo como “Simulacro de emergencia”. Instantes neworderianos como los comienzos de “Paraisos artificiales” y “Las malas semillas” (como si Hooky se hubiese transfigurado en Bart), momentos sublimes en “La mañana herida” (con unas letras sencillas y directas "De regreso a Barcelona / Buscaste u trabajo para remontar / duraste un año y medio / haciendo muy poco y portándote mal") y todavía quedan temazos como “Verte amanecer” (doble ración de glucosa para remontar un día difícil), la transición de “Las malas semillas” a “Veleros” es sencillamente delicada y de una fina sutileza difícil de igualar. Con este disco consiguen confirmar que canciones-himno como “A ninguna otra parte” no son casualidad.
¿Que ha quién se parecen Dorian? Ni a Family ni a Ladytron. Aunque tengan cosas de ambos grupos. A ellos (en concreto a Marc) le gustaría verse como una mezcla entre Pet Shop Boys y The Clash, en cuanto a simbolizar una conciencia política dentro del pop español. Debería Marc fijarse en que lo que había de político en Joe Strummer era sobre todo fruto de la inconsciencia y la mercadotecnia. ¿Guy Debord? Eso está mucho mejor. Lo cierto es que Dorian serán objeto de odio por aquellos/as que no conciben la música como una gran acumulación de sentimientos.
Hay un movimiento sísmico en la música española. Si la banda de Zarautz Delorean representan el lado electrónico bailable más machacapistas, Dorian encarnan el pop del siglo XXI como compendio de tres décadas de buena música.
 


8/24/2009

Pop Político y Utopía


yes, Pet Shop Boys, etc. 
Pet Shop Boys lo ha vuelto a hacer. Una vez más, Tennant y Lowe cargan con This Used to be the Future un single que se puede encontrar en su bonus track de la edición “negra” de su último álbum, Yes, donde el dúo inglés hace una crítica a las utopías sociales y urbanas erigidas desde algun pasado no del todo localizable. 
El tema, sin duda el más interesante de todo Yes, cuenta con la colaboración vocal de Philip Oakey, The Human League, y escucharlo en el iPop resulta adictivo por su rica melodía como por la potencia de sus beats y a lo que hay que sumar unas letras realmente con contenido y complejidad. La alternancia en la parte vocal de Tennant y la de Oakey está brillantemente resuelta, entremezclando un pasaje cantado como por una voz coral robótica y autoritaria. El estribillo coreado a dúo es sencillamente perfecto.
¿Es Pet Shop Boys un grupo militante? Ciertamente lo es. La política del pop como evasión, placer y disfrute nunca ha estado reñida con la responsabilidad social pero, a diferencia de otros grupos engagés, PSB siempre ha tenido muy claro que su compromiso no está en las proclamas o los statements estilo estrellas del pop o, como hacen muchos otros, en la utilización de temáticas sociales en las letras de las canciones, sino más bien esta radicalidad está en la fidelidad con la forma misma del pop electrónico en tanto género capaz e aunar los anhelos más personales como las temáticas sociales más urgentes. PSB es además un grupo muy cultural. Que Chris Lowe estudiara arquitectura resulta anecdótico como explicación de este compromiso con las condiciones urbanas de vida. Esta crítica a las proyecciones de un futuro entre planificado y especulativo, utópico, no esconde lo que debería ser una de las misiones del pensamiento utópico: no precisamente imaginar un futuro perfecto, idílico, como fruto de una tarea positivista recreadora, sino pensar en sus condiciones de posibilidad a través de su versión dialéctica, negativa (a lo Adorno), es decir, mediante una suerte de implosión del pensamiento en su raíz cero. El compromiso con la utopía es tanto cotidiano como es una práctica a desarrollar en la producción.  

Es interesante comprobar cómo ahora que oximorones temporales vuelven a ponerse de actualidad en el terreno del arte (el pasado del presente, el futuro del pasado y demás combinaciones) este mismo recurso al “sandwich” pasado-presente-futuro es típico de la naturaleza del pop. No necesariamente en este tema de PSB, sino me refiero a que esa misma dialéctica “past-present-future” es ya una técnica inequivocamente pop vinculada estrechamente con la música pop y sus actitudes.
Desde el Today is the tomorrow you were promised yesterday de Victor Burgin, al “sólo vivo el presente. El pasado a lo mejor no lo he hecho yo. A lo mejor estoy en otra dimensión. Lo único que se vive es el presente. El resto –el pasado y el futuro- no existen” del desaparecido Carlos Berlanga. Al final, juegos de lenguaje con el “sandwich”, que no es lo mismo que utopía.

FRAGMENTO
Pero el futuro era excitante / ciencia-ficción convertida en hecho / ahora todos tenemos que mirar hacia delante / es una especie de pacto de suicidio. ¿Fue el querido viejo futuro el que creó los problemas a los que nos enfrentamos? / ¿Cómo gestionamos las consecuencias de lo que solíamos llamar espacio? etc.


LYRICS

This Used To Be The Future
(Tennant/Lowe)

I can remember when this was the future
Where it was gonna be at back then
Why don't we turn the whole bloody lot down
And make a new start all over again?

I can recall utopian thinking
Bold mission statements and tightening of belts
Demolition of familiar landmarks
Promises made and deals that were dealt

This used to be the future
Where it was at back then
Let's turn the whole bloody lot down
And start all over again

But that future was exciting
Science fiction made fact
Now all we have to look forward to
Is a sort of suicide pact

Was it the dear old future
That created the problems we face?
How do we deal with the fallout
Of the age we used to call space?

I can remember planning for leisure
Living in peace and freedom from fear
Science that promised to make us a new world
Religion and prejudice disappear

I can remember when this was the future
Where it was gonna be at back then
Now religion and nuclear energy have united
To threaten, oh God! Amen

This used to be the future
Where it was at back then
Now religion and nuclear energy have united
Oh God! Amen

Was it the dear old future
That created the problems we face?
How do we deal with the fallout
Of the age we used to call space?

This used to be the future
Where it was at back then
Let's turn the whole bloody lot down
And start all over again

amen