Era cuestión de tiempo que Drive se convirtiera en la cinta reina
del videoclub. El aura de culto que rodea a este filme aumenta con su alquiler.
En otro lugar de este blog he hablado del videoclip como el arte privilegiado
del posmodernismo. Con Drive ocurre a
la inversa, no es el videoclip el que introduzca elementos narrativos del cine
sino que la propia película está contada como si de un videoclip se tratara. Es
más, el videoclip hoy en día es un medio que depende exclusivamente no ya de la
televisión, sino de Internet, y Drive es
la muestra palmaria de la youtubeización
del cine. Varias son las escenas videoclip; la del ascensor o la vuelta en
coche de “Driver” (Ryan Gosling) con Irene (Carey Mulligan) y el hijo de ésta.
Mención especial merecen los títulos de
crédito (¿material para POP POLÍTICO?) Aquí, no es la música la que sirve a la
imagen sino que ésta se ofrece por completo al tema electropop “Nightcall” del DJ
francés Kavisnky. La tipografía rosa sobre las imágenes nocturnas de LA es
además uno de los rasgos más destacados de este filme, algo que algún
internauta ha conectado con los títulos de crédito de esa otra película de
semi-culto post-adolescente que es “Riski Business” (1983) conocida por su
intérprete, Tom Cruise. La tipografía de Drive
es toda una declaración de intenciones y sintetiza toda la película en su
deseo adolescente, pop erótico, y también en hacer una filme que recuerde a la
estética de los 80. Las teorías del filme-nostalgia y del pastiche para definir
el cine posmodernista son ahora reintroducidas en un bucle meta-referencial de
difícil salida. Este es un cine posmodernista, sí, pero cine de un
posmodernismo tardío. Basta ver el tráiler para comprobar que Drive “imita” a un David Lynch sin el
componente surrealista y autorial de éste. Tampoco es difícil conectar la idea
del danés Winding Refn con las producciones de Michael Mann, incluyendo su
serie Miami Vice (1984-1989), (fíjense
en la paleta de colores de esta serie y compárenla con Drive). Ahora que el posmodernismo ya no sirve a muchos teóricos
culturales como paradigma para explicar los movimientos actuales entre cultura
y capital, y mientras que muchos de ellos se afanan infructuosamente en la
búsqueda de nuevas terminologías “de marca” para describir nuestro presente,
una ración de Drive bastará para
certificar la espiral de ese “presente continuo” en el que estamos atrapados.
Presente continuo que siempre tiene el aroma de la novedad de lo recién pasado,
la nostalgia, lo retro, lo vintage. Con
el teen pop “Real Hero”, de College,
uno de los temas del filme, es como si la música no hubiera evolucionado en los
últimos treinta años. Y sin embargo nos gusta, emociona. Lo mismo con "Under Your Spell" de Desire. Como producto
comercial, Drive es tanto un filme como
una banda sonora. Pasen por Youtube (y disfruten).
La interpretación de Ryan Gosling merece
mención especial. El personaje reúne todos los elementos para reafirmar su
individualismo, cual anti-héroe solitario de un western. De pocas palabras, “Driver” es medio ángel medio demonio.
Un conductor de coches que participa ocasionalmente en golpes y es especialista
de películas de acción. La construcción icónica del personaje resultada
calculada desde el estilo: la chupa del escorpión, los guantes de cuero, el
palillo perenne en la boca. Una vez más, el actor Gosling se presta a una
construcción de su personaje completamente destinado a una forma de consumo
adolescente. Más bien, Drive es cine
adolescente destinado a un público adulto.
AOTC: Adult Orientated Teen Cinema.
Drive parece confirmar
el talento de Winding Refn a la vez que asegura la retórica de los géneros (genre) como perpetuamente en
reinvención. Una última reflexión me recuerda que el plano nocturno de Los
Ángeles con el que comienzan los títulos de crédito tiene un equivalente en La red social (2010) de David Fincher. ¿Hay
acaso mejor imagen que describa la invisible circulación del capital financiero
que el skyline de una gran urbe
norteamericana?
