El pasado 23 de mayo se pasó una copia preservada de Ama
Lur (Madre
tierra) (1968) en
el cine Principal de San Sebastián con motivo del 35 aniversario de la
Filmoteca Vasca. Dicha copia de preservación es una película que se guarda con
mimo y que únicamente se proyecta en casos excepcionales. La calidad de la
imagen y el sonido son excelentes. Como se dijo en la presentación, las
filmotecas preservan lo que la industria se dedica a destruir. El cine estaba a
rebosar y Néstor Basterretxea (1924) realizó una breve y emotiva introducción.
El cine de Basterretxea ha sido una presencia ineludible en la exposición
retrospectiva Forma y universo que recientemente he comisariado en el Museo de Bellas
Artes de Bilbao. Una programación paralela se proyectó todos los viernes
durante la duración de la muestra. Sin embargo, la contemplación del celuloide
en la sala del Principal tuvo un aura de excepcionalidad que me hizo contemplar
nuevas perspectivas anteriormente no suficientemente atendidas por mí. Cuando
se proyectó el ciclo en el Bellas Artes, se sacaron estas frases de mi texto de
catálogo: “Ama Lur
es un canto y un homenaje a una comunidad imaginada que por vez primera obtiene
una representación de sí misma con la cual reconocerse e identificarse”, señala
el catálogo de la muestra. “Es la prueba del espejo ante el cual una sociedad
adquiere conciencia de sí”.
Las lecturas de Ama Lur están condicionadas por el peso de
esa misma “comunidad imaginada”. Todo gira en estas lecturas sobre lo mismo,
eufemismo de identidad. En el otro lado, ni siquiera el componente
anti-franquista consigue despejar los prejuicios de los detractores. El
prejuicio viene dado por un componente ideológico que subsumiría los logros del
documental a una raíz esencialista. En este visionado, el documental concluye
en términos completamente asumibles desde las instancias del poder que tantas
trabas pusieron (me refiero a la censura). El que los inquisidores franquistas
vieran la posibilidad de encargar un Ama Lur andaluz evidencia su confusión, pero
también legitima el relato de las distintas diferencias regionales en el seno
de una nación grande y libre. No es conocida la historia de que el No-Do
encargó a Basterretxea un reportaje en Ibiza sobre los movimientos hippies, a
comienzos de los 70. Néstor fue allí pero en lugar de la comuna hippie grabó una serie de antigüedades
en un museo balear. Algo muy propio de él. Envió ese metraje a Madrid. Hasta
hoy.
Los revisionistas actuales del arte español durante la dictadura y la
transición tendrían bien en observar detenidamente Ama Lur. Su incorreción política es
todavía motivo de molestia (aunque convendría analizarse las razones de su
molestia, entonces y ahora). Hay en Ama Lur una serie de representaciones de
la historia, el trabajo y la clase social que necesitan de una interpretación
superior, no realizada hasta la fecha. Combinar imágenes de la frenética
actividad de la Bolsa de Bilbao con retratos de Oteiza y Salvador alumbra
nuevas miradas sobre el capital y la esfera de la cultura, mientras que las
impresionantes vistas áreas de las ciudades industriales levantadas en la
Margen Izquierda hicieron las veces de espejo reflectante de una realidad
conocida pero que escapaba a la representación. Sólo por esos planos, Ama
Lur merece un
sitio de honor. Una película preservada que debería pasarse en celuloide cada lustro
y que todo estudiante de cine y de arte debería ver. Sigue siendo una
desconocida entre los artistas jóvenes y no tan jóvenes.
