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4/20/2012

"The Wire" como mapa cognitivo


Pregunta: ¿Cuánta gente conoce la ciudad norteamericana de Baltimore sin jamás haber estado
en ella? Respuesta: un montón. No es ésta precisamente la virtud principal de la aclamada serie
televisiva The Wire, es decir, servir de promoción de dicha ciudad (más bien la imagen que se
ofrece de Baltimore es todo lo contrario), sino quizás mostrarse como paradigma de eso que en
la teoría crítica y en urbanismo se ha denominado como un “mapa cognitivo”. A estas alturas del
viaje, todos los fans que han visto la serie (y/o han leído la profusa literatura a su alrededor )
saben ya que la serie no trata sobre el combate entre la policía y la mafia alrededor de la droga;
también saben esos mismos lectores que el sentido clásico del realismo en literatura (desde
Dickens a  Zola) ha sido ensalzado como reviviéndose no ya en la forma de la novela, sino mejor
en la televisión, en dicha serie televisiva. Y aunque éste es un post dirigido exclusivamente a
los/as familiarizados/as con la serie (no por continuar con el estilo exclusivista en las
referencias propio del nuevo periodismo a lo Wolfe, o un ulterior Foster Wallace, sino por
coherencia con la propia metacrítica o metacomentario que aquí me impongo), no está demás
traer a colación un poco de transdisciplinareidad indisciplinada. Si se ha dicho y escrito que The
Wire versa mejor sobre la ciudad contemporánea; o sobre el vaciamiento de las instituciones
posmodernas; o sobre la trama urbana y las relaciones del capital financiero; o incluso sobre las
relaciones de la comunidad afroamericana en la vida urbana y social estadounidense; si damos
por bueno que, de alguna u otra manera, The Wire gira sobre eso, no podemos sino mencionar
el trabajo del geógrafo marxista David Harvey quien, mientras David Simon (autor y alma de la
serie) se pateaba las “esquinas” y conocía de primera mano la degradación urbana a la que
estaba siendo sometida la ciudad de Baltimore, realizaba a su vez uno de los mayores análisis
urbanos, arquitecturales y geográficos hasta la fecha. The Conditions of Posmodernity, 1989
(Las condiciones de la posmodernidad (Amorrotu editores) y Spaces of Hope 2000 (Espacios
de esperanza, Akal) son solo algunas gemas en las cuales se destila su observación atenta (como
residente y profesor) de la ciudad de Baltimore. Sin embargo, no me consta que Harvery haya
dicho nunca nada sobre The Wire (a diferencia de su colega Jameson, siempre atento a la
cultura popular) pues además su trabajo como geógrafo se ha desarrollado previo a la eclosión
de la serie (2002- 2008). O posiblemente no se haya “enganchado”. Sin embargo he descubierto
esta entrevista a Harvey en un número atrasado de New Left Review donde se le pregunta
abiertamente sobre dicha ciudad. Los connaisseurs apreciarán.

Un libro más que recomendable sobre The Wire,
publicado por errata naturae


¿Cuál es el perfil de Baltimore como ciudad estadounidense?

En muchos sentidos es una ciudad emblemática en relación a los procesos que han dado forma a las ciudades bajo el capitalismo estadounidense. Proporciona una muestra de laboratorio del urbanismo contemporáneo. Sin embargo, evidentemente, tiene además un carácter propio. Pocas ciudades norteamericanas cuentan con una estructura de poder tan simple como la de Baltimore. Después de 1900, buena parte de la gran industria se desplazó fuera de la ciudad, dejando el control en manos de una elite rica cuya fortuna se basaba en los bienes inmuebles y la banca. Las sedes centrales de las corporaciones no están en Baltimore actualmente, y con frecuencia se alude a la ciudad como la mayor plantación en el sur, dado que en buena medida está gobernada del mismo modo que una plantación, mediante unas cuantas instituciones financieras principales. En realidad, en lo que respecta a la estructura social, la ciudad es mitad norteña, mitad sureña. Dos tercios de la población es afroamericana, aunque el nivel de militancia negra no se acerca en modo alguno al que pueda encontrarse en Philadelphia, Nueva York o Chicago. Las relaciones raciales responden más a un patrón sureño. Puede que los alcaldes sean afroamericanos; sin embargo, dependen en gran medida de la conexión financiera, y están rodeados por barrios blancos que no quieren tener nada que ver con la ciudad. Culturalmente, es uno de los grandes centros del mal gusto americano. Las películas de John Waters son clásicos en Baltimore, no cabe  imaginárselas en ningún otro lugar. Arquitectónicamente, sea lo que sea lo que la ciudad trate de hacer, se torna en algo un tanto inadecuado, como le sucede al arquitecto que construye una casa calculando mal los ángulos, y años más tarde la gente comenta, ¿“Acaso no se trata de una estructura muy interesante”? Uno acaba por sentir mucho afecto hacia ella. En cierta ocasión pensé que debía escribir un libro titulado Baltimore: la ciudad de las peculiaridades.

David Harvey, Reinventar la geografía; entrevista con David Harvey, New Left Review 5, Akal, Madrid, 2000, pp. 107-126