1.
Citar la ciencia ficción literaria y
cinematográfica en el arte contemporáneo en la última década ha sido un recurso
que han utilizado artistas y curadores. Esta tendencia no tiene tanto que ver
con leer a, por ejemplo, Ursula K. Le Guin, Philip K. Dick o J. G. Ballard,
sino con la consideración del arte como una actividad especulativa en la que la
ciencia ficción (en adelante CF) puede servir como un modelo en donde
mirar(se). La cuestión del género (genre) es importante, ya que a partir
de la formación histórica de la categoría misma de género (literario) la función
ideológica de los textos ha logrado reproducirse y expandirse
socialmente.
A lo largo de la historia, los géneros han
contribuido a erigir cánones artísticos, divisiones y jerarquías en la esfera
de la cultura. Ahora se acepta la teoría de que la CF ha sido un género en los
márgenes del canon, a pesar de contar con grandes nombres literarios entre sus
filas; por esta misma razón, esta distancia de los poderes que formatean el
canon —siempre de manera ideológica e interesada—, la CF ha sido uno de los
géneros preferidos por las conceptualmente más avanzadas formas de crítica
literaria y, sobre todo por el marxismo. Esta consideración puede
extrapolarse a otras áreas discursivas críticas, como el feminismo, donde el
concepto de género (genre) instaurado a partir del canon ha
conllevado discriminaciones de género (gender). Este anhelo de
emancipación en la CF es la que ha migrado o está migrando hacia un contexto
artístico ávido por integrar y canibalizar discursos teóricos y culturales a
priori al margen. Ese mismo desplazamiento discursivo es una muestra de que
actualmente, y a diferencia de otros géneros literarios como el realismo, la
novela negra, el romance o la fantasía, la CF tiene un encanto adicional para
el arte cuya mera alusión parece garantizar una respetabilidad o barniz
conceptual. Conviene prestar atención a ello no sin antes cerciorarnos de que
la CF también consiste en un metagénero autoconsciente y que gracias a su
propia excentricidad y capacidad de absorción contribuye a reelaborar la misma
cuestión del género, de ahí también la invención de los subgéneros. Así, por
ejemplo, el ciberpunk puede leerse como una reformulación histórica del
realismo sucio y el romance (William Gibson, Bruce Sterling); o casi todas
las novelas del ahora aclamado China Miéville son híbridas y multigénero —La
ciudad y la ciudad como novela negra, teoría urbana y arquitectónica a la
vez—, etc.
Los usos de la CF en el arte difieren
completamente de la experiencia de los lectores y espectadores en la literatura
y el cine. En éstas últimas, la separación entre “ciencia” y “ficción” es en
muchos casos una cuestión epistémica. Los seguidores de las variantes hard
y soft de la CF son exigentes. Mientras que en el arte la simple
referencialidad o una estereotipada estética sci-fi a menudo resulta
suficiente; la especulación, la no linealidad entre causas y efectos, la
pseudocientificidad y el futurismo son algunos de los elementos en el arte.
Podríamos arrojar un poco de luz a este punto si se analiza la CF desde dos
categorías, no excluyentes entre sí: a) sci-fi como forma, y b) sci-fi
como contenido.
Seguir leyendo en Campo de relámpagos





