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2/19/2018

Cuatro imágenes del siglo XX (2). Estilo.

Tan ligera que hasta un niño puede cogerla sin esfuerzo con un par de dedos. 
Es la  Superleggera  diseñada  por Gio Ponti en 1957. Una silla que representa 
todo lo  italiano y todo lo moderno reunidos en un objeto de artesanía. Si hay 
algo que caracterizaba a Ponti era el detalle y una elegancia propia de eso
que, a lo largo del siglo XX, de modo muy ambiguo, se dio a conocer como
estilo. 


Hamburgo, 1968. Heidimari Jilie Sander está de regreso de su aventura en California y decidida
a dar origen a su propia aventura en el diseño. Nace así Jil Sander. Los corsés de la moda femenina del periodo son demasiado rígidos para Jil; los patrones existentes incómodos. La manera en la que la moda exagera la sexualidad de la mujer, obsoleto. Surge de este modo un estilo
en el que el minimalismo y la pureza pueden ser también rasgos de la feminidad. Un traje de chaqueta, combinado con una falda o lo que sea nos introduce en el dominio de lo epiceno. 


Año 1993 y Sarah Cracknell, cantante de la banda de pop inglés Saint Etienne
posa para la revista del ojo guiñado, I-D (Identidad). Sarah guiña y saca la lengua
de un modo icónico. Veinticinco años después, la banda sigue componiendo y
publicando. Se decía entonces, con motivo de la publicación de su obra maestra,
Tiger Bay (1994), que el pop había encontrado su santo patrón, y que este no era
otro que Saint Etienne. Tiene un aire a Sartre esta afirmación.


¿Demasiada información contenida en una sola imagen?
¿Por donde empezar? Esta imagen existe en el imaginario de
quien esto escribe mucho antes de la creación de este mismo blog.
Morrissey, "Smiths is Dead" y Oscar Wilde en una única imagen
puede servir de condensador de energía o despresurizador de oxígeno.
Los franceses llaman décryptage al ejercicio de decodificar una imagen
analizando fragmentos de la misma. ¿Desean comenzar ustedes?



1/19/2018

Villa Planchart. Gio Ponti (1953-1957)


Villa Planchart, del arquitecto italiano Gio Ponti, construida en Caracas, Venezuela, en un proceso que comenzó en 1953 y concluyó en 1957, es una casa-vivienda cuya historia ejemplariza la relación cliente-arquitecto. Una villa en la que la narración alcanza un punto determinante en su ser; una villa-relato que comienza en 1953 cuando el Armando y Anala Planchart visitan Milán y deciden encargar una vivienda a Gio Ponti. Como pareja amante del arte y la arquitectura, la pareja se había fijado en un proyecto del italiano en la revista Domus, que el arquitecto fundo en 1928 y dirigió hasta su muerte. El deseo era una vivienda bajo el principio constructivo de la modernidad. Tratándose de un acaudalado matrimonio con negocios en el sector de la automoción, Milán debía ser un destino tanto empresarial como cultural. Cuando Ponti recibió a la pareja les hizo allí mismo en la oficina un boceto un tanto disciplente que fue rechazado por Anala. Los Planchart quería algo muy concreto, una casa abierta con vistas a El Ávila. Surgió de ese modo una estrecha relación de trabajo primero, y de amistad después, que se fraguó en una conversación epistolar entre Milán y Caracas. 

De esta conversación salió esta obra de arte y una arquitectura que no solo refleja la personalidad del cliente hasta en los aspectos más íntimos y privados, sino que permite al arquitecto desarrollar todo su imaginario, desde la forma exterior de la villa, el mobiliario, la decoración interior y la cubertería. De esta alianza nace el logotipo invertido de las dos As (Armando y Anala) que forman un diamante. La forma del diamante, el rombo y otros signos astrológicos sirven para que Ponti ponga en marcha sus cinco sentidos y una imaginación desbordante en cada detalle. En esta obra Ponti emerge como un arquitecto-artesano-artista. La entrada a la villa incorpora esta simbología de proceso continuo de la naturaleza; techumbre que filtra el agua al estanque que desborda.


Los muros flotantes, como pieles, rebasan los límites perimetrales dando una sensación de ligereza y movilidad (una línea de luz durante la noche amplifica esta impresión). Uno de los aspectos más llamativos, no perceptibles en estas fotografías, es la composición del material de la fachada. Se trata de un teselado o mosaico de pequeñas piezas trabajadas irregularmente en la superficie de manera que genera un textura física y visual indescriptible. El mosaico o teselado es algo que forma parte de la estética de la modernidad caraqueña como se puede comprobar en la Universidad Central de Venezuela y en otros lugares de la ciudad. Hay una diferencia entre el funcionalismo de la Universidad, su pragmatismo típico del Movimiento Moderno, su fidelidad incluso, y la sensualidad de este trabajo que encaja mejor en una definición estética más propia del Modernismo tardío. Mientras que la Universidad, inaugurada en la misma década, es una elaboración moderna aplicada en todo su esplendor en una fecha tardía, la construcción de Ponti encaja de lleno en una necesidad de ir más allá de los preceptos de los maestros Mies y Corbu. Ambas construcciones, sin embargo, encuentran su razón de ser en el proceso de modernización capitalista del país en ese periodo. Una modernización que junto a autopistas y grandes infraestructuras permitió, al mismo tiempo y sin contradicción, obras de arte en forma de arquitectura que no excluye el elitismo: joyas como ésta. Es la función del arte de la época de Calder a Soto, la que de alguna manera sutura los límites entre lo público (de la Universidad) y lo privado (los Planchart). 






Como decía, resulta difícil capturar fotográficamente la villa. Para una observación del interior se puede recurrir a otros artículos y reportajes de la villa en Internet. Sin embargo conviene señalar la importancia de los muros interiores policromados y el color en su conjunto (por no hablar del patio interior que recoge el agua de la lluvia, mientras que por la noche, permite observar las estrellas con un recogimiento único. El arquitecto aquí realiza diferentes pinturas (formas geométricas sensuales sobre mesas, encimeras, azulejos, paños de color, etc.)


Otro elemento destacado es el gran trabajo de artesanía en el interior, por ejemplo los suelos de mármoles irregulares con juntas raseadas en un ejercicio de virtuosismo difícil de ver. El mármol fue enviado desde Italia y todo un equipo de artesanos establecidos en Caracas trabajaron en este y otros materiales de la casa. Hay que tener en cuenta que en la década de 1950 Venezuela recibía gente de todo el mundo (de Europa principalmente de Italia y España), y con ello, talentos artesanos especializados en tradiciones y culturas locales. Venezuela ha sido tradicionalmente una tierra de bienvenida e integración: los europeos, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, prosperaron al participar en la campaña de modernización del país. Al igual que los refugiados económicos de los países vecinos. Puede decirse sin rubor que esta obra únicamente pudo hacerse en este país, pues recoge una serie de singularidades que la hacen especial: una modernidad singular.

Esta sensualidad en los materiales y en su trabajado hace que venga a la mente otro italiano, Carlo Scarpa, quien no por casualidad diseño el Pabellón de Venezuela en Il Giardiani de Venecia en la misma época, 1956. Todo encaja. 

Otro elemento destacado es la importancia dado por Gio Ponti al display. Él, que había concebido la Paretta Organizzata como un módulo de diseño donde poder recombinar artefactos culturales de modo indefinido, piensa en la casa en los mismos términos. Hay detalles, en la cocina por ejemplo, que son verdaderas formas de display. El juego está presente por doquier. El placer también. Hasta los sistemas de iluminación pueden verse como marcos donde interactúan formas, colores y objetos (cristales y vidrios). 







Esta imagen (lamentablemente cortada por arriba, techumbre en voladizo) recuerda a la silueta de la capilla de Ronchamp de Le Corbusier. Hasta ahí el paralelismo: el parecido cutáneo. El resto es sensualidad.