Caben pocas dudas de que la contradicción es el estado más
adecuado para describir algunas de las situaciones a las que una condición de
la posmodernidad nos ha abocado. Una de estas tiene que ver con la demanda
continua para prefigurar una auto-representación del sujeto, y así, de la
subjetividad. La exigencia de la presencia del cuerpo -de nuestro cuerpo,
nuestra cara y hasta de nuestro estilo en el vestir- en la esfera de la
circulación (abolidas ya las distancias antes insalvables gracias al low-cost y a la consciencia global de una
misma esfera de actividad), se traduce en la necesidad de estar allí, no
perderse, acudir al lugar exacto donde el meollo está sucediendo. El sistema
todavía pide cuerpos en circulación; inauguraciones, bienales, ferias, seminarios
y demás. A esta exigencia de explotación del cuerpo, a esta demanda por performar, le sigue su equivalente de
construcción identitaria a través de las redes sociales, esto es, su equivalente
virtual. Todo ello contrasta con una perdida de la experiencia en cuanto a la inversión
del tiempo se trata, pues en medio de la aceleración constante, cada vez
poseemos menos tiempo o menos disponibilidad para hacer kit-kats prolongados que nos aporten una grado
de consciencia que produzca una modificación sustancial en la subjetividad. Las
dinámicas de la presencia consumen ese tiempo prolongado en una sucesión de
apariciones fugaces, en ese “dejarse ver para que te vean”. Este
presencialismo, distinto de una ontología de la presencia todavía con algo de durée, no solo achica las dimensiones
espaciales sino que somete a la temporalidad a su debilitamiento. Lo que
acarrea es más presente, más presentismo, o lo que es lo mismo, una completa
opacidad para pensar el pasado y por supuesto una completa incapacidad para
imaginar el futuro.
Postdata: hay otra identidad que a veces se nos olvida, y que a fin de cuentas es la que cuenta, la identidad del trabajo realizado. Nuestras identidades artísticas.
Postdata: hay otra identidad que a veces se nos olvida, y que a fin de cuentas es la que cuenta, la identidad del trabajo realizado. Nuestras identidades artísticas.