
Death by Hanging (1968) de Nagisa Oshima es un filme que entra en el género del llamado cine político. Un
condenado a muerte por dos asesinatos va a ser ahorcado. Cuando la ejecución
falla y el condenado, R, no muere, una serie de problemas legales se suceden. R
pierde la conciencia y no sabe quién es, qué hace allí. El sistema
(penitenciario, judicial) decide volver a ejecutarle, pero para ello R debe
recordar cual es su culpa, de qué se le acusa, de lo contrario no pueden volver
a ahorcarle. Entonces los que rodean a R deciden recrear, ficticiamente, los
actos delictivos de R. El visionado de Death
by Hanging me ha recordado a la controvertida The Act of Killing de Joshua Oppenheimer. En ambas, se dan
recreaciones teatrales en el interior de la principal narrativa. Aunque la
primera entra dentro de la ficción y la segunda en el documental, esas acciones
teatrales interpretadas tienen finalidades psicológicas complejas. En ambas, el
teatro, esto es la representación, sirve para mostrar o hacer ver. Mientras que
en The Act of Killing los re-enactments son desasosegante y buscan
un verismo macabro, la película de Oshima recurre al distanciamiento y al
humor. 100 % Brecht.
Death by Hanging merecería un
poquito de periodización. Realizada en 1968 enseguida recibió atención debido
al “calor” político proveniente de Francia. En ese momento, las ideas de
Althusser comenzaban a calar en diferentes estamentos culturales. En 1970
publica su famoso “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”. Cahiers du Cinema publicó un año antes, en
1969 una editorial con el título de “Cinema/Ideologie/Critique” por Jean-Louis
Comolli y Jean Narboni donde la premisa básica es que toda forma de arte,
incluido el cine,
o bien refleja/patrocina, o
confronta/rechaza la ideología dominante de la sociedad de la que procede. Este
principio ha sido desde entonces objeto de discusión. Una vez esta editorial
fue traducida al inglés, ésta sirvió como lanzadera de análisis formalistas,
semiólogos y lingüísticos en el ámbito anglosajón desde la revista Screen. Lo que estaba en disputa era la
representación de la realidad (depiction
of reality). En este sentido, Death
by Hanging se anticipa por muy poco a cualquier discusión sobre la cuestión
de la ideología, mostrando a Oshima como un cineasta japonés en estrecho
contacto con la efervescencia teórica y política del periodo. La película es,
de paso, un alegato contra la pena de muerte y un ajuste de cuentas con las
relaciones entre Japón y Corea. Pero es el lado brechtiano de Death by Hanging el que le sitúa en una
posición aventajada, pues para esas principales corrientes teóricas, la función
del arte o el cine estaba en desenmascarar el velo de lo que corrientemente se
entiende como ideología. Y eso sólo es posible rechazando el naturalismo,
verosimilitud o ficción de realidad característico del cine tradicional. De un
modo althusseriano, la ideología no se ve como una determinada estructura de
ideas, sino como una no forma, amorfa cosa de la experiencia de cada día.
Precisamente porque la ideología está demasiado cerca de nuestros ojos para ser
objetificada, no nos es visible directamente o palpable. El filme de Oshima
sirve entonces como punta de lanza para un análisis “correcto” de la ideología,
esto es, como un modelo para el cine político cuyo precedente más claro es el
teatro épico de Brecht.
Es aquí donde se introduce el concepto de
forma. La forma del filme es el nodo por el que filtrar cualquier análisis de
la ideología. De hecho, en los años que siguieron y debido a lecturas ortodoxas, películas de género
“político” y de éxito como Z (1969),
de Costa-Gavras, fueron sospechosas de pertenecer a un género el cual recurre a contenido político explícito aún
sin criticar el sistema ideológico en el que se inscribe al adoptar el lenguaje y la imaginería de la ideología dominante. Pero los propios Comolli y Narboni ya habían justificado Z en tanto que su presentación de la política era sin descanso ideológica desde el principio hasta el final. Quizás una pequeña venganza o guiño del cineasta
greco-francés se desgaja más tarde en Etat
de Siege (1972), al recrear una habitación forrada de periódicos donde se
mete a un secuestrado y que parece inspirado directamente del set teatral que los
carceleros del filme de Oshima construyen para R. (Uno había pensado que el original era Costa-Gavras pero he aquí un precedente inmediato).
En cualquier caso, Death by Hanging supone una compleja reflexión sobre la conciencia
y la ideología, ejemplificada en la escena final en la que R cuestiona quien es
el Estado para ejecutarle. “No puedo ser ejecutado por una abstracción”. Entonces dejan libre a R, quien al abrir
la puerta recibe un fogonazo de luz (¿una metáfora de la interpelación
althusseriana, quizás?), para a continuación regresar a su posición de reo. El
Estado en mí, parecería decir. El visionado de este filme hoy en día, desde la
perspectiva de Althusser, adquiere todavía un tono más dramático si tenemos en
cuenta la tragedia final de la vida del filósofo francés.
* Gracias a Bob por señalarme este filme.