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12/24/2013

"12 años de esclavitud" como naturalismo


Una escena de 12 Years a Slave de Steve McQueen



Hubo un tiempo en el cine donde la estetización del sufrimiento para la cámara suscitaba un largo y acalorado debate acerca de la moral. Parte de esta discusión se centraba en el famoso “travelling de Kapò”, en concreto en el famoso artículo “De la abyección” de Jacques Rivette publicado en Cahiers du cinema en 1961. La frase de Godard “hasta un travelling es una cuestión de moral” alcanzó notoriedad en el interior de este debate. La tercera película de Steve McQueen, 12 años de esclavitud, invita a recuperar esta problemática. Después de Hunger y Shame la expectación era máxima. El reto se antojaba difícil: relatar la vida de Solomon Northup, quien como hombre negro y libre fuera secuestrado y enviado como esclavo a una plantación de algodón durante 12 años, hasta conseguir liberarse y contarlo todo en un libro.

La recepción de 12 años de esclavitud está siendo positiva, aunque para algunos críticos lo explícito de la violencia de buena gana reclamaría un mayor uso de la elipsis narrativa. Para otros es este realismo de la humillación lo que sobresale. Un primer plano de una espalda marcada como una fotografía hiperrealista de body art. Los temas del artista y cineasta británico siguen siendo la exploración del cuerpo y la mente.
Pero McQueen ha cambiado de estatus y de escala. La impresión es que este ascenso en el escalafón de la industria modifica totalmente las expectativas que algunos teníamos de él (el “vehículo” Michael Fassbender es ya algo demasiado potente en el mercado). Sin embargo McQueen no podría firmar una producción que flojease ni aún pretendiéndolo. En resumen: 12 años de esclavitud es una gran película aún insertada plácidamente dentro de los estereotipos de un trillado “Realismo de Hollywood”.

En lugar de cuestionar el medio que le permite enunciar, McQueen hace uso de ello para golpear. El principal problema está en que su estética está más cerca del naturalismo que del realismo. La distinción entre ambas es aquí pertinente: la primera busca recrear fielmente, prestando atención al cuidado del detalle, conmoviendo y emocionando, una narración llena de plasticidad. El realismo, sin embargo, aspiraría a que esa misma plasticidad tuviera un sentido más táctico, más estratégico, al servicio de una dialéctica de la historia.
La principal objeción hacia 12 años de esclavitud está en que adolece de esto último. En su lugar presenta una historia lineal que transmite vívidamente el sudor de los cuerpos a través la ficción. Posiblemente éste sea el film de mayor implicación subjetiva, personal y biográfica para su autor desde el punto de vista del contenido, pero en la cuestión formal, siento que es un paso atrás.

El énfasis en el cuerpo, la carne y la violencia (temas clave en el autor) no consigue hacernos olvidar otras posibilidades a la hora de abordar un asunto tan espinoso como la esclavitud, sobre todo viniendo de alguien con acceso a no pocos discursos y métodos artísticos. No se trataría bajo ningún caso de teorizar la producción, pero sí quizás introducir un canal de transmisión que fuera desde los afectos al intelecto, estimulando el pensamiento crítico. 12 años de esclavitud conmueve en la sala pero se olvida una vez pasa el tiempo. No la veo siendo utilizada como "arma política" por ningún colectivo oprimido sino ganando los Oscar y "blanqueando" conciencias.

Hay muchos planos donde el director se deja llevar por el género; desde un paisaje con barcos de época realizado por ordenador, al sudor y las lágrimas de un genial Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup) cayendo de manera oportuna y precisa. Naturalismo. Ello previene de una utilización más política (ergo más histórica) del film a través del realismo. Hay grandes ejemplos de esto en la historia (casos de realismo alcanzado a través del documental o la ficción, o la mezcla de ambas). Un magnífico ejemplo de esto es el director criticado por Rivette, el italiano Gillo Pontecorvo, quien después de Kapò (1960) realizara las inmensas La Batalla de Argel (1966) y Queimada (1969), precursoras del género del cine político y del llamado Tercer cine (Third Cinema). 

* Publicado en A-desk, Barcelona, 24-12-2013