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11/03/2016

Una modernidad singular. "arte nuevo" en San Sebastián 1925-1936

 



Esta exposición es un caso de estudio dentro de la actual vorágine revisionista de la modernidad y sus narrativas. Su eje pivota sobre una década decisiva del pasado siglo XX, los años 30, y un contexto geográfico “alrededor” de la ciudad de San Sebastián. Aquí confluyó un periodo alto para el arte y la cultura que ocupa un momento fundacional para el arte vasco y también un lugar destacado dentro de la vanguardia histórica española. Puede discernirse aquí una situación emblemática de la modernidad caracterizada por el fenómeno urbano y la congregación de una serie de artistas abanderados de “lo nuevo”. A ello contribuyó la consolidación de San Sebastián como un lugar para el turismo monárquico y una burguesía ociosa en ascenso dando lugar a una compleja e interconectada esfera pública europea. Este esplendor desde mediados de los años 20 alcanza su momento más alto en la Segunda República Española viéndose truncado con la Guerra Civil en 1936.

En esta exposición el hilo conductor es menos la cronología de unos hechos y la biografía de unos artistas que el rastreo periodizador de la estética, las ideas y el espíritu que permitió la emergencia de “lo nuevo” (el shock moderno) para sorpresa, provocación y también regocijo de un público principalmente burgués. La exposición se asienta en las premisas de las manifestaciones estéticas que pueden inscribirse en los movimientos artísticos de las vanguardias históricas, enfatizando un punto de vista multidisciplinar y que tiene en el entrelazado de las artes su principal razón: pintura, collage y fotomontaje, fotografía, arquitectura, escultura, caricatura y cartel. El Studio de arquitectura Labayen-Aizpurua, la fotografía del propio Aizpurúa, la esfera pública de Eduardo Lagarde; los pintores Jesús Olasagasti, Carlos Ribera, Cabanas Erauskin, María Vallejo; Nicolás de Lekuona y Jorge Oteiza; cartelistas como Elías Elósegui y “Txiki” Zabalo; el poeta Gabriel Celaya; Ernesto Giménez Caballero…

El interés de la irrupción del llamado “arte nuevo” en los años 20 y 30 del pasado siglo supone un precedente de vanguardia en sincronía con su equivalente europeo abanderado del capitalismo moderno y la nueva cultura de masas. La exposición sugiere la trayectoria vital de un tiempo convulso y en continuo cambio bajo la perspectiva que de la modernidad se ha realizado desde el arte contemporáneo y la teoría crítica.


Peio Aguirre
Comisario de la exposición

7/13/2016

Las sincronías de la vanguardia



Revista Bauhaus nº 4. 1928. Dirigida por Hannes Meyer.
Fotografía. Lotte Beese.
    




El carácter sincrónico o diacrónico de las vanguardias artísticas forma parte del relato de la modernidad estética. En el texto Die Neue Welt (1926), la proclama sobre el nuevo mundo (la mecanización, la sociedad de masas, el progreso…), el posterior director de la Bauhaus, el suizo Hannes Meyer, hablaba de las posibilidades de transformación a partir de la revolución en las comunicaciones, el transporte y las nuevas redes de energía. Un mundo cada vez más conectado emergía al mismo tiempo que un cambio en los modos perceptivos alteraban la imagen de los centros urbanos. Esta transformación semiótica del entorno fue capturada por el “ojo” fotográfico. Por ejemplo, fueron recurrentes para muchos artistas de distintas latitudes algunas tipologías fotográficas. Una de ellas tenía como motivo principal la grúa en perspectiva como gráfico del nuevo mundo. Meyer tomó al menos una imagen de una grúa. En este mundo cada vez más interconectado la forma de la revista tuvo un protagonismo fundamental. Las revistas viajaban y contribuían a aquello que en la Documenta de Kassel XII se denominó como “la migración de las formas”.

La revista Bauhaus fue una de estas correas de transmisión de la vanguardia funcionalista. Mientras que para Gropius la arquitectura era una disciplina principalmente masculina, para su sucesor Meyer, era más del orden de la colaboración, pues sólo a través de ésta era posible la transformación social. Meyer fomentó el uso de la fotografía entre los alumnos de la escuela fortaleciendo así la camaradería entre alumnos primero, y entre estos y los profesores. El uso social, lúdico, de la fotografía era entonces una herramienta para la colectividad. Esta imagen reproducida en el nº 4 de la revista Bauhaus de la arquitecta Lotte Beese da cuenta de este uso social y esta camaradería. “Jóvenes, ¡venid a la Bauhaus!” La revolución y la transformación del punto de vista, ahora circular, en infinidad de perspectivas o como vistas a través de un ojo de buey, es ahora una cuestión radicalmente formal. Una forma que viajaba sin complejos a través de las revista. La siguiente imagen, un collage como anuncio del recién inaugurado Studio Labayen/Aizpúrua en una revista en San Sebastián sirve a modo de testimonio de esta migración de la forma. Los rostros de los estudiantes de la Bauhaus son ahora edificios holandeses y el propio edificio de la Bauhaus fotografiado por Lucia Moholy, en una simbiosis entre fotografía documental y refotografía de revista practicada en la época por el arquitecto Aizpúrua. El carácter lúdico sigue estando ahí (y en otras fotografías que Aizpúrua comenzará a tomar a partir de ese momento). Sincronías de la vanguardia.

Fotomontaje José Manuel Aizpúrua, San Sebastián, 
revista Novedades nº 392, septiembre de 1928.