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3/27/2014

"The Life and Dead of Colonel Blimp" (1943), Michael Powell / Emeric Pressburger



Un tapiz da entrada al título de la película de Powell y Pressburger


The Life and Dead of Colonel Blimp (1943), de Michael Powell y Emeric Pressburger, es una de esas cintas encantadas que a cada visionado cobran nueva vida. La película narra la historia de amistad entre un oficial británico y otro alemán a lo largo de 40 años y tres guerras (la de los Boeres en Sudáfrica, la Primera Guerra Mundial y también la Segunda Guerra Mundial). Una mujer atraviesa esta amistad, con Deborah Kerr interpretando tres papeles distintos según se suceden las décadas. Siempre he pensado que el cine de Powell y Pressburger, bajo una moral conservadora típicamente británico, esconde una gran dosis de sátira y mensaje políticamente incorrecto. Hay algo mágico en su cine y también una extrañeza en el tratamiento de la sexualidad masculina y femenina. En Blimp, el acento se pone en el viejo orden de la guerra, con sus códigos de honor y su respetabilidad marchita, y el nuevo orden de la guerra total.

-       “La guerra comienza a medianoche, ordena el viejo. Atacaremos a las seis”.

El impacto de la película en el público británico en mitad de la guerra no se hizo esperar. Churchill quiso prohibirla a toda costa. Aunque el discurso es completamente propagandista, esta historia de amistad con el enemigo podía reblandecer algunas conciencias. Fieles a sus principios, Powell y Pressburguer construyeron decorados delirantes. Desde una derruida vivienda londinense destruida por las bombas nazis a un paisaje de guerra en Flandes a base de telas pintadas y barro impostado. Este pictoricismo fue siempre marca de la casa.

Me interesa especialmente dos cosas en esta película (por derecho propio una de las más realizaciones más ambiciosas del cine británico del siglo pasado). La primera es un pasaje en el filme. Hay una escena que trascurre en una taberna en Berlín, en 1902, que bien podría enmarcarse como una descripción magnífica de la esfera pública burguesa alemana de finales del XIX y principios del XX. No es solamente que una orquesta toque temas populares y clásicos, refrescándose a base de cerveza; o que el ambiente de discusión y algarabía alrededor de las mesas sea efervescente; o que un par de ingleses se mezclen con los alemanes e intercambies sus lenguas; es también que la mayoría de esa clase burguesa (comerciantes, periodistas y funcionarios del estado) forman parte de distintos tipos de asociaciones y clubes salientes de la sociedad civil. Esta escena ofrece una representación de una esfera pública (alemana, pero por extensión también inglesa) que Jürgen Habermas se encargó de analizar ampliamente en los años sesenta.

La segunda cosa que me fascina es el uso maestro del tiempo y la elipsis, algo que la pareja de cineastas que formaban Ther Archers (Powell dirigiendo y Pressburger escribiendo pero mezclados) siempre supieron realizar de una forma vanguardista y original. La estructura del filme es la de un bucle, y el paso de esos cuarenta años está realizado como si fuera un flash back; hay imágenes y planos al comienzo y al final de la película que son los mismos.

Ver The Life and Dead of Colonel Blimp hoy en día es también pensar en Europa. Su pasado, presente y también su futuro. 



4/22/2013

Facebookritik





Participar de las redes sociales tiene la ventaja de detectar comportamientos que de otra manera pasarían inadvertidos. Resulta cierto que la gratificación simbólica ahí es mayor cuanto más desinhibido el usuario se muestra. Una posición radical con respecto a Facebook principalmente contiene dos maneras de estar: estado ON, o estado OFF. Recientemente me ha llamado la atención la exhibición por parte de un artista de la reseña crítica escrita por un crítico en una revista internacional. No es que el artista posteara el link al artículo para divulgarlo, cosa habitual, sino que lo que éste daba a ver era la fotografía de la reseña, la prueba fidedigna de su aparición mediática. Conviene detenernos un instante para calcular los efectos que se derivan para la crítica de arte de esta actitud auto-promocional. La secuencia nos es familiar, pero conviene repetirla como recordatorio del funcionamiento editorial: el crítico ha seleccionado, luego ha propuesto, su propuesta es aceptada, el crítico ha escrito y lo escrito se ha impreso. Una vez publicada, la reseña llega al artista en cuestión, quien la vuelve a publicar en su “muro” no en tanto texto sino como imagen. ¿Reificación? ¿Hubiera publicado la “imagen” si en lugar de simpatizar con el crítico lo escrito hubiera trasladado un juicio negativo? ¿Sí o no?

Hace no tanto que Boris Groys comentara que lo que cuenta en la crítica no es tanto una crítica positiva o negativa de la obra en cuestión, sino el hecho de si se ha escrito o no. No ya un “sí / no” o “más / menos” en el juicio sino, de acuerdo con él, hemos llegado a un punto donde la primera y última forma de juicio está en el código digital del “uno /cero”. Mencionado o no mencionado. El juicio principal se establece en la decisión de escribir sobre un exposición o un autor, o no. Lo que cuenta son los “unos”, pues cualquier tipo de crítica negativa queda de facto neutralizada por el hecho de que es un “uno”, de que se ha escrito y publicado en la esfera de la circulación en la que ha devenido la crítica. Es más, con el decline del juicio en la crítica, todo lo publicado es un gran UNO. Esta esfera de la circulación, de la oferta y la demanda que es la crítica, es una forma de mercado de la que todos participamos. No hay nada que más lamente un artista o un galerista que no se escriba sobre su exposición, mientras que la “oficina pública” en la que se ha convertido el crítico (según Groys) tiene su mejor representación en las oficinas de prensa de galerías privadas y museos públicos, para quienes el hecho de que se publique ya amortiza muchas veces la inversión.

En la ahora famosa exposición de Seth Siegelaub, “January 5-31, 1969”, Joseph Kosuth “dobló” su participación con una auto-entrevista el crítico Arthur R. Rose, pseudónimo del propio Kosuth. Éste comprendió muy rápidamente que con la obra de arte reducida a información, la publicidad deviene en el instrumento que suplanta a la apreciación y al entendimiento del arte que previamente le era conferida a través de la crítica. La obra de arte ya no necesita inscribirse en un objeto único sino que cualquier medio puede ser una “caja para las ideas de tu elección” garantizando una avanzada rápida y amplia distribución. Kosuth contribuyó a definir el término “arte conceptual” a la vez que era un pionero en la publicidad, o uno de los iniciadores de un modelo de artista sustentado en un carrierismo sin precedentes. A través de Seth Siegelaub (protocomisario, entrepreneur y publicista), el arte conceptual consigue que la crítica y la publicidad se unifiquen al prestar tanta atención a la prensa, la difusión y a la publicidad que al contenido mismo de las exposiciones. Era cuestión de tiempo que en el futuro la crítica y la publicidad devinieran indistinguibles o portadores del mismo valor. Esto ya se daba en la obra de Kosuth, Second Investigation, I. Existence (Art as Idea as Idea), 1968, presentada en dicha exposición. Aquí el artista compró espacio en distintos periódicos y revistas de arte en donde publicó definiciones del diccionario de la palabra “existencia” a modo de contratos de publicidad. Colgó en la exposición esas mismas páginas con su obra dentro y encima de cada recorte la mancheta del medio impreso. El mensaje lanzado por Kosuth era contundente, pues por primera vez equiparaba los lugares de representación para el arte (la sección de publicidad y las páginas de reseñas críticas) como espacios en venta. Desde entonces, crítica, publicidad e institución mantienen un idilio que no ha hecho sino reproducirse. No resulta sorprendente que en lo sucesivo la crítica comenzara a parecerse cada vez más a las notas de prensa. La diferencia entre el artista conceptual de la incipiente sociedad de la información y el artista contemporáneo está en que el último ha naturalizado la publicidad sin conocer la “innovación” crítica del primero. La aparición de crítica de arte en Facebook debe servirnos para cuestionar la función y el uso de la publicidad.

* Publicado originalmente en A-desk, Barcelona, 22-03-2013