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3/13/2011

Retrógrada forma espejada

Josef Albers, stencil typeface (1926)





¿Pueden verse estas revisiones no como nostalgia de lo moderno sino como una manera de incorporar un cierto espíritu estético radical de la modernidad en tanto lifestyle? De la misma manera que los arquitectos super-modernos de la actualidad aplican el ideario radical a nuevos museos, edificios institucionales y gubernamentales, lo que en el fondo les separa de sus predecesores auténticamente modernos es precisamente el compromiso con lo cotidiano, con las condiciones de vida más inmediatas, que casi nunca pasan por la construcción megalómana de esos mismos grandes complejos institucionales, sino más bien en la intersección entre ecología, diseño, economía y creatividad. Así, la nueva arquitectura radical o gran parte del arte retro-moderno actual se alejaría de la esencia, exactamente en esa retirada de responsabilidad por las condiciones de vida más básicas, y todo esto a pesar de los intentos redivivos en resucitar un look moderno. Este formalismo es decididamente críptico, estableciendo una tensión entre la auto-referencialidad de primera mano de un formalismo (moderno) y la referencialidad de segunda mano de otro formalismo (posmoderno).

Si uno de los rasgos más característicos de la modernidad se situaba en la unificación de tiempo, lenguaje y labor, y estéticamente en la emergencia de abstracciones de toda clase, todavía ahí, en esa modernidad, en ese modernismo, el referente sobrevivía, aunque problematizado, mientras que en el posmodernismo cualquier sensación mínima de cohesión es difícil de localizar. A esto hay que añadir una dificultad extrema cuando se trata de fabricar una nueva forma que no se apoye de antemano en algo otro; un esfuerzo agotador necesario para crear una forma nueva sin la pre-existencia de un cuerpo localizable, a lo que hay que sumar la sustitución de la noción idealista, positivista, de la creación por esa otra, más materialista, de la producción. Toda la estética moderna gravita alrededor de esa invención (nueva) de lenguaje (desde el Tristam Shandy de Laurence Sterne al Ulises de Joyce). Si el desarrollo de un estilo personal único e intransferible es una de las esencias del modernismo en las artes, entonces ¿cómo entender la infinita exploración de la estética de vanguardia por parte del arte actual? En la modernidad, el sacrificio puesto en una forma singular, única, intransferible, ejemplificado en la filosofía y en la escritura de un Theodor W. Adorno, cuya clave residía allí donde el lenguaje es inventado casi por completo (en su gran complejidad), posibilitaba la transmisión del contenido sellado a la misma estructura formal (en el retorcimiento de la palabra en el filósofo).