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12/10/2015

Max Bill: influencia y deleite

Max Bill, horizontal-vertikal-diagonal-rhythmus
Oleo sobre lienzo, 1942

La actual exposición de Max Bill en la Fundación Juan March de Madrid pone de relieve la dimensión ética y lúdica del modernismo estético y su prevalencia a lo largo del tiempo. Las aplicaciones a la vida de esta estética se demuestran de sobra válidas para nuestro periodo posmoderno. Uno quisiera vivir en una de esas viviendas rodeado de muebles como los que ahí se pueden ver y con cuadros abstracto-concretos colgados de la pared.

Hace no mucho hablaba aquí del diseño del último álbum de New Order y de Peter Saville: Music Complete New Order. Es difícil no ver en ese trabajo gráfico la sombra de Max Bill, del mismo modo que es difícil no ver la misma sombra en la obra de artistas como Sarah Morris y, también, de una manera más integral en Liam Gillick. Pasando al ámbito de la arquitectura y el diseño de muebles nos moveríamos en lugares conocidos: funcionalismo y practicidad. La modernidad hizo de lo necesario un territorio para lo cotidiano y el deleite.

Si la exposición en Madrid es una oportunidad irrepetible para contemplar la obra de Max Bill, hacerlo mirando de reojo la propia arquitectura del edificio y sus múltiples detalles técnicos y materiales amplifica sus efectos; sus gamas de beiges/marrones aterciopelados y superficies cromadas. Max Bill está como en casa. Y si bajara a tomar un café a la cafetería encontraría el sabor añejo de las grandes arquitecturas destinadas a la cultura propias de otro tiempo, y que ya no encuentran acomodo en la nueva industria cultural donde se impone el palé y el contenedor marítimo como sello distintivo.


Pero el combo perfecto entre exposición y arquitectura no acaba ahí, pues la Fundación March nos presenta un programa de mano como material coleccionable. Un programa de mano A5 donde aparece toda la exposición de Bill y que obliga al espectador a su uso pues las obras van desprovistas de su sus cartelas. (Diseño a cargo de Guillermo Nagore). Hay que guiarse por las cartelas en el programa de mano: un fino trabajo de 4 hojas de A4 plegadas donde sobresalen 3 hojas de distintos amarillo y, en el centro, la imagen de Bill como marca de la exposición sobre fondo blanco. Sencillamente coleccionable y también memorable.