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| Max Bill, horizontal-vertikal-diagonal-rhythmus Oleo sobre lienzo, 1942 |
La actual exposición de Max Bill en la
Fundación Juan March de Madrid pone de relieve la dimensión ética y lúdica del
modernismo estético y su prevalencia a lo largo del tiempo. Las aplicaciones a
la vida de esta estética se demuestran de sobra válidas para nuestro periodo
posmoderno. Uno quisiera vivir en una de esas viviendas rodeado de muebles como
los que ahí se pueden ver y con cuadros abstracto-concretos colgados de la
pared.
Hace no mucho hablaba aquí del diseño del
último álbum de New Order y de Peter Saville: Music Complete New Order. Es difícil no ver en ese trabajo gráfico
la sombra de Max Bill, del mismo modo que es difícil no ver la misma sombra en
la obra de artistas como Sarah Morris y, también, de una manera más integral en
Liam Gillick. Pasando al ámbito de la arquitectura y el diseño de muebles nos
moveríamos en lugares conocidos: funcionalismo y practicidad. La modernidad hizo de lo necesario un
territorio para lo cotidiano y el deleite.
Si la exposición en Madrid es una
oportunidad irrepetible para contemplar la obra de Max Bill, hacerlo mirando de
reojo la propia arquitectura del edificio y sus múltiples detalles técnicos y
materiales amplifica sus efectos; sus gamas de beiges/marrones aterciopelados y
superficies cromadas. Max Bill está como en casa. Y si bajara a tomar un café a
la cafetería encontraría el sabor añejo de las grandes arquitecturas destinadas
a la cultura propias de otro tiempo, y que ya no encuentran acomodo en la nueva
industria cultural donde se impone el palé y el contenedor marítimo como sello
distintivo.
Pero el combo perfecto entre exposición y
arquitectura no acaba ahí, pues la Fundación March nos presenta un programa de
mano como material coleccionable. Un programa de mano A5 donde aparece toda la
exposición de Bill y que obliga al espectador a su uso pues las obras van
desprovistas de su sus cartelas. (Diseño a cargo de Guillermo Nagore). Hay que
guiarse por las cartelas en el programa de mano: un fino trabajo de 4 hojas de
A4 plegadas donde sobresalen 3 hojas de distintos amarillo y, en el centro, la
imagen de Bill como marca de la exposición sobre fondo blanco. Sencillamente
coleccionable y también memorable.


