Participar de las redes sociales tiene la
ventaja de detectar comportamientos que de otra manera pasarían inadvertidos.
Resulta cierto que la gratificación simbólica ahí es mayor cuanto más
desinhibido el usuario se muestra. Una posición radical con respecto a Facebook
principalmente contiene dos maneras de estar: estado ON, o estado OFF.
Recientemente me ha llamado la atención la exhibición por parte de un artista
de la reseña crítica escrita por un crítico en una revista internacional. No es
que el artista posteara el link al artículo para divulgarlo, cosa habitual,
sino que lo que éste daba a ver era la fotografía de la reseña, la prueba
fidedigna de su aparición mediática. Conviene detenernos un instante para
calcular los efectos que se derivan para la crítica de arte de esta actitud
auto-promocional. La secuencia nos es familiar, pero conviene repetirla como
recordatorio del funcionamiento editorial: el crítico ha seleccionado, luego ha
propuesto, su propuesta es aceptada, el crítico ha escrito y lo escrito se ha
impreso. Una vez publicada, la reseña llega al artista en cuestión, quien la
vuelve a publicar en su “muro” no en tanto texto sino como imagen.
¿Reificación? ¿Hubiera publicado la “imagen” si en lugar de simpatizar con el
crítico lo escrito hubiera trasladado un juicio negativo? ¿Sí o no?
Hace no tanto que Boris Groys comentara
que lo que cuenta en la crítica no es tanto una crítica positiva o negativa de
la obra en cuestión, sino el hecho de si se ha escrito o no. No ya un “sí / no”
o “más / menos” en el juicio sino, de acuerdo con él, hemos llegado a un punto donde
la primera y última forma de juicio está en el código digital del “uno /cero”.
Mencionado o no mencionado. El juicio principal se establece en la decisión de
escribir sobre un exposición o un autor, o no. Lo que cuenta son los “unos”,
pues cualquier tipo de crítica negativa queda de facto neutralizada por el
hecho de que es un “uno”, de que se ha escrito y publicado en la esfera de la
circulación en la que ha devenido la crítica. Es más, con el decline del juicio
en la crítica, todo lo publicado es un gran UNO. Esta esfera de la circulación,
de la oferta y la demanda que es la crítica, es una forma de mercado de la que
todos participamos. No hay nada que más lamente un artista o un galerista que
no se escriba sobre su exposición, mientras que la “oficina pública” en la que
se ha convertido el crítico (según Groys) tiene su mejor representación en las
oficinas de prensa de galerías privadas y museos públicos, para quienes el
hecho de que se publique ya amortiza muchas veces la inversión.
En la ahora famosa exposición de Seth
Siegelaub, “January 5-31, 1969”, Joseph Kosuth “dobló” su participación con una
auto-entrevista el crítico Arthur R. Rose, pseudónimo del propio Kosuth. Éste
comprendió muy rápidamente que con la obra de arte reducida a información, la
publicidad deviene en el instrumento que suplanta a la apreciación y al
entendimiento del arte que previamente le era conferida a través de la crítica.
La obra de arte ya no necesita inscribirse en un objeto único sino que cualquier
medio puede ser una “caja para las ideas de tu elección” garantizando una
avanzada rápida y amplia distribución. Kosuth contribuyó a definir el término “arte
conceptual” a la vez que era un pionero en la publicidad, o uno de los
iniciadores de un modelo de artista sustentado en un carrierismo sin precedentes. A través de Seth Siegelaub
(protocomisario, entrepreneur y
publicista), el arte conceptual consigue que la crítica y la publicidad se unifiquen
al prestar tanta atención a la prensa, la difusión y a la publicidad que al
contenido mismo de las exposiciones. Era cuestión de tiempo que en el futuro la
crítica y la publicidad devinieran indistinguibles o portadores del mismo
valor. Esto ya se daba en la obra de Kosuth, Second Investigation, I.
Existence (Art as Idea as Idea), 1968, presentada en dicha exposición. Aquí
el artista compró espacio en distintos periódicos y revistas de arte en donde
publicó definiciones del diccionario de la palabra “existencia” a modo de
contratos de publicidad. Colgó en la exposición esas mismas páginas con su obra
dentro y encima de cada recorte la mancheta del medio impreso. El mensaje
lanzado por Kosuth era contundente, pues por primera vez equiparaba los lugares
de representación para el arte (la sección de publicidad y las páginas de
reseñas críticas) como espacios en venta. Desde entonces, crítica, publicidad e
institución mantienen un idilio que no ha hecho sino reproducirse. No resulta
sorprendente que en lo sucesivo la crítica comenzara a parecerse cada vez más a
las notas de prensa. La diferencia entre el artista conceptual de la incipiente
sociedad de la información y el artista contemporáneo está en que el último ha
naturalizado la publicidad sin conocer la “innovación” crítica del primero. La
aparición de crítica de arte en Facebook debe servirnos para cuestionar la
función y el uso de la publicidad.
* Publicado originalmente en A-desk, Barcelona, 22-03-2013
