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9/24/2015

A propósito de “Francofonia” de Alexander Sokurov


Uno de los aspectos inesperados en Francofonia (2015), la última película de Alexander Sokurov, se da en la reflexión que realiza sobre el océano como una “autopista” bravía y salvaje por donde transportar mercancías, y también cultura. Este tema ocupa un pequeño lugar, periférico si se quiere, dentro de una compleja trama que mezcla estética e historia en grandes cantidades. Narrado en ruso a partir de la voz en off del cineasta como hilo conductor, el filme nos sumerge en la historia del museo del Louvre durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial; la historia de la relación entre el conservador del museo francés, Jacques Jaujard, y el encargado del patrimonio durante la invasión nazi, el  historiador de arte (de Renania) Franz Wolff-Metternich. El filme introduce distintos niveles de lectura y una forma narrativa superpuesta, ensayística. La mirada a los cuadros del museo francés y la reproducción cinematográfica de la historia del arte está (los grandes representaciones de Géricault, o La Gioconda de Leonardo) atravesada por el mundo contemporáneo actual y sus herramientas de comunicación globales. La paleta sonora es tan amplia y rica como la visual y textual. La música actúa de contrapunto a la imagen y le otorga una dimensión artística ineludible.

Al comienzo, el propio Sokurov merodea por su casa-estudio, tratando de mantener una comunicación vía internet con el capitán de un barco en medio de una tormenta. La comunicación va y viene; la voz se entrecorta; la imagen se detiene pixelada en la pantalla del ordenador. Mundo google hangouts. Sokurov habla en ruso y la persona en el barco (un tal Dirk), en inglés. No está muy claro si uno se dirige al otro pero el espectador puede hilar la idea de que un contenedor marítimo con obras del Louvre haya caído al mar en medio de la tormenta. Imágenes-documento muestran fragmentos igualmente pixelados de grandes buques en medio de oleajes gigantes. Contenedores de colores en el agua. La meditación de la globalización actual en la que el mar es el canal invisible de una industria que igualmente escapa a la representación se cruza, más adelante, con el imperialismo y la colonización, cuando Napoléon Bonaparte aparece en escena para recordarnos que todo eso (tout ça!), en el Louvre, es debido a él, a su voluntad expansionista y en honor de una Francia capital de Europa y centro del mundo. ¿Cuántas cajas de antigüedades asirias permanecen en los fondos marinos?

Francofonia es un sincero homenaje del cineasta a la cultura francesa y una elegía para Europa (el subtítulo es An Elegy for Europe), pero a su vez está colmada de una profunda melancolía rusa, una nostalgia por el destino de una nación. Francia, París, cuna de la cultura europea, de Europa, fue respetada por los nazis mientras no se daban las mismas advertencias para proteger el patrimonio artístico cuando los alemanes hacían añicos Leningrado y, con la ciudad, su museo más renombrado, el Hermitage. ¿Por qué una civilización podría prescindir del Hermitage y no del Louvre? El relato de la atrocidad de la guerra en la Unión Soviética es devastador, lleno de dolor. La historia del Louvre permanece como un horizonte que Sokurov sitúa como central en el espíritu de la identidad europea y, por lo tanto, de los valores de la Ilustración y la modernidad, como se encarga de recordarnos la encarnación de Marianne varias veces a lo largo del filme: egalité fraternité liberté. Pero la tensión dialéctica imprimida al relato no deja de interrogarnos de un modo crítico sobre las bases de tales principios que comienzan y acaba en el mismo punto de barbarie: la guerra.

Hay en este filme no pocas reflexiones sobre el estatuto de la obra de arte en la posmodernidad y sobre la dificultad para imaginar cualquier modo de arte nacional en una situación globalizada y post-nacional. El contenedor marítimo es ya un icono de la globalización económica y de lo fácil que resulta exceder los límites de la civilización y la ley que tan firmes parecen en tierra.[1] ¿Qué sucede cuando la logística domina al arte y la cultura? En este filme (más que película es un filme), la globalización económica y la cultural entablan un estrecho diálogo con un trasfondo geopolítico que va de Rusia a Francia pasando por todos los lugares de llamado Tercer mundo saqueados en nombre de una dominación que es también económica y cultural. El pasado y el presente se funden. Francofonia es una elegía acerca del pasado y el destino de Europa que no renuncia en ningún momento a imaginar la posibilidad de un enclave para el arte dentro de una esfera pública posmoderna que es global e internacional a la vez.





[1] Ver mi entrada sobre el libro Cartographies of the Absolute, de Alberto Toscano y Jeff Kinkle, Zero Books, Londres, 2015. Y también el libro de Rose George, Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato, Capitán Swing, 2014.