Durante bastante tiempo en mi trabajo me
he estado preguntando por la cuestión de la forma. La forma, el formalismo y
cualquiera de sus derivados (ideología de la forma, contenido de la forma,
etc.) han quedado destilados en numerosos escritos y también en este blog. A
veces con pequeñas pinceladas aquí o allí. Aún sigue siendo éste uno de los
ejes teóricos de mi trabajo (junto con historia e historicidad, modernidad y
modernismo, posmodernismo, capitalismo tardío, estilo, crítica, futuro, utopía
y distopía, dialéctica, etc.). Pero ahora también he de dirigirme a un lugar
que interrogue el lugar del contenido. Un taller es quizás el espacio para
prestar la atención a dónde está y cómo se produce el contenido.
En otro post decía que Susan Sontag se
hubiera declarado en huelga de contenido de presenciar la hipersaturación
mediática e informativa del mundo. Pero no. No es posible escapar al contenido
porque en cualquier brizna de realidad éste existe. Incluso hay contenido en la
vaguedad retórica de preguntarnos dónde ésta el contenido de las cosas, mejor
dicho, de las producción culturales posmodernas. Pero aunque el contenido
exista, como la naturaleza, el artista ha de darle forma. Para ello hace falta
la pulsión, el empuje, la deriva, o lo que en inglés se dice como Drive. Nos movemos hacía, y el movimiento es de futuridad, apertura y significación.
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| Fotograma de Les Parapluis de Cherbourg, Jacques Demy, 1964 |

