Mostrando entradas con la etiqueta escultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escultura. Mostrar todas las entradas

9/13/2021

Sobre la obra de Mar de Dios. "Balizko", exposición con Paname Lore Estudioa. Donostia

 



Balizko errotak, irinik ez [Molinos que pueden, no dan harina]

Proverbio antiguo



Por una poética de los objetos (in)satisfechos. Así podría comenzar esta breve nota sobre Mar de Dios quien, como toda artista que se precie, hace de la perfección su principal pesquisa. Pero, ¿por qué (in)satisfechos si en todos estos objetos hay una delicadeza que salta a la vista? ¿Acaso podemos adjudicares a las cosas facultades indulgentes? Tal vez, porque estas piezas se saben finitas, terminadas, sin que la artista pueda añadirles ni quitarles nada ya; porque acarrean una apacibilidad y una calma desde su interior; o quizá porque parecen ufanas y sirven de contrapeso a la propia insatisfacción de la artista. Son lo que son, al mismo tiempo esculturas y diseños, y por esta nada sencilla razón incorporan una ambigüedad ontológica que las habita. Objetos que ofrecen una de las “funciones” muchas veces desatendidas en el diseño, a saber, la simbólica, y que dejan en nuestras manos (espectadores, usuarios, propietarios) la responsabilidad de indagar en sus formas proporcionándoles un hipotético uso. 


Mar de Dios ha hecho del barro su particular bastión artístico; la cerámica tiene sus propias reglas internas, exige disciplina y método, pues fácilmente se puede arruinar una hornada por un leve descuido durante el proceso de producción. Se trata de una práctica “aplicada” que encuentra aquí un elogio sin esencialismos. La mente proyectada de la artista se concentra en la forma final pero sin ningún proceso teledirigido por mando a distancia. Hay método, moldes y patrones, sí, pero entre las intenciones y los resultados se abre una vía al deseo, al error, al azar. Es la relación siempre dinámica de la repetición y la diferencia. Con todo, estas piezas se saben (in)satisfechas, albergando el potencial de algo otro cuya activación recae en nosotros. 


Incorporan una cualidad que es el estilo, entendido éste no como una “marca” o impronta de artista, sino como una condición inherente al diseño. Esto es, los objetos hechos a partir de un molde responden a una generalidad, o estabilidad, en la que su sentido es el estilo y no la unicidad de la obra de arte. Por eso decimos que los objetos de diseño son “estilizados”, porque responden a un patrón que puede repetirse y que proporciona un principio de tranquilidad. Por eso, el diseño, cuando está presente en el hogar, proporciona la calma de la generalidad, al contrario de la obra de arte, la cual siempre tiene un puntito de incomodidad o nos desafía. Es lo que les pedimos a los objetos que habitan nuestros hogares, porque el espíritu demanda de cierta regularidad típica que se encuentra en algunos objetos de diseño. 


En esta exposición de Mar de Dios se divisa un horizonte diáfano al mismo tiempo poético y emocional. Estas obras en barro miran elegantemente al diseño italiano, al Grupo Memphis, a la arquitectura posmoderna, a la atemporalidad del diseño de la Escuela de Ulm… 


En vez de “programa”, libertad creativa. En lugar de grandes gestos, negociaciones rituales del ego. Objetos (in)satisfechos. 


3/14/2021

Sobre algunas esculturas recientes de June Crespo

 

June Crespo, Core, La Plaça (2019) comisariado por David Bestué en la plaza Can Colom de Hospitalet. 
Fotografía: Juande Jarillo



Entre la última producción de June Crespo destacan unas esculturas de hormigón armado que por su tamaño y peso suponen una novedad en la obra de la artista. Presentes en Helmets, su exposición actual en el Museo Artium de Vitoria-Gasteiz, estas esculturas articulan la gramática expositiva  a modo de puntos de anclaje espaciales y visuales. Cada una de ellas lleva el título genérico de Core y se caracterizan por un mayor esquematismo y síntesis formal. Circula por ellas la dialéctica de lo cóncavo/convexo, negativo/positivo, presencia/ausencia, duro/blando, pesado/ligero. Algunas de estas piezas fueron producidas en 2019 para el espacio público de la Plaça de Can Colom, en Hospitalet de Llobregat, a partir del comisariado de David Bestué. Esculturas de exterior, pueden estar a la intemperie y también participar en una exposición de museo. 


Hay aquí una lógica objetual muy del minimal; elementos modulares que pueden colocarse de distintas maneras y que ahora adoptan una posición más horizontal que vertical. Literalmente, yacen en el suelo, al raso. De la verticalidad de la estatua se pasa ahora a una horizontalidad que evoca el descanso, el juego y los patios de recreo. La reducción longitudinal de un cuerpo tumbado a una forma-tubo. El espacio negativo horizontal generado a partir de pilares redondos, tuberías o bidones metálicos puede contener un cuerpo. En el espacio público su significado tiende más a lo funcional que a lo contemplativo. Invitan tímidamente a sentarse o a jugar en sus huecos y hendiduras en canal. Esculturas que sin perder un ápice su autonomía como evocan la arquitectura y el juego infantil. Remiten a un paisaje claramente postindustrial, urbano, constructivo. 




    Core, exposición Helmets, Artium, Museo Vasco de Arte Contemporáneo, Vitoria-Gasteiz. 

Cortesía Galería Carreras Múgica.  

                Fotografía: Ander Sagastiberri                  




Su materialidad explora los accidentes; por ejemplo restos de pintura (azul y roja) de los bidones o barriles empleados en el molde, o los bordes craquelados que, como heridas del encofrado, señalan que el proceso, el azar y la intuición desempeñan un rol importante. La artista siempre ha prestado una extrema atención a las superficies y texturas; el lado soft y el hard. Sin embargo, en lugar de pulirlas o sacarles brillo, gusta dejarlas en bruto. Este núcleo, centro de gravedad o potencia del título inglés Core es también una variante del hard-core. De ahí la relación con las superficies expresivas que la corriente brutalista popularizó en la arquitectura de la segunda mitad del siglo xx. Etimológicamente hablando, el brutalismo no tiene tanto que ver con lo brutal, sino que más bien deriva del francés béton brut. Le Corbusier fue el primero en usar el hormigón armado para diseñar unidades modulares para la construcción de grandes bloques de viviendas. Poco después la expresión new brutalism fue acuñada en el reino Unido por los miembros del Independent Group, Alison y Peter Smithson. 


No es la primera vez que June emplea el cemento o el hormigón, junto con la escayola, la cerámica, la silicona, la resina, la fundición en bronce y otros materiales adaptados al molde. Algunas piezas están hechas con varillas de hierro corrugado (por ejemplo Expansión horizontal, 2007). En vez de espacios en ruina, su trabajo sugiere más una ambivalencia entre algo que está en construcción permanente o que, por el contrario, está demoliéndose. El cemento y la varilla corrugada reenvían a la construcción, pero también a la anatomía ósea del cuerpo humano y que en la tradición escultórica recuerda la esquematización anatómica en las esculturas en parques y jardines de Henry Moore y Barbara Hepworth. 




Una vista de Core de June Crespo en el espacio público de la plaza Can Colom de Hospitalet. 

Fotografía: Juande Jarillo




Por otra parte, estas esculturas incorporan otra relación pertinente aquí. Brutalismo como sinónimo de punk. Ambas comparten una tendencia a la organicidad. Son expresión y desahogo de una condición existencial postindustrial. Este nexo entre el brutalismo en arquitectura y el punk ya fue explorado por no pocas bandas musicales de los años ochenta en lo que, de un modo tanto estilístico como periodizador, fue el post-punk. La dureza de las superficies rugosas y la poesía bruta del concrete fue siempre del gusto de quienes se sentían a gusto en los márgenes de la ciudad postindustrial. Desde el comienzo June Crespo ha mostrado una querencia por el collage punk junto con la yuxtaposición surrealista. El encuentro fortuito y poético de materiales, texturas y objetos estaba ya presente en aquellas Escanografías que recordaban a los rayogramas y fotogramas de Man Ray y Moholy-Nagy. Toda la obra  tri- y bidimensional de la artista bebe de la precariedad material y la economía de medios, algo propio del punk. No menos presentes son los rasgos de estilo: cortes de pelo asimétricos y rasurados; acoplamientos y sexualidad; los fotomontajes “punk” de Hannah Koch; ensamblajes de rompe y rasga o “sostenidos” casi por alfileres; corte y pega radicales, y demás. 


        

Si el post-punk se apropió del ascetismo de la Bauhaus, June Crespo hace de esta austeridad y despojamiento una forma de sinceridad. Un nuevo brutalismo que es aquí sinónimo de una “nueva sinceridad”. Porque estas esculturas no mienten. Se presentan serenas, apacibles, evocando el recreo de muchos parques brutalistas hoy en día abandonados o desacreditados. Con Core, la artista da inicio a una escultura que recuerda a las subculturas juveniles merodeando a través de arquitecturas que un día prometieron una utopía que no fue, pero que excitan nuestra imaginación como ninguna otra cosa. 



                    June Crespo, Core, en la exposición 9kg de oxigénio, comisariada por Uma cerca Falta de Coêrençia, en la cámara municipal de Porto 2019.

Fotografía: Pedro Magalhães











10/30/2017

RESEÑA: No Fish, Snake Scale, Karlos Gil en García Galería, Madrid

Karlos Gil, Untitled (french curves) I y II, García Galería, Madrid


La coincidencia en el tiempo del estreno de Blader Runner 2049 con la reciente exposición del artista Karlos Gil en García Galería contiene más de una fructífera analogía. El título de la exposición, No Fish, Snake Scale, es una frase sacada del Blade Runner dirigido por Ridley Scott en 1982. La frase, de significado misterioso, recuerda una de las claves de la ciencia-ficción literaria consistente en la reinvención del lenguaje mutado en su uso ordinario o en el sentido común. Esta lógica lingüística parece encontrar aquí un nuevo escenario para la decodificación de los signos. La colisión entre dos Blade Runner, viejo y nuevo, parecería igualmente el escenario donde las piezas encuentran un fondo residual que las envuelve.

Una obra concreta, French Curve, recupera dos logotipos del león de la marca de coches francesa Peugeot. El león, en su versión años 30 y 50, difiere estilísticamente, aunque ambos conservan la misma función que es ser el emblema que corta el aire en su aceleración e impulso hacia el futuro. Montados en simples accesorios de plexiglás y sin intervenir, el león de Peugeot es la insignia de una escudería y un recuerdo colectivo incorporado al subconsciente. Pocos días después de observar la intención semántica del artista con esta pieza, la marca Peugeot salía de nuevo a mi paso, y no era sino en un plano concreto de Blade Runner 2049. Sí, el coche volador negro de puertas deslizantes hacia arriba conducido por K (Ryan Gosling) es un prototipo Peugeot. para sorpresa de muchos internautas que han reparado en ello. Es una elección extraña, dado que se trata de una película estadounidense ambientada nuevamente en Los Ángeles en 2049, y los Peugeots no se han vendido en este país desde 1991, así como tampoco otras marcas francesas como Renault y Citroën. ¿Acaso Peugeot trataría de introducir un mensaje en el subconsciente sobre su futura introducción en el mercado norteamericano?

Las piezas de Karlos Gil contribuyen a ese viaje en el tiempo a través de los signos, o en medio del influjo narcótico de su imperio. El pasado es un repositorio de significados añadidos que recuerda un porvenir maquinizado, perfeccionado, mediante un anagrama barroco pulido y la carrocería metalizada donde se lo incrusta. No es la primera vez que Peugeot aparece en una obra de arte. En Out of Projection (2009), el artista croata David Maljkovic usaba como escenario la central de Peugeot en Sochaux para mostrar prototipos de coches futuristas sin uso real, o que quedaron descartados en su día debido a una futuridad obsolescente en su diseño. (Out of Projection adoptaba la forma de una instalación audiovisual para la exposición individual de Maljkovic en el Museo Centro Nacional Reina Sofía de Madrid). El arte de Gil comparte no pocos intereses con este y otros artistas inmersos en una arqueología de la modernidad donde se desvelan futuros solapados y jeroglíficos que parecen fantasmas.

Hace poco tiempo oía decir a Franco “Bifo” Berardi que la modernidad es el resultado de una inflación de signos. Caos y modernidad están estrechamente relacionados: el orden semiótico de la modernidad no consigue reducir la realidad, no la somete a una Gestalt o a una forma predeterminada. El caos es una cuestión de temporalidad, un producto de la aceleración. En toda aceleración, las líneas lumínicas de neón son como puntos de fuga en una línea del horizonte. Fue en la modernidad donde nació el cartel mediático moderno, y de ahí el anuncio publicitario y reclamatorio de la fusión entre nueva tipografía y anuncio luminoso. Las dos piezas de Gil con neón, Redundancy (de-extinction), parten de neones reciclados de antiguos letreros de Hong Kong donde la nueva tecnología LED les ha sustituido. El neón es a la luz lo que el corte láser es a la materia. Como ocurre con el celuloide y lo analógico en le era digital, el imaginario de Blade Runner no hace sino aumentar la obsolescencia de tecnologías como el neón y el holograma.

El universo sígnico y cultural de Karlos Gil es sofisticado y nunca evidente. No es espectacular, sino codificado y reconcentrado en una ontología de la escultura-objeto-signo. Adquiere consistencia en una galería joven cuya línea artística favorece a artistas cuyo trabajo se centra en la interrogación del objeto de arte y su semiótica. Dicho de otra manera, ¿cómo pueden convivir armaduras medievales, órganos corporales y un esquematismo minimalista futurista y lingüístico?

Karlos Gil, Redundancy (de-extinction) II, 2017

7/23/2010

Escultura en la lógica del diseño





Resumen de la presentación en Bayona, 5-6-2010. Homenaje a Néstor Basterretxea

Esta presentación breve apunta hacia la dimensión de Néstor Basterretxea (Bermeo, 1924) como diseñador. Pero en lugar de introducir su trabajo dentro del diseño industrial trata de hallar conexiones con una “lógica del diseño” dentro de su escultura, así como establecer correlaciones con la arquitectura. Paradójicamente, siguiendo el hilo de las vanguardias modernas que une la producción de arte, diseño y arquitectura en una única identidad indisoluble, estas técnicas, lenguajes y métodos prototípicamente modernos refuerzan el mito, cuando en realidad ¿no eran herramientas para su desacralización?
No deseo hablar tanto del Basterretxea diseñador sino apuntar a elementos de diseño dentro de su escultura. La modernidad como proyecto ilustrado supuso una desacralización de los mitos, hasta el momento en el que la propia modernidad deviene un mito moderno.
Diseño y arquitectura son herramientas básicamente modernas. Se puede establecer una mirada a Basterretxea desde el punto de vista de esta iluminación. La luz (del diseño y la arquitectura y todo su diseño industrial de la década de 1960) que precede a la oscuridad que envuelve la posterior Serie Cosmogónica Vasca (década de 1970)

Veamos cómo funciona el diseño en su escultura. Este es un fotomontaje realizado por Basterretxea del proyecto de colaboración conjunta con Oteiza para la sede de Sabin Etxea en Bilbao (sede del PNV). Encargo pedido a finales de los 70 y obviamente no construido. Se trata de una colaboración en toda regla donde la forma del edificio está sacada de una “caja metafísica” de Oteiza. Basterretxea realiza un modelo en madera de la arquitectura y una serie de fotomontajes siguiendo la línea de su quehacer arquitectónico (desde donde la cualidad de utopía puede ser debatida). Tenemos aquí una escultura convertida en una arquitectura. 

La siguiente imagen muestra una “volumetría”, una arquitectura como un volumen de un proyecto para una biblioteca (igualmente no construido). Nótese que existe una continua re-escritura y re-contextualización de su propia obra que el propio Néstor realiza una y otra vez, reciclando imágenes, collages y dibujos e introduciéndolos en otros contextos y obras.


Lo interesante de estas “volumetrías” está en su dimensión escultórica: por ejemplo, el artista puede coger una maqueta, girarla o darle la vuelta, apoyarla sobre un costado y el edificio deviene escultura. Y así sucesivamente. Ya en la Serie Cosmogónica Vasca la escultura Argizaiola tiene una forma arquitectónica y existen dibujos donde se incide en su carácter de edificio potencial (La argizaiola horizontal, como casa, 1973-1999).








Igualmente existen arquitecturas donde las obras más radicales y abstractas de Basterretxea aparecen a modo de fachadas como en la siguiente imagen (Proyecto para medianera, 2000, abajo) donde el artista recicla una obra en hierro pintado a medio camino entre la pintura y la escultura de comienzos de 1960. Se da en Basterretxea una tensión entre la bidimensionalidad de su escultura y que, como a él le gusta repetir, surge del dibujo, y por lo tanto es plano, con esta organicidad de las volumetrías arquitectónicas y escultóricas. En esa tensión dialéctica gira gran parte de su complejidad formal.  







Esta imagen es reveladora del modo en el que escultura y arquitectura están realizadas bajo el mismo modo de producción, o son inseparables. Es decir, el aparente misticismo de la creación artística se integra definitivamente en el método proyectivo del diseño y la arquitectura. Tenemos, por lo tanto, esculturas diseñadas y arquitecturas a modo de esculturas (una ambivalencia que complejiza la dialéctica de racionalizar lo irracional, en la Serie Cosmogónica por ejemplo, o que directamente las combina, es decir, mezcla de lo irracional y lo racional en el mismo plano). Mi acercamiento a Basterretxea está por lo tanto, alejada del transcendentalismo y esencialismo característico que se le atribuye, y aún partiendo desde un punto de vista inmanente, aboga por el análisis de sus elementos contradictorios y pulsiones antagónicas desde la dialéctica. Como decía, esta escultura que reproduzco aquí bien podría ser una arquitectura dentro de su sistema lingüístico.

FORMALISMO Y PRODUCTIVISMO
En una visión formalista del arte éste sigue la funcionalidad del diseño y la arquitectura.
Por ejemplo en el productivismo soviético, la interdisciplinaridad de todas las artes y el arte al servicio de lo social entrelanzan la producción en una correlación entre todas las artes: arte, arquitectura, diseño, cine y demás. Es aquí donde hay que situar a Basterretxea y su curiosidad por todos los medios y por la aplicación de una mirada singular a todas esas disciplinas artísticas.
El edificio de Muebles Inchausti en el barrio de Añorga en San Sebastián representa otro caso singular. Se trata de una volumetría-ciega, es decir, una fachada desconectada de cualquier función estructural. La forma del edificio viene determinada por la fachada en forma de pliegue y abanico plisado. Se trata de una forma maciza realizada en cemento pero con una apariencia de ligereza. ¿Se trata de una caja-volumen-escultura o un edificio-arquitectura? Sin duda, ambas. (Nótese que este edicifio y la escultura-mástil adyacente no han sido reproducidas nunca en ningún catálogo de Basterretxea, síntoma de que no se han considerado como “obra”).
Otro aspecto relevante tiene que ver con la propia forma. Las estructuras con forma de pliegue (folding) supusieron una de las innovaciones formales de los años 50 y 60, especialmente en el levantamiento de las "megaestructuras" (Reyner Banham) y el auge del brutalismo y post-brutalismo y que, por otra parte, fueron de gran importancia para el arquitecto y colaborador de Oteiza, Francisco Saénz de Oiza entre otros arquitectos españoles. 




Basterretxea, como gran camaleónico, siempre atento a las innovaciones técnicas, se inspira bien en esta forma de la arquitectura internacional post-Buckminster Fuller, típica de los 50, 60 y 70. Sin embargo, la modernidad radical de este edificio se mezcla con la fuerza vernácula del arte popular vasco: por ejemplo en los cortes que la estructura tiene en la parte superior e inferior y que, unidas a la secuencia plisada, nos recuerda el modo artesanal de la talla de las “kutxas” (cajas), con sus motivos geométricos insertados en la madera. (Ver Arte Popular Vasco, L.P. Peña Santiago, Txertoa). Ésta es por lo tanto una escultura-arquitectura como una “kutxa” hipermoderna.
Otro ejemplo de escultura “funcional” reproduce el altar de una iglesia en la localidad de Lasarte (Alava). Una escultura-volumetria-y mueble al mismo tiempo. Queda claro que las formas que hacen de Basterretxea único e inimitable, en su capacidad de haber creado un lenguaje e idioma propio aplicado a la totalidad de su creación, están aquí bien representadas; una capacidad para el lenguaje de la abstracción que bien podría hacernos pensar en un extraño idioma aplicado a la vida cotidiana en todas sus dimensiones, como si una cultura del mundo exterior se hubiera asentado en nuestro planeta y hubiera impuesto sus propios rasgos estilísticos.

La siguiente imagen es también crucial. Se trata de un eje constructor, es decir, un patrón que sirve como guía o matriz para la construcción. La bidimensionalidad de la forma genera volumen. Por ejemplo, colocadas varias de esas guías en paralelo y trazando unas líneas paralelas entre sus puntos obtenemos una volumetría, una arquitectura. Hay varios ejemplos de edificios proyectados por Basterretxea sobre la base de este eje constructor. El artista opera como si fuera un ingeniero, pero sobre todo artista. La dimensión del diseño está presente en esta forma una vez más. La planicie le confiere un carácter de escultura. 
No son demasiado conocidas los humilladeros de Basterretxea, basados en la tradición religiosa de construir pequeñas capillas donde los caminantes se detenían para la oración antes de seguir su camino. Los humilladeros del artista son igualmente ejemplos magníficos de la adecuación de escultura, arquitectura y obra en el espacio público. Al igual que la mayoría de sus arquitecturas, estos humilladeros no están realizados pero no son utópicos, pues pueden ser fácilmente construidos. 


Comparemos las dos siguientes imágenes, por un lado la conocida escultura Monumento-homenaje a los pescadores y navegantes, muertos en la mar, en Pasajes, quizás una de sus esculturas más emblemáticas y representativas, que refleja el dinamismo del movimiento como si de una bandera se tratase.
Por otro lado, la otra bandera con su correspondiente mástil situada al lado del edificio de Muebles Inchausti que acabamos de ver. La idea y la forma son practicamente similares, la principal diferencia radica en que la primera posee un relieve trabajado, como si fuera una escritura inscrita en el propio cuerpo, mientras que la segunda (abajo) más modesta, utiliza la superficie para fines publicitarios o anunciar la marca de la empresa.
¿Podríamos entrar en terrenos farragogos argumentado por qué la primera es escultura y la segunda no?
Al contrario, en lugar de establecer esas diferencias semánticas (y un tanto reaccionarias) movámonos hacia un mismo plano de análisis donde la totalidad de la obra de Basterretxea se sitúe en niveles de igualdad; donde las obras más emblemáticas y poderosas se colocan al lado de un simple bosquejo “menor” para un futuro proyecto, donde obras de arte y objetos funcionales comparten la misma dimensión; son lo mismo, y lo que es todavía mejor, significan exactamente lo mismo. Rechacemos por lo tanto la categoría de “obras maestras” y dirijamos nuestra atención a los aspectos materialistas de su inmenso quehacer. 

Para acabar una imagen conocida: Eiztaria de la Serie Cosmogónica Vasca, la más malevichiana de sus esculturas. Es sabido que existen diferentes copias de la misma escultura además de la original en madera. Lo mismo ocurre con el resto de la serie, que ha sido reproducida en bronce y existen versiones en diferentes materiales y tamaños realizadas a lo largo de 30 años.
¿Cambia en algo la dialéctica de la copia y el original aplicada a estas esculturas?
Es sabido que lo que define al diseño, ontológicamente, es su condición de reproductibilidad, es decir, su condición de ser reproducido en serie, industrialmente: esto es el diseño. Me gusta ver la serie cosmogónica fuera de la lógica de su unicidad, con su aura de misterio y oscuridad, sino más bien bajo los potentes focos de un gran sistema de iluminación, es decir, bajo la luz de las herramientas del diseño, pero además, me gusta verlas literalmente como si fueran diseños o arquetipos. Basterretxea alude a la condición lingüística de dar forma/imagen a una tradición oral en la mitología vasca. Pero además, el propio Basterretxea ha creado un alfabeto, como si se tratase de la invención de una tipografía específica y muy singular. Las esculturas tienen este componente de ser tipografía, y por lo tanto diseño. Su reproductibilidad en tanto formas e imágenes es uno de los mayores legados que Basterretxea nos deja para la posteridad.























Postdata: DISEÑO Y ESCULTURA
Hemos aplaudido el papel del artista como autoridad moral sin casi reparar en el diseñador. Dentro de la vanguardia vasca, Oteiza no diseñó mobiliario ni apenas objetos cotidianos, demasiado absorbido por la teoría (o por el diseño de “muebles espirituales”) como para hacerlo. Ese rol recayó en Néstor Basterretxea, auténtico empresario y diseñador industrial: mesas, despachos, sillas, canapés, lámparas, chimeneas, muebles-bar y hasta un ajedrez. Sin embargo, y aunque el modo de hacer de su escultura participa de una más que clara lógica de diseño, éste no ha alcanzado el reconocimiento de su pintura o su escultura. En el precedente de vanguardia por excelencia, sucedió algo similar, como en el caso de Malevich y Rodchenko. Es propio de una sociedad que aspira a que el arte juegue un papel determinante en la emancipación que requiera tanto de los Malevich y los Oteiza como de los Rodchenko y los Basterretxea.