4/30/2018

"Are you watching closely?"

The Prestige, Christopher Nolan, 2006


Dunkirk, Christopher Nolan, 2017

4/28/2018

Collages de Lindsay Anderson en "If..." (1968)


If… de Lindsay Anderson es un filme cuyo visionado cincuenta años después de su realización deja un poso de amargura. En la víspera del 1 de mayo, a las puertas de una nueva celebración revisionista de Mayo del 68 francés, ver If… es todo un recordatorio de que, como advirtieron Deleuze y Foucault, las sociedades disciplinares han dejado paso a las sociedades del control. La autoridad y el poder se transforman, no desaparece. Esta historia sobre la vida disciplinar en un internado de altos vuelos británica es un recuento de los viejos días del orgullo nacional del Imperio colonial británico y el espíritu de rebeldía que late en el interior de la juventud. La película se la conoce por tener a un joven Malcolm McDowell en el papel de protagonista y líder de la revuelta en el internado: se dice que Stanley Kubrick la vio cinco veces seguidas y decidió que él era el actor ideal para interpretar a Alex, en La naranja mecánica (1971). Lo cierto es que el personaje de Mick Travis comparte mucho con Alex y la interpretación insolente es casi la misma.

Quisiera en este post señalar un elemento estético de la película: me refiero a la habitación de Mick Travis y su costumbre a recortar fotografías de periódico para realizar collages en la habitación de estudios. Estos collages capturan el espíritu del tiempo y la efervescencia revolucionaria que explotaría ese mismo año en Francia. No ha de pasarse por alto, y no es casualidad, que en 1968 también se rodaron filmes como One plus One (Sympathy for the Devil) de Jean-Luc Godard, y también Performance de Donald Cammell y Nicolas Roeg. Películas todas estas que capturan el sentir contracultural y de rebeldía que caracterizó un momento histórico que desde entonces no ha dejado de proyectar sombras sobre cualquier intento de cambio. Los collages de Lindsay Anderson muestra la foto de un joven Lenin junto con imágenes de violencia policial, imágenes de conflictos en el tercer mundo junto con fotos de la realeza británica y también recortes eróticos. En otros momentos del filme aparecen retratos del Che, Mao o Jerónimo. Una pulsión libidinal, puramente adolescente, recorre esos collages: allí donde el deseo ha proyectarse fuera de la ley mientras que el principio del placer y el goce se mantienen como elementos estructurales para el sujeto. Esos collages que forman parte del decorado o setting de la película conforman una tipología de obra de arte que comienza en las vanguardias artísticas, pasa por el Situacionismo y que desde los sesenta del pasado siglo se ha convertido en toda una tipología para el arte político, repetido ad infinitum. Todas las revoluciones, incluso las versiones de sus intentos contemporáneos, son en primer lugar revoluciones del deseo individual en reunión con lo colectivo.










-->

4/16/2018

La política, los afectos y los media







Recientemente se ha acrecentado el discurso sobre el papel que tiene en las pasiones humanas el origen y la causa del malestar para muchas personas. Cualquier demanda de afecto –entendida como protección, cobijo y cuidado– vendría a suturar las microfisuras de una “vida dañada”. Cada vez más, la oscilación del ánimo se revela más volátil, arbitraria e irracional. Independientemente de cuáles sean los males que nos afectan (enfermedad, pobreza, desamor), una insatisfacción endémica e individual recorre nuestro sistema nervioso como un virus. Hacer que nos sintamos preocupados por algo es al parecer el signo de nuestra época. La consecuencia inmediata de llevar esta preocupación general en el alma es un sentimiento de vulnerabilidad colectiva, y una tristeza individual difícil de compartir. El antídoto compensatorio no sería la alegría, sino la necesidad de apelar al cuidado (taking care of, to care for) y al afecto. No hace falta recordar la relación entre esa demanda y la oferta farmacológica para superar la aflicción y la melancolía en cualquiera de sus grados. La exposición excesiva a las redes sociales, la saturación tecnológica y las inagotables noticias sobre política son también un factor en esta inestabilidad del humor. La gente siente asco, y así lo expresa, de manera literal, en sus perfiles. No se cuestionan suficientemente las redes sociales como anestesia del afecto, donde los likes serían microafectos positivos, minidosis de la dopamina necesaria, mientras que la ausencia de likes es la nada, la sima en la que se hunde la autoestima. Pero he dicho “noticias” en vez de “política”, pues la dependencia que se manifiesta con respecto a la sobreinformación acerca del estado del mundo viene filtrada, mediada, por el aparato medialógico global. ¿Acaso el orden comunicacional no es en gran parte responsable de esta variabilidad en el ánimo? 

Este reclamación del afecto acusa a la racionalización política y su estrabismo androcéntrico de ser el origen de la impotencia para cambiar el orden de las cosas. Para este pensamiento, priorizar los afectos es en sí un asunto revolucionario. Pero nada más lejos de la realidad, pues si algo demuestra la (des)política actual, la post-política en cualquiera de sus formas, es precisamente su capacidad para afectar, de ser en última instancia, y me atrevería a decir, únicamente, afección/afecto. Solo eso, y ya es mucho. El sentido y la dirección de esta afección es lo que a continuación debemos considerar. El binarismo La oposición binaria que coloca las ideas (la razón) en un lado y los afectos (las pasiones) justo en el lado contrario resulta a todas luces improductivo. La revolución en la política será afectiva o no será, se dice. La feminización de la política ha de ser afectiva, debe estar basada en el afecto, se concluye. Estas analogías resultan engañosas porque sitúan la racionalidad en un lado -el masculino-, y el afecto en el otro -el femenino. Esta teoría del afecto contiene un componente moral porque entiende que la simple llamada al afecto (en abstracto) es de por sí positiva. Pero entonces, ¿es acaso el afecto un humanismo? ¿O es que únicamente existen los afectos positivos? ¿Qué hacemos con los afectos negativos, entre ellos el asco? Es en este contexto donde el pensamiento de Baruch Spinoza adquiere una actualidad ineludible, pues este filósofo estableció mejor que nadie una teoría racional de las pasiones humanas y el deseo. Las interpretaciones de la filosofía de Spinoza alimentan la filosofía política, el activismo, el arte, el feminismo y otros ámbitos del análisis actual de la sociedad. Sin embargo apenas hay estudios que vinculen una teoría de los medios de comunicación en el capitalismo tardío o multinacional con los afectos según Spinoza. 

Puede establecerse que es precisamente en el dominio de la política donde las pasiones y los afectos brillan con más intensidad: lo bueno, lo malo y lo peor. Cabría incluso afirmar que el capitalismo emocional actual ha exacerbado las pasiones políticas de un modo como no se veía desde el surgimiento del concepto mismo de las masas (allá por las primeras décadas del “largo siglo xx”). Trasladado a la creación artística, este discurso afectivo contemporáneo no reconoce, porque en realidad es inconsciente, es el impulso latente del individualismo y el espíritu neoliberal que opera subrepticiamente tanto en los intersticios de la subjetividad como también en la esfera del consumo, en la industria cultural, la universidad, etc. La proclama parece ser: necesitamos el afecto para restituir el cuerpo de una “vida dañada”, en la expresión de Adorno. 

Seguir leyendo en Campo de relámpagos





4/09/2018

Boards of Canada. "Music Has the Right to Children" (1998)

Boards of Canada, Music has the right to children, WARP, 1998


Simon Reynolds ha escrito un texto en Pitchfork sobre este álbum del duo Boards of Canada como lo mejor la mejor música electropsicodélica de los noventa. Music Has the Right to Children es uno de esos trabajos destacados en una memoria sónica que no deja de centellear a cada escucha dos décadas después. La mezcla de beats electrónicos y sonido analógico se refunde con el paisaje sonoro del recuerdo y la memoria.

Una breve mención a Boards of Canada y su fascinante álbum continúa aquí la senda de los últimos posts: Autechre, Scanner, Radiohead (Reynolds dice que Thom Yorke mencionó en una entrevista que Music has the right... fue importante en la época de Kid A y Amnesiac).

En formato vinilo, CD, en una cassette grabada para escuchar en el coche, o en su actual configuración digital u online, Music has the right...  es biografía hecha música.