Encapotado en una retórica de inclusión y participación,
el semio-capitalismo nos mantiene en un estado de permanente ansiedad.
Encontrar las razones de este malestar conlleva una profunda búsqueda en el
interior de uno mismo. Recientemente un tuit ha llamado mi atención. Decía así:
“neoliberal is the new hipster: everybody is except you and nobody can
satisfactorily explains what it jeans”. La comparación no está mal traída, pues
ambas categorías (“neoliberal” y “hipster”) apuntan a una indefinición
abstracta y por ello se prestan a su uso indiscriminado, masivo y por ello,
banal. Resulta fácil sentenciar un debate aludiendo a lo neoliberal o concluir
que el hipsterismo
es un mal de la sociedad de consumo.
Un par de artículos en la red apuntan a esta relación entre lo neoliberal y lo hipster, así como al recurrente vaciamiento de significado de la palabra “neoliberal”. Además de lo que él término describe en cuanto al sentido de la concurrencia, el individualismo y el mercado, conviene fijarse en lo que el espíritu neoliberal produce en los cuerpos. Conquista del cuerpo y después del alma, el espíritu ya no solo opera en el orden del simulacro (como bien dijera Baudrillard, en él ya no se corre por placer o deleite, se refería a hacer footing, sino que uno o una se hacen correr), sino en todas y cada una de las dimensiones de la corporalidad, incluyendo el sueño (o su falta). Cuerpos neoliberales, estilos hipsters.
Una cita de una lectura reciente apuntala todo esto: "Antes se podía acusar a alguien (como a Marcus le gustaba hacer con los artistas negros) de ser un vendido con pretensiones burguesas; pero hoy todos, sin excepción, somos unos "vendidos", porque (en la era del "capital humano" y la empresa de sí mismo) "venderse" es el mínimo requerimiento para la mera supervivencia. Hoy, esta es una condición estructural para la existencia social antes que una cuestión de integridad personal o una elección". Steven Shaviro en Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma, Mark Fisher (ed.), La Caja Negra, Buenos Aires, 2014, p. 59.
Pd: el Marcus de la cita se refiere a Greil Marcus.
Un par de artículos en la red apuntan a esta relación entre lo neoliberal y lo hipster, así como al recurrente vaciamiento de significado de la palabra “neoliberal”. Además de lo que él término describe en cuanto al sentido de la concurrencia, el individualismo y el mercado, conviene fijarse en lo que el espíritu neoliberal produce en los cuerpos. Conquista del cuerpo y después del alma, el espíritu ya no solo opera en el orden del simulacro (como bien dijera Baudrillard, en él ya no se corre por placer o deleite, se refería a hacer footing, sino que uno o una se hacen correr), sino en todas y cada una de las dimensiones de la corporalidad, incluyendo el sueño (o su falta). Cuerpos neoliberales, estilos hipsters.
Una cita de una lectura reciente apuntala todo esto: "Antes se podía acusar a alguien (como a Marcus le gustaba hacer con los artistas negros) de ser un vendido con pretensiones burguesas; pero hoy todos, sin excepción, somos unos "vendidos", porque (en la era del "capital humano" y la empresa de sí mismo) "venderse" es el mínimo requerimiento para la mera supervivencia. Hoy, esta es una condición estructural para la existencia social antes que una cuestión de integridad personal o una elección". Steven Shaviro en Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma, Mark Fisher (ed.), La Caja Negra, Buenos Aires, 2014, p. 59.
Pd: el Marcus de la cita se refiere a Greil Marcus.
