Karl
Kraus en Viena. Primeras décadas del siglo XX. Kraus enfrascado en su diario Die
Fackel, decenas de cuartillas,
centenas de apariciones de su personal e intransferible revista. El libelo en
tanto que género, algo muy distinto de la difamación. Adorno dijo una vez que Kraus atacaba menos por lo que las personas son y más por lo que hacen o dejan de hacer. El momento en el que el crítico se despertaba por
la mañana, desayunaba frugalmente y a continuación acometía su tarea crítica, día
tras día, ya no nos pertenece. Hace tiempo que desapareció, posiblemente porque
ese tiempo ya no es el nuestro, o éste carece de plenitud. El cansancio juega
su propio papel. Los críticos cansados no pueden ya escribir o, lo que es lo
mismo, no se puede escribir cuando la fatiga se hace crónica. Lo mismo pasa con
mantener vivo un blog. Y mientras pienso en este, me viene a la cabeza qué
quería Adorno decir con su “capital rapiñador”. Escribió: “La crítica de la
cultura sigue el esquema de los críticos reaccionarios de la sociedad, que usan
el capital creativo contra el capital rapiñador”. Cuando la crítica se somete
al dictado de la cultura, juega entonces una función reaccionaria. La crítica
debe entonces, hacer una cosa muy difícil, que es creer y no creer en la
cultura. Crítica dialéctica. Resulta problemático que las artes no solo no
compitan entre ellas, ni siquiera se devoren entre ellas, sino que todas ellas
se conforme con una posición otorgada dentro de la cultura. Aunque el arte y la
cultura no son lo mismo, y desde siempre mantienen un conflicto abierto, el
conformismo de los tiempos recientes solo puede verse como la prueba de que la
cultura hace tiempo que gano la batalla. Y con ello la industria cultural se
asentó como algo normal.
Cuando
los términos “conservador”, “reaccionario” y “progresista” se les somete a un
interesado ventrilocuismo ideológico, pierden por completo su sentido.
Capitalizar experiencias ajenas. Ésta parece ser el modus operandi del new curating al exprimirse a sí mismo ante la demanda de la
industria cultural, que siempre exige más y más. El capital rapiñador moviliza
a los agentes y los pone en circulación, haciendo la cola a la espera del turno
apropiado.
